K.O.L. Líder de Opinión: un relato ágil y despiadado para explorar la cara oculta de la medicina contemporánea. Encárgala en cualquier librería o consíguela en eBook.

sábado, 14 de febrero de 2015

El Tic-Tac del SAS


En estas últimas semanas hemos visto popularizarse una expresión antigua. La habrán oído en la radio o en la tele; la habrá leído en los periódicos o en los blogs. Se está haciendo un poco cansina, de lo manida. Sí, usted lo acaba de adivinar: se trata del tic-tac. Y no se ponga medallas, que mérito no tiene ninguno. Se anticipaba por el título del post.

El tic-tac sirve para esto y para lo contrario. Lo han usado – hasta la saciedad – los de Podemos para poner en evidencia la cuenta atrás que queda para las generales y su asalto a los cielos. Ya podemos, digo ya veremos en que queda todo: si en bomba de relojería o en traca de feria. Pero hoy no voy a eso. La política se me antoja sutil e inextricable.

Como médico de la Sanidad Pública en Andalucía, voy más a lo inmediato. A necesidades más perentorias. Como las amas de casa, que somos ya todas, en un sentido u otro. Para mí el tic-tac es la cuenta atrás para mis residentes de cuarto año, que se van a la puta calle o al contrato basura un mes después de las andaluzas, tras diez u once años de formación. Y eso no es una traca de feria, es un zambombazo en la línea de flotación de las ilusiones de una persona – y de su familia -. Un “hombre o mujer al agua” y un “sálvese quien pueda”. Que te agarres al flotador del contrato-basura del SAS, y agradecido. O mejor, agradecida, dado el perfil de género de la desempleada.

El otro día me llegó el tuit de una compañera que venía a decir que cuando interiorizó que tras el período formativo venía una larga temporada de precariedad y trabajo basura, se quedó la mar de tranquila. O sea, que lo consiguieron. Es la esencia del PSOE en Andalucía. Que esto es lo que hay y que esto no hay quien lo mueva. Resignación cristiana, macho. O mujer – 70% de la profesión médica es femenina, por no hablar de la enfermería, auxiliares, administrativas y el largo etcétera -. Y me estoy apartando del tema. Borrón y cuenta nueva. Yo hablaba del tic-tac.

También para mí el tic-tac es la cuenta atrás de mis compañeras en ese contrato que se tiene que renovar… O no. Que no se sabe. Que no sabemos si hay dinero. Que los directivos suspiran mirando a un techo donde parece que se esconden los ultradirectivos. Y los ultradirectivos escudriñan un poder galáctico donde deben ocultarse cosas inconfesables – a la luz de lo que se filtra por alcantarillas, juzgados y mentideros -. Cosas que, puestas negro sobre blanco, se niegan de modo airado y se envían al juzgado, in aeternum, donde no suena el tic-tac, sino el tiiiiiiic……. – taaaaaac de la desesperación ciudadana. Y mientras, la vida sigue igual, como cantaba Julio Iglesias. Esto es lo que hay, chica. Lo tomas o lo dejas, que detrás de ti hay siete. Y si no respondes a la llamada de la basura, te penalizamos. Tú misma: basura o nada.

Pero hay otros tic-tac. Y ése sí lo experimento yo en carnes propias. Es el tic-tac – ése lleno de contenido – de las jornadas prolongadas en mal momento por los santos ovarios del monterismo socio-sanitario. De esa decisión tomada porque sí y sin acuerdo, porque yo lo valgo y yo lo mando y porque esto es lo que hay. Y porque cuando viene una sentencia “inapelable” del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía la apelo porque me sale de los ovarios, porque yo lo valgo y yo lo mando y porque esto es lo que hay. Aunque ya no sea monterismo, sino susanismo, que viene a ser lo mismo (¿Lo repito? ¡Pues ahí va subrayado!): que yo lo valgo y yo lo mando y esto es lo que hay. Y el tic-tac suena a las 17:23 minutos, currando desde las 8:32, poniendo la mejor cara. Esperando que el tic-tac termine y te puedas ir a casa exhausto a esperar el tic-tac para el despertador de mañana. A que ese tic-tac lleve por fin a otro tic-tac: el que por la lógica de los tiempos sindicales y políticos lleve el acuerdo de las 37 horas y media al consejo de gobierno y salga de ahí una reglamentación menos canalla. Algo más parecido a lo que se hace en otras consejería o en el resto de España.

Y con esto llego al último tic-tac. El más intangible y en el que podemos hacer menos – o más, según se mire -. Es la cuenta atrás que nos lleva al 22M, donde nos ha metido nuestra ínclita lideresa indiscutible, la reina madre de Andalucía, Susana Mater et Regina, la nueva Eva Perón del cuadrante Sur. Victoria inevitable, según parece. Sin embargo, la victoria es matizable. Puede ser gran goleada, goleada, victoria a secas o victoria pírrica. Pero siempre victoria, eso sí. Pero debemos subrayar que NO da lo mismo. Una gran goleada nos entrega a los trabajadores SAS a más de lo mismo, a lo que quieran, al derecho de pernada, a la sonrisa displicente, a la palmadita en la espalda, al “esto es lo que hay, nena”, a la hipocresía, al lenguaje de la corrección política y a lo que, en suma, ha sido la vida del trabajador del SAS durante más de treinta años. Salvo para los pesebreros de los que hablaba yo en el último post, claro. 

Pero, en cada segundo del tic-tac de cada tarde ilegal que a cada uno de ustedes les queda de aquí al 22M por el ejercicio singular del monterismo-susanismo, piensen en que es posible que cada uno de nosotros contribuya – según su tendencia personal – a una victoria pírrica. Algo que les quite la sonrisa chulesca de la cara y los siente a negociar. Que se den cuenta de una puta vez que el tejido de la administración – y menos que ninguna, la sanitaria –no les pertenece y que tenemos la ocasión perfecta para concretar la frase con la que acabé el post “Los Eventuales frente a la Eterna”:

“No pises la cola del ratoncito; pueden salirle colmillos a fuerza de pisotones.”

Proverbio chino


@frelimpio

sábado, 7 de febrero de 2015

El Pesebre Sanitario

Señora Presidenta de la Junta de Andalucía;

Tenga usted buenos días. Soy el mismo. El de 37 horas y media. El de Los Eventuales frente a la Eterna. Porque, hablando de eternidad, lo que se nos hace eterno es el dolor de muelas: como las tardes ilegales que hacemos los sanitarios del Servicio Andaluz de Salud por los santos ovarios del poder o los contratos al 100% que sólo llegaron a los estructurales, que para el resto no hubo pasta. Pero de eso ya largué el otro día. Así que hoy voy a otra cosa.

Hoy quiero compartir con usted un curso básico de terminología sanitaria pública andaluza. Lo elemental para desenvolverse. Creo que treinta años en el poder dan para mucho. Para empezar, les ha permitido crear una nueva lengua. O mejor dicho, jerga. Incomprensible para los profanos, pero imprescindible para los arrimados y acomodados.

Sin embargo, para entender a los Servicios Centrales del SAS y a la Consejería de Igualdad, Salud y Servicios Sociales vale mejor el habla llana de la calle. La del barrio. O la de los carnavales de Cádiz. Para iniciarse en los vericuetos de la administración es fundamental una idea de calado filosófico que no consta en manuales, por mal hablada y soez. Se trata de una palabra que, sin embargo, admite una acepción entrañable. Hasta me da miedo escribirla. A ver... Uno, dos y tres: “Pesebre”. ¡Cielos, lo hice! (homenaje a Forges) ¡Uff! Pues ha costado, joder.

 En mi infancia, el pesebre era algo parecido a esto. 



En muchos hogares lo seguimos poniendo en Navidad, y queda bonito, ténganse sentimientos religiosos o no, oiga. Tradiciones o creencias: en el CIS que acaba de salir el 69.3% se declara católico – como usted -, pero el 60.8% casi nunca va a misa – ignoro sus prácticas al respecto -. Tampoco sé si pone portalito en Pascuas. Pero sí sabemos que pesebres tiene unos pocos a lo largo y ancho de Andalucía, y que duran todo el año. Pero los que tiene usted no se parecen al navideño. Más bien me recuerdan a éste de abajo. Y disculpe usted por mi atrevimiento.


Me dice un amigote que conoce bien los entresijos de la cosa pública sanitaria andaluza que sucesivos altos cargos de la administración sanitaria reconocen en la intimidad que en la Avenida de la Constitución (Gerencia del SAS) o en la Avenidad de la Innovación (Consejería) hay tela de gente que no hacen ni el huevo. Gente con la que ustedes mismos no saben qué coño hacer. Gente que está enredando todo el día, dando por culo o mandándose whatsapps. Tomándose cafés eternos o haciendo como el que trabaja un ratito al día. Gente que si fuéramos los normalitos ya estaríamos en la trinchera o con un pie en la puta calle, como los eventuales a los que usted y los suyos acaban de puñetear fingiendo que les hacían un favor para ganarse cuatro cochinos votos. Pero los de los despachos, no. Ésos son los suyos. Son gente que no se sienta en una consulta a ver qué demonios le pasa a la señora, pero que van largos de lealtad inquebrantable. Son tribu de palabrería bien aprendida y carné en la boca o similar. Y bien atentos al que pita y a qué padrino o madrina me tengo que arrimar, no vaya a ser que me quede con el culo al aire. En su momento, les prestaron este servicio o el otro. El que fuera. Pero hace la tira que no dan lo que se dice un palo al agua. O un palo al agua efectivo, porque jugar a ser importantes, sí que juegan.


Como me dice mi amigote – y otros que conozco -: “en el SAS piensan cinco; el resto enredan”. Sodomizan. Enmierdan. Emperifollan los servicios y unidades con un exceso de papel – libros enteros, oiga – y aplicaciones informáticas que han sido el objeto de comentario en este blog. Siendo benévolos, podríamos pensar que algunos hasta se creen lo que escriben en un acceso febril. Pero yo creo que los más justifican lo imposible: el heno que se comen por no volver a ver una cara enferma o por intentar vaciar el mar con un cubito.

¡Pero hay que ver cómo camuflan su inutilidad con la verborrea! Ellos le quitaron al paciente su sacrosanto nombre y lo rebautizaron como “usuario” - ¿Habráse visto ordinariez? -. Y empezaron a intoxicar nuestro día a día con una jerga extraña, como “gestión de la calidad”, “gestión de la demanda”, "gestión por competencias" y mil palabrejas más ante las que palidecen los síndromes descubiertos por sabios alemanes de nombre impronunciable.

Lo más simpático – por verlo con filosofía – es que una vez que el pesebrero se instala como virus residente en memoria en la Consejería, no se lo quita uno ni con agua caliente. Le coge gustito al sillón y a la moqueta y recuerda con ascos el olor a humanidad y al fonendo. Y hace su aparición en la angelofera. Y perdonen el palabro, que se lo explico:

No hay pesebrero aburrío sin twitter. Es una de las vertientes de su expansión y holganza. De su realización, como se decía antes. Hace ya tiempo, uno describía así a los pesebreros del twitter – denominados colectivamente la angelosfera –: 



"La angelosfera sanitaria (también conocida como lirosfera - de tocar la lira - o tribu del paraíso celestial). Seres delicados, sensibles, con elevadísima conciencia social y sentido de caminar hacia un progreso que está ahí, que se huele, que se toca y es preciso traer a las conciencias y voluntades. Paraíso, pues, de la corrección política y veto obligado para reivindicaciones laborales o profesionales. Desprecio velado - o ninguneo - a la trinchera sanitaria por ofuscados, retrógrados, reaccionarios y - sobre todo - negativosDa gusto escuchar tanta elegancia o delectación contenida en 140 caracteres. Un sólo motivo de preocupación: escasean ahí los clínicos de a pie."

De esta maestría en el twitter, vino el arrinconamiento práctico de la disidencia para encerrarlos en lo sindical o en las páginas del ABC. La caverna, según ellos. Porque un trabajador sanitario debe tener una elevada conciencia social y no cuestiona al gobierno más progresista de España. Nunca habla de dinero. Confía en sus directivos. Y si María Jesús Montero le encaja las tardes de sus santos ovarios, de seguro que es culpa del pérfido Rajoy, diga lo que diga el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. No hay nada mejor que el dominio del lenguaje y de los medios: la tele (Canal Sur), la prensa (El País Andalucía) y alguna que otra emisora de radio. Y volvemos al twitter, claro. Pero para eso hay que tener mucha gente afín tocándose los huevos. Y de los huevos al teclado. Disponiendo de un presupuesto que bien vendría para poner al cien por cien a algunos más de los eventuales que se han quedado en el contrato basura. Tras prometer el oro y el moro y crear un shosho de mil pares. Negado puntualmente por Miguel Ángel Vazquez - que dice que sólo han sido cuarenta siete incidencias -. Con dos cojones, tío. No le pierdas la pista al nota, Susana. Si es capaz de negar el follón de los eventuales, mañana te dice que la Giralda está en Dubai, si viene al caso. Y las demás nos callamos como putas. Como putas agradessías. Agradessías de seguir comiendo de tu mano, Susana. 

Y es que el heno calentito está tan rico…

Addendum:

Pesebre (DRAE)
(Del lat. praesēpe).
1. m. Especie de cajón donde comen las bestias.
2. m. Sitio destinado para este fin.
3. m. nacimiento ( representación del de Jesucristo).

@frelimpio











martes, 3 de febrero de 2015

Los Eventuales frente a la Eterna

Señora Presidenta de la Junta de Andalucía;

Soy el que le escribió lo de 37 horas y media. E imagino que me ha leído. Porque me consta que tiene usted excelentes orejas - no se lo tome por lo literal, me refiero a sus servicios de información, oiga -. Así que me doy por presentado.

Vamos por partes. Usted no tiene un pajolero gordo para personal sanitario. Para otras cuestiones usted sabrá, que esas cosas se saben muchos años después, como los trapos sucios que les está sacando la jueza Alaya. Pero ahora parece que no. Ni un gordo. Tiesa como una mojama para contratos. Lo que sí se ha echao encima usted misma son las elecciones. Y ahí se la juega. Luego volveré a por eso, aunque no es precisamente lo mío.

El caso es que como tiene elecciones, es tela de impopular y poco vendible tener a un porcentaje del personal sanitario - y lo más joven, por cierto - al setenta y cinco por ciento de sueldo y tiempo - o menos -. Todo en imaginativas fórmulas que se le han ido ocurriendo al equipo de María José Sánchez Rubio y su predecesora que por ahí tiene haciendo números. Lo que viene a recordarme un poco a los minijobs de Ángela Merkel, pero en Sanidad: un toma esto, hija, dos perras chicas para ir tirando y hacer méritos, que ya veremos más adelante. Y la chica se ilusiona con que algún día, por ahí por los cuarenta, tendrá un puesto al 100% que consolidará luego, pasada la cincuentena. Una ilusión, oiga. Qué buenos que son estos gobernantes. Así da gusto.

Venga, los ponemos al cien por cien y así me gano algunos votos. Pero, ¡Vaya por Dios!... No tengo un gordo - para esto, ya digo -. Reunión del sanedrín en la Consejería. Solución: ponemos al cien por cien... a los estructurales. Fumata blanca y sonrisas complacidas. Ole sus santos güevos.

-¿Y eso de estructurales qué coño es? - pregunta el más joven del sanedrín con cara de gilipollas.
-Las plazas previstas en plantilla, idiota - le espeta uno de sus mayores con jeta de mala leche.

Y entonces se hace el silencio en el gran consejo. Unos se mesan las barbas ensortijadas y otras juguetean con sus collares de fantasía. Otros aprovechan para mandar un whatsapp - es que las reus son una coña, oiga - y otros ligan con los pies bajo la mesa. Pero nadie se atreve a decir la terrible realidad: que hablar de las "plazas previstas en plantilla", en Salud, es como hacerse a la mar con el parte del fin de semana pasado. Que aquí pone que hace bueno, pero nosotros sólo vemos unos nubarrones más negros que la deuda griega. Que desde que se redactaron las plantillas se han jubilado unos, se han muerto otros, se han amortizado tela marinera de plazas, y tenemos esto de aquí que se está cubriendo de esta manera, pero constando de esta otra. Un apaño - y el que se chive a la Alaya lo capo, ¿Ta claro? -.

Y lo malo - o lo bueno, según se mire - es que la máquina renquea, pero funciona. Funciona hasta que llega alguien y mete la gamba. Y mete el patón porque a la señorona de San Telmo se le ha ocurrido convocar elecciones por nuestro bien y el de la Santa Madre Iglesia, porque había inestabilidad - o porque la creó ella para justificarse - y ahora queda putamadre decir que pone a los eventuales al 100%, pero sin tener una gorda, y sin saber cómo funciona la cosa por abajo. Y la cosa funciona como malamente puede, con leyes del tiempo la nana, con un procedimiento administrativo obtuso y - sobre todo - con carros y carretas de buena voluntad. Cuando la hay, que es otro cantar

De aquellos polvos - y ahora sí se lo toma usté en sentido literal -, estos lodos: aparecen unos misteriosos elefantes de la Gerencia del SAS que entran en una cacharrería donde parte es eventual y parte no, pero la parte que sí lo es, Dios sabe en qué concepto está y cómo coño se renueva. Ahora, de repente, se les ocurre tirar de bolsa de empleo - a buenas horas, mangas verdiblancas, que bien acostumbrados nos teníais a que hicierais de mangas capirotes -. Y todavía andamos muchos intentando comprender qué bolsa han cogido para las valoraciones, si la de la bolsa o la vida o la bolsa de Wall Street, que el resultado parece el hundimiento de Lehman Brothers en versión SAS-cutre. Claro que es que andando el SAS de por medio, difícilmente podía salir la cosa demasiado fina.

Que le cuento a usté, Susana, que a resultas de sus decisiones, unos eventuales cesan sin tener que cesar y otros entran sin criterio ni razón, y se genera lo que se está generando: un shosho como un bizcosho sin que nadie dé explicación y sin que usté ponga firme a nadie. La víctima: el ciudadano de a pie, que encuentra la desorganización de lo que a duras penas estaba medio organizado. Y si el cacao afecta a los servicios de Urgencias y estamos atravesando lo que ustedes llaman "pico de demanda estacional", podemos utilizar adecuadamente el manido término "tormenta perfecta". O sea, galerna con paquebote oxidado y capitán bisoño. Y por si fuera poco, nos quedamos sin combustible. Como se dice en Triana: "Ar carajo". Creo que le suena.

Porque mucha gente podría tentarse con la idea de que esta guerra la luchen los eventuales, que bastante tienen ellos con sus miserias de cada día. Y yo les digo que eventuales somos todos, que rescatemos el viejo dicho de que en "esta vida tan ashushá, tamos tós de prestao". Se lo voy a poner desde mi punto de vista: tengo lo que se llama una plaza en propiedad. Pero me quedan quince años para jubilarme. ¿Eso qué quiere decir? Pues que en esto uno es un eventual. Como estos chavales. La gente que me voy a encontrar cuando me jubile y vaya de enfermo y no de médico. Así que mejor que vaya usted, el otro y el de la moto pensando que el problema de esta chavalería es su problema. A ver si alguno se va a pasar con los gin-tónics este finde y se encuentra la puertaurgencias bote en bote. Y el eventual de turno, de los nervios. Y le manda un enema - o le pincha la raspa - en vez de mandarlo a casa, a dormir la mona.

La que no se ve de eventual es usté, Susana. Usté se ve de eterna e insustituible, como Evita Perón, que en paz descanse. Por un sortilegio rarísimo de ésos que se ven en la Historia de higo a breva, ustedes se instalaron en Andalucía e hicieron de la eventualidad permanencia. Por eso comprenden tan mal a mis chicas. Para ustedes todo es continuidad e inmutabilidad. Tranquila, no seré yo el que les niegue la legitimidad de sus victorias electorales ni el que le diga lo de régimen ni lo de cortijo. Están ustedes donde están por el voto de los andaluces, una vez tras otra. Por eso se les ruega que ya que su victoria parece inevitable, que evite la mentira descarada o la hipocresía. Que evite la corrección política o el doble lenguaje. Que hable con claridad y diga a los chicos que se acaban de presentar al examen de interno residente que esto es lo que hay por los siglos de los siglos, amén. Que son puta carne de cañón, como dije en un recientísimo post, y de los que se espera poco más que el ora et labora. 

Y esta es la socialdemocracia, versión esquina de aquí abajo. El bienestar. Los servicios públicos. Que cuando lleguen los otros será sin dudas el Sálvame sin Luxe, ¿No? Pá echarse a temblar.

Y sin embargo, dice mi amigo Atencia que usted está cagá de miedo, Susana, y no se me mosquee con mi espontaneidad castiza. Que ha convocao de purita jindama al coleta, que tiene usté muchas criaturas que mantener colocás, y no precisamente la que lleva en el vientre - Dios le reserve el más venturoso de los alumbramientos -. Se me ocurre que el cangue es mal consejero y las medidas que estoy viendo me lo están corroborando. Quiere contentar a Dios y al diablo, siendo católica practicante. Mal asunto. Esto podría terminar como el rosario de la aurora o, como dije en su momento, en un tsunami de cojones. Tienen ustedes mal precedente con los socialistas griegos o los italianos, aunque ahorita pueda ganar un partido de la liguilla. No me desprecie con sorna ni preste oído ligero a quien la halague con que esto es un exabrupto canalla de la marginalidad. Paséese por las redes y vea cómo tiene a la sufrida casta sanitaria - gente idealista y entregada -: quemaíta-carbón. Exhausta p'al arrastre.

Dice un proverbio chino: "no pises la cola del ratoncito; puede que le crezcan colmillos a fuerza de pisotones."

El consejo es gratis.

@frelimpio.




sábado, 31 de enero de 2015

MIR: Carne de Cañón

Hagan la cuenta: ¿Qué nota le hace falta a una chavala para entrar en Medicina? Ya he perdido la cuenta - reiteración -, con los nuevos sistemas de puntuación. En mi época era del 0 al 10. Ahora parece que llega al catorce. Y si no tienes trece y pico, te dan con la puerta en las narices.

En esto la vida está como hace treinta años. Recuerdo la angustia personal y familiar cuando llegó el númerus clausus y la gente empezó a quedarse en la calle. Pero la vocación era más fuerte, muchas veces. Perdían un año y hacían otra cosa. Y se volvían a presentar. Con dos cojones. O con dos ovarios. Y luego a aguantar carros y carretas en una facultad en la que, con númerus clausus o sin él, eres poco menos que una mierda. En los tiempos del carro de diapos o en los del powerpoint. Que fue mi experiencia y es la que me siguen contando los chavales. Una puta mierda, oiga, y perdonen que sea tan soez. Que a veces sólo se le oye a uno si eructa. Pues voy a eructar sobre esto, sí. Porque lo merece; es clave. A esta sociedad adormecida le importa un carajo la formación pregrado en Medicina; la ha convertido poco menos que en una academia de MIR. Porque sabe que el titulillo no sirve pá ná. Ya se encarga luego de curtir a la carne de cañón atemorizada en las puertas de urgencias a base de gritos. Ahí es donde aprenden de verdad. Por la cuenta que les trae.

Pero yo no voy a eso hoy. Hoy estoy haciendo cuentas. Contaba antes el trece y pico que le piden a la chavala más estudiosa del instituto por meter la cabeza y los codos en una facultad de mierda a consumir sus ilusiones. Y las ilusiones de su padre y de su madre, que la han criado como a usted y como a mí, con lo del estudia y el trabaja, el porvenir y la honradez, la ilusión de hacer algo decente en esta vida tan achuchá en este país tan esquinao entre Europa y África.

Pues la chavala se acaba de licenciar - o de graduar, como dicen ahora - y se enfrenta a lo del MIR. Les doy un link, para que sigan haciendo cuentas.12199 ilusiones. 12199 familias. 12199 proyectos. Ahí anduve yo un día de diciembre de 1988 (el quince, creo). Y no se me olvida, oiga. Aquí lo llevo marcaíto. A éstos de ahora no los veo como algo lejano, con displicencia, como hacen tantos otros de mis compañeros. Al revés: leo de esto y me parece estar presentándome. Entonces, todo era posible. Era la España de Felipe - ¡Qué vergüenza de ilusiones destrozadas! - y acabábamos de entrar en Europa. Uno se creía que las cosas tenían que cambiar. Que Francia, Inglaterra y Alemania estaban ahí, al alcance de la mano. Y un mojón pá uno. Y así de gordo, oiga.

Pero seguimos con la cuenta de la vieja, que es la que vale. 12199 solicitudes de lo mejón de la Tierra Media para 6102 plazas. Como reza el titular: una para cada dos. Pero no se sonría con sarcasmo, que ya le veo. Que estas plazas no son una oposición a plaza en propiedad, para toda la vida. A ver si nos entendemos: son plazas para un período de aprendiz, que le van a permitir disponer de un título que sí valga para ejercer, tras nueve a diez años de formación. Como lo oye. Esta criatura es lo que se va a encontrar a las cuatro de la mañana un sábado en una Puerta de Urgencias, temblando de miedo. Y se lo digo con conocimiento de causa: todavía tengo el miedo en el cuerpo. Ese miedo te acompaña toda la vida - hace casi dos décadas que no hago guardias -.

Pues siguiendo con las cuentas, tras el trece y pico y superar la oposición del uno a dos, después de un largo peregrinar de diez años de formación, te espera el paro. Nada. Conjunto vacío.

En un país tan acostumbrado al desempleo cualificado como al sol o al aceite de oliva, nos hemos habituado a que un chiquillo de estas características salga de un larguísimo peregrinar y se queme en el primer instante. Pero nos importa un carajo. Hay de sobra. Para dar y regalar. Te reciclas en lo que te salga de los huevos, chaval. Como si te quieres hacer fotógrafa de modas. O quedarte en casa a criar a tus niñas. Lo que te salga. Eres prescindible, nena. Y si te hacen falta las pelas, te metes en la bolsa del paro con buenas tragaderas. Con una sonrisa complaciente. Como si de una profesional del sexo se tratase. Al fin y al cabo, son cosas que se dan sobre todo en países pobres, cálidos y sureños, ¿No? Pues venga. Calladita y al trabajo. Y que no haya quejas. A renovar por meses, si no por días. Y si no, ya te llamamos. Y ay de ti si no respondes.

¿Quién gana? Los ingleses. Supercontentos, ellos. Ellos sí que nos contratan a nuestras chicas. Pregunten en los colegios médicos por la cantidad de certificados que se emiten cada año para currar en tierra extraña, como cantaba la Piquer. El manso. Y allí van muchas, echando de menos el sol, la playa, las familia, las amigotas y la tortilla. Pero encontrándose otras cosas. Como la seriedad y el respeto profesional. Y un sueldo, oigan. Que no es poco.

¿Que exagero? Busque, compare y si encuentra una información que me desmienta la mayor, me la mete en comentarios. Va sin censura previa. Es la marca de la casa. Sólo digo una cosa para terminar el post: han pasado veintisiete años desde que me presenté al MIR de los cojones. Y veo a los chavales presentarse y me siguen dando retortijones de tripas: #yosoyellos.

(¡Qué será de los que sobrevivieron a un campo de concentración!... Definitivamente, la vida no es para los blandengues)

@frelimpio



jueves, 29 de enero de 2015

37 horas y media

Señora Presidenta de la Junta de Andalucía;

Muy señora mía:

El que le escribe en abierto es médico especialista del Hospital Universitario Virgen del Rocío desde hace 26 años y acabo de traspasar la cincuentena. Mis datos biográficos los tiene abajo a la derecha y mi principal osadía arriba a la derecha. Pero no vienen al caso. Usted se dice de la casta de los fontaneros - aunque nadie la ha visto arreglando un grifo; lo dirá usted por los enjuagues que hace en el Parlamento de Andalucía -. Yo sí soy de la casta de los sanitarios; cualquier hijo de vecino puede ir a verme de lunes a viernes. Y cuando digo de los sanitarios, lo hago ex-profeso: lo que voy a pedirle afecta por igual a todas las categorías profesionales que curran en un hospital que bien conoce, por ser el hospital de referencia de su barrio de toda la vida.

Ya sabe quién soy. Ahora EXPONGO:

El señor Presidente del Gobierno de la Nación, de la casta de los Registradores de la Propiedad - que sobre esto podríamos hacer otro chiste que le haría más gracia, sin duda - nos subió a todos los trabajadores públicos la jornada semanal a 37 horas y media, por así decirlo - es más complejo - hace ya un tiempo.

La administración autonómica que usted preside lo aplica a su manera, sin acuerdo con los sindicatos y de un modo variable dependiendo del sector de que se trate - esto también es complejo, pero no quiero aburrir -.

El Servicio Andaluz de Salud decidió unilateralmente en su momento hacer "paquetes de horas" de modo que, cada cierto tiempo, el trabajador tiene que hacer doble jornada o prolongar la jornada laboral.

Que esto que describo no son juicios de valor o interpretaciones. Son hechos. Sírvale a vuestra merced saber que en ésas tiene a madres de familia o sufridas señoras bien metidas en la cincuentena, por si lo del género, la conciliación laboral-familiar o el respeto debido a una persona que lleva toda la vida en el menester logran hacerla reflexionar.

Pero no se trata de que uno le pida una gracia, oiga. Es que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía se pronunció en julio taxativamente al respecto mediante una sentencia "inapelable". Que la aplicación de las 37.5 horas debían establecerse por el Consejo de Gobierno al no haber acuerdo en la negociación colectiva.

Pero ustedes hicieron caso omiso, Señora. Apelaron lo inapelable al Tribunal Supremo. Con dos cojones. O con dos ovarios. Con todo el desparpajo. Ole ahí la grassia de mi Susana y de su equipo. "Soy soy el camino, la verdad y la vida... El que crea en mí, se colocará y disfrutará del carguillo eterno."

Rumores corren por la ciudad de que el Supremo ha dicho lo de "¿A dónde vas, tía?" y que devuelve la cuestión donde la mandó la Justicia andaluza: al Consejo de Gobierno.

Claro que Andalucía ahora no tiene gobierno. Es decir, no tiene para lo que no interesa. Porque Susana, con toa la grassia ha convocado elecciones por el bien de todos nosotros - sssttt, que esto es otro post! -. Que están muy ocupados con los chicos del coleta y pueden enterrar el asunto para que se ocupe el gobierno entrante. O sea, que ya Podemos. Perdón, que ya veremos. Ahora no toca.

Pero mientras seguimos doblando jornadas. Una semana, otra, y otra. Bajo un sistema que ya se ha sentenciado injusto e ilegal por la instancia más elevada de la Comunidad Autónoma.

Por todo lo anterior, SUPLICO;

Por todos mis compañeras y compañeros, técnicos, administrativos, celadores, limpiadoras, mecánicos, pinches, electricistas, informáticos, enfermeras y médicos (disculpen si olvidé una categoría profesional o si alguien hubiera preferido lo de médicos y médicas y esas sutilezas) que trabajamos para los ciudadanos de Andalucía con nuestra mejor ilusión, que no deje para mañana una situación ilegal pero hiriente, Susana, y que dé las ordenes precisas al equipo de María José Sánchez Rubio para que se desfaga el entuerto de una puñetera vez.

Le dejo con una frase de lo más clásica: "¡Viva el Rey; muera el mal gobierno!" Sólo que en el Estado de las Autonomías, la Reine, c'est vous, así que aplíquese el cuento, que lo tiene suculento.

Es gracia que espera obtener de usted. Dios guarde a usted muchos años.

@frelimpio

K.O.L. Líder de Opinión: Primer Capítulo Completo

Se Acabó (c. 2007) 

Rafael la miró directamente a los ojos. Como antes. Carmen no pudo evitar un estremecimiento que le venía de muy dentro. Hacía bastante tiempo que su marido no la miraba así. Sintió que algo debía ir verdaderamente mal. Conocía bien a su marido y le quería. Confiaba en él. Había visto esa mirada otras veces. Pocas. Que Rafael llevaba meses intranquilo ya lo sabía. Que daba a veces contestaciones bruscas – algo nada habitual en él – para venir luego a disculparse, nervioso y confundido. Que no lo veía tan contento como antes. Que evitaba constantemente hablar de su trabajo. Había intentando sin éxito abrir el caparazón varias veces. Unas veces él había desviado el tema. Otras veces, objetaba sus dolores de cabeza, que ahora parecían más frecuentes. La más de las veces decía que tenía sueño o cansancio, mostraba una sonrisa amable y un “déjalo, Carmen”. A veces, sólo el silencio o un toque de impaciencia: “¡Déjame ya en paz, por favor!”. Había vuelto a fumar. Lo pillaba hablando sólo delante del ordenador. Musitaba entre dientes con frecuencia: “Esto tiene que acabar”, o “Tengo que acabar con esto”. “¿Acabar con qué, Rafa?”, había dicho Carmen, entre tierna y preocupada, sorprendiendo lo que imaginaba una intimidad atormentada. Y quedaba como siempre sin respuesta o con escuetas evasivas, de modo más o menos brusco. Carmen lo atribuía a la educación típicamente masculina: digerir él sólo un problema que excedía toda su capacidad de resolver y morirse de ansiedad sin comunicar nada a la persona que más quería en este mundo – y ella lo sabía – sólo por apartarla del frío y la humedad del chaparrón de ahí fuera.

Ahora parecía que por fin iba a enterarse de algo. Debía de ser particularmente importante, porque su marido había preparado cuidadosamente el lugar, el momento y las circunstancias. Había llevado a los niños a casa de unos amigos a pasar la tarde, le pidió que apagara el móvil y que fueran al salón, que quería hablar con ella. Ahora estaban sentados frente a frente en la calidez y comodidad del salón de la casa familiar. El alma de su hogar estos últimos años.

“Dime, cariño”, se arranca Carmen. Pero Rafa parece no saber cómo. Carmen lo observa cuidadosamente, a sabiendas de que en estas ocasiones es un parpadeo de más o de menos, una mirada perdida o fija, o quizás nerviosa, una sonrisa tranquila o forzada, o fingida, un cabeceo no habitual, una posición extraña de las manos o el movimiento involuntario de ellas, o todo ello, de un modo a la vez indescriptible e intuitivo, lo que te va a decir mucho, muchísimo más que las palabras concretas que van a salir de la boca de la persona que tienes delante. Que la ocasión es delicada, ya lo sabes. Qué se está jugando, no. Tienes que desplegar toda tu capacidad de observación para no perderte un solo matiz a fin de que consigas toda la ventaja posible en una sola palabra, en un solo gesto. Así, sólo así se ganan las batallas. Y por ende, las guerras. Las más importantes, las de la vida. Carmen sabe todo esto, pero pese a ello siente todo un escalofrío de inquietud. Se sorprende a sí misma frotándose las manos con nerviosismo. Ha pasado una milésima de segundo. Desea que hable, pero sabe que no puede ni quiere agobiarle. Que no puede precipitarse con un par de preguntas nerviosas probablemente fuera de lugar. Un torrente de pensamientos acude vertiginosamente a su mente. Intuye, no sabe por qué, que su matrimonio no está en juego. Que ése no es el problema. Que no hay otra. Que su marido no se va, ni sale del armario, ni nada parecido. Que no es tampoco un problema de salud. Que no le va a decir que tiene leucemia, ni un tumor cerebral, ni nada de eso. Que tampoco le han echado del trabajo. Entonces... ¿Qué?

Ya no es una milésima de segundo. Ahora se oye decir un “Bueno, tú dirás”, no exento de un tonillo de impaciencia. No ha parado de examinarlo, escrutando todo lo que sus palabras no dicen. Y está cada vez más sorprendida. Rafael, su Rafa, ha cambiado. Nada que ver con ese semblante intranquilo, vacío de sí mismo, de los meses pasados. Se acabó ese tormento interior que lo devoraba y que nunca quiso compartir. Los ojos están posados en ella y parpadea tranquilo, sólo para mantenerlos húmedos. ¿Esboza una tenue sonrisa? Las manos sobre la mesita del centro parece que no buscan nada, que ya hallaron. O que se hallaron. Sólo faltan las palabras. Que parecen que ya encuentran su camino.

-Se acabó - dice Rafael al fin. Ganando en cada una de estas dos palabras el punto de la serenidad perdida hace tantos meses.
-¿Se acabó el qué, Rafa? - Contesta Carmen cada vez más extrañada. Cada segundo que pasa se ve a la vez reconfortada por la tranquilidad que le transmite la mirada de su marido y más nerviosa por la profunda perplejidad de no entender nada de lo que está ocurriendo. La tortuosa confusión la desconcierta y la angustia: ni sabía por qué sufría su marido hasta hoy mismo, ni cómo todo ello parece aclararse de repente, como el olor límpido del campo tras la tormenta.
-Se acabó mi relación con ellos – replica Rafael con calma, sin tener ninguna prisa en acabar la frase. Parece que se recrea en decirla.
ura Mientras más tranquilo esta él, menos lo está ella. ¿En qué líos ha estado metido este hombre? No puede evitar ese frotarse las manos involuntariamente que siempre delató su ansiedad.
-Ellos... – Replica Rafael por toda respuesta, como si esa palabra fuera suficiente o como si no pudiera ser más explícito. Respira con profundidad, sintiendo el aire entrar y salir de sus pulmones como hacía tiempo que no lo hacía, y mira con ternura a su querida compañera de vida, que en estos momentos es la viva imagen de la interrogación.
-¿Ellos?... ¿Quiénes son ellos? ¿Te habías metido en alguna secta? – Carmen está cada vez más confundida. Veintidós años con un hombre y sigues sin conocerlo.

Pero Rafael ya no puede hablar más. Se levanta ahora con una alegría infinita que le desborda los ojos, que le hace sonreír como no lo hacía desde el nacimiento de sus hijos, se le aproxima lentamente, la abraza, la besa y tiene aún tiempo para volver a hundirse en su  mirarla y decirle:


– Siéntate, cariño, que te voy a explicar quiénes son ellos.

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sábado, 24 de enero de 2015

Mecanismos de Control, que no Controladores de las Masas

"Quien controlase el Estado Italiano estaba particularmente bien situado para dispensar favores, directa o indirectamente. Los políticos de la Italia de la postguerra, entonces, cualquiera que fuera su pátina de fervor ideológico o religioso, estaban primariamente en batalla para ocupar el Estado, para ganar acceso a sus palancas de privilegio y padrinazgo."

Postguerra. Tony Judt (la traducción es mía)

Mi atención sobre este reconocido historiador británico es reciente. Las multitudes del 15-M esgrimieron su conocido ensayo "Algo va mal" como una bandera contra el liberalismo de inspiración anglosajona y contra las recetas de austeridad provenientes de Alemania, fundamentalmente.

No sé exactamente cuántos se lo leyeron y qué reflexión hicieron acerca de dicho ensayo. No voy a profundizar hoy acerca de ello - y además no soy el más capacitado para ello -. Arranco de ahí para explicar que mi entusiasmo por "Algo va mal" me introdujo en lo que se considera la obra cumbre del autor "Postguerra", en la que ando enredado. Ahí se explica todo. El nacimiento de todo lo que nos afecta: la UE, el FMI, la OTAN y un larguísimo etcétera. No lo he terminado aún. Pero lo recomiendo.

Como otras veces, voy de lo general a lo particular, y enlazando con otras lecturas. Les reconozco que vivo - como muchos otros - con dos obsesiones: la degradación democrática en nuestro país - en buena parte en relación con la venalidad de su clase dirigente - y el desempleo crónico como condena de una buena parte de sus habitantes.

En relación a lo anterior, me resulto reveladora la reciente lectura de "Todo lo que era sólido" de Muñoz Molina, de donde me entresaco una sola frase:

"Lo que sin que nadie lo advirtiera o lo denunciara empezó a suceder hacia mediados de los ochenta es que al mismo tiempo que las instituciones públicas empezaban a disponer de mucho dinero desaparecían los controles efectivos de legalidad de las decisiones políticas."

La historia de todo lo acontecido en nuestro país desde la Transición está demasiado viva como para ser analizada con rigor y objetividad. A los llamados "Padres de la Patria" que pergeñaron la Carta Magna en vigor puede atribuirse inteligencia, pragmatismo, flexibilidad y generosidad. Cualquier otra interpretación debería hacer el difícil equilibrio de retrotraerse a las difíciles circunstancias de aquella época en lo económico y en lo político, a modo de tormenta perfecta. Pero salió relativamente bien, y aquí estamos.

Llegaron luego las épocas de las hegemonías y los caudillismos. A esa época y posteriores atañe la crítica de Muñoz Molina - no se la pierdan -. El encanallamiento progresivo de la vida política española, el poder omnímodo de las cúpulas partidarias, la extinción - casi - de la separación de poderes, la generación de un Parlamento ciego, sordo y mudo donde sus señorías pacen o dormitan mientras ponen la mano de la desvergüenza, y la génesis de la política basada en el cinismo echan sus raíces en la voladura de un sistema de controles y garantías. El fin de la ingenuidad ciudadana. Los padres eran padrastros venales y las madres vendían a sus hijas.

En la época de la hegemonía, alguien temió una deriva que aproximara a nuestro país a "la dictadura perfecta", como Vargas Llosa calificó en el 90 al México del PRI. Y ahí anduvimos un tiempo discutiendo, pero ésa no era nuestra tradición y nuestra cultura. Si hay un país al que nos parecemos, probablemente sea Italia. Por todo. Clima y lenguas similares, historias unidas, carácter, tradición católica y más recientemente, nacionalismo y fascismo, influencia norteamericana y, por fin, democracia tutelada. La posible. Sin sacar los pies del plato, claro está - ¿Quién los saca? -. Volvemos al inicio del post. Mis lecturas recientes apuntalan intuiciones previas. La inspiración hegemónica española no es el PRI, tan lejano, sino "la valanga democristiana", como apodara Montanelli al larguísimo período de postguerra de hegemonía casi absoluta de la Democrazia Cristiana - en alianza con el Vaticano y con la mafia, en el mezzogiorno -.

Termino el post. Porque la perspectiva no es alentadora. Si nuestros males podrían derivar del hecho de ser democracia joven y de seguir - en buena parte - el modelo italiano, mejor apretarnos los machos. Hace más de veinte años el sistema italiano estalla en el Processo Mani Pulite, destruyendo a la vieja clase dirigente. Pero el resultado fue la emergencia de Berlusconi, que tan difícil ha sido de apartar de la vida política italiana - e imposible de juzgar -.

No vamos a arreglar la casa con nuevos partidos o jóvenes liderazgos, con aparentes renovaciones o alternativas rompedoras. Humo. Pan de ilusión para hoy y hambre - decepción - para mañana. Bajo esa cortina, el rancio aparato del Estado persiste igual. Un pesebre. Pasto para los listos. O los cuatro golfos, como machacaban los del PSOE de Andalucía.

Bien nos irá si, alternativamente, ese fenómeno de la modernidad llamado redes sociales logra articular movimientos sencillos dirigidos a consagrar mecanismos de blindaje, control y transparencia que limiten la acción del listo de turno, que le obliguen a dar cuentas del último céntimo y ajustarse al programa prometido o justificar por qué no lo hizo de una forma fehaciente. El ejercicio del poder popular - y quiten toda demagogia a la expresión - se basa en instalar mecanismos de verificación y control, abiertos a la ciudadanía. Que sólo así podremos apuntalar la democracia e introducirla por fin en la madurez. Seguir pariendo figuras, figuritas y figurones, sea con coletas, embarazos o gráficas de crecimiento económico, pero sin otro trasfondo o posibilidad de control real, es remachar a la postre el fantasma de "todos son iguales" e ir permeando la vieja idea de la necesidad de "un hombre fuerte" (desgraciadamente, para esto nunca se reclama "una mujer fuerte") que defienda a "la nación".

Necesitamos mecanismos de control, no controladores de las masas.

@frelimpio