K.O.L. Líder de Opinión: un relato ágil y despiadado para explorar la cara oculta de la medicina contemporánea. Encárgala en cualquier librería o consíguela en eBook.

sábado, 31 de enero de 2015

MIR: Carne de Cañón

Hagan la cuenta: ¿Qué nota le hace falta a una chavala para entrar en Medicina? Ya he perdido la cuenta - reiteración -, con los nuevos sistemas de puntuación. En mi época era del 0 al 10. Ahora parece que llega al catorce. Y si no tienes trece y pico, te dan con la puerta en las narices.

En esto la vida está como hace treinta años. Recuerdo la angustia personal y familiar cuando llegó el númerus clausus y la gente empezó a quedarse en la calle. Pero la vocación era más fuerte, muchas veces. Perdían un año y hacían otra cosa. Y se volvían a presentar. Con dos cojones. O con dos ovarios. Y luego a aguantar carros y carretas en una facultad en la que, con númerus clausus o sin él, eres poco menos que una mierda. En los tiempos del carro de diapos o en los del powerpoint. Que fue mi experiencia y es la que me siguen contando los chavales. Una puta mierda, oiga, y perdonen que sea tan soez. Que a veces sólo se le oye a uno si eructa. Pues voy a eructar sobre esto, sí. Porque lo merece; es clave. A esta sociedad adormecida le importa un carajo la formación pregrado en Medicina; la ha convertido poco menos que en una academia de MIR. Porque sabe que el titulillo no sirve pá ná. Ya se encarga luego de curtir a la carne de cañón atemorizada en las puertas de urgencias a base de gritos. Ahí es donde aprenden de verdad. Por la cuenta que les trae.

Pero yo no voy a eso hoy. Hoy estoy haciendo cuentas. Contaba antes el trece y pico que le piden a la chavala más estudiosa del instituto por meter la cabeza y los codos en una facultad de mierda a consumir sus ilusiones. Y las ilusiones de su padre y de su madre, que la han criado como a usted y como a mí, con lo del estudia y el trabaja, el porvenir y la honradez, la ilusión de hacer algo decente en esta vida tan achuchá en este país tan esquinao entre Europa y África.

Pues la chavala se acaba de licenciar - o de graduar, como dicen ahora - y se enfrenta a lo del MIR. Les doy un link, para que sigan haciendo cuentas.12199 ilusiones. 12199 familias. 12199 proyectos. Ahí anduve yo un día de diciembre de 1988 (el quince, creo). Y no se me olvida, oiga. Aquí lo llevo marcaíto. A éstos de ahora no los veo como algo lejano, con displicencia, como hacen tantos otros de mis compañeros. Al revés: leo de esto y me parece estar presentándome. Entonces, todo era posible. Era la España de Felipe - ¡Qué vergüenza de ilusiones destrozadas! - y acabábamos de entrar en Europa. Uno se creía que las cosas tenían que cambiar. Que Francia, Inglaterra y Alemania estaban ahí, al alcance de la mano. Y un mojón pá uno. Y así de gordo, oiga.

Pero seguimos con la cuenta de la vieja, que es la que vale. 12199 solicitudes de lo mejón de la Tierra Media para 6102 plazas. Como reza el titular: una para cada dos. Pero no se sonría con sarcasmo, que ya le veo. Que estas plazas no son una oposición a plaza en propiedad, para toda la vida. A ver si nos entendemos: son plazas para un período de aprendiz, que le van a permitir disponer de un título que sí valga para ejercer, tras nueve a diez años de formación. Como lo oye. Esta criatura es lo que se va a encontrar a las cuatro de la mañana un sábado en una Puerta de Urgencias, temblando de miedo. Y se lo digo con conocimiento de causa: todavía tengo el miedo en el cuerpo. Ese miedo te acompaña toda la vida - hace casi dos décadas que no hago guardias -.

Pues siguiendo con las cuentas, tras el trece y pico y superar la oposición del uno a dos, después de un largo peregrinar de diez años de formación, te espera el paro. Nada. Conjunto vacío.

En un país tan acostumbrado al desempleo cualificado como al sol o al aceite de oliva, nos hemos habituado a que un chiquillo de estas características salga de un larguísimo peregrinar y se queme en el primer instante. Pero nos importa un carajo. Hay de sobra. Para dar y regalar. Te reciclas en lo que te salga de los huevos, chaval. Como si te quieres hacer fotógrafa de modas. O quedarte en casa a criar a tus niñas. Lo que te salga. Eres prescindible, nena. Y si te hacen falta las pelas, te metes en la bolsa del paro con buenas tragaderas. Con una sonrisa complaciente. Como si de una profesional del sexo se tratase. Al fin y al cabo, son cosas que se dan sobre todo en países pobres, cálidos y sureños, ¿No? Pues venga. Calladita y al trabajo. Y que no haya quejas. A renovar por meses, si no por días. Y si no, ya te llamamos. Y ay de ti si no respondes.

¿Quién gana? Los ingleses. Supercontentos, ellos. Ellos sí que nos contratan a nuestras chicas. Pregunten en los colegios médicos por la cantidad de certificados que se emiten cada año para currar en tierra extraña, como cantaba la Piquer. El manso. Y allí van muchas, echando de menos el sol, la playa, las familia, las amigotas y la tortilla. Pero encontrándose otras cosas. Como la seriedad y el respeto profesional. Y un sueldo, oigan. Que no es poco.

¿Que exagero? Busque, compare y si encuentra una información que me desmienta la mayor, me la mete en comentarios. Va sin censura previa. Es la marca de la casa. Sólo digo una cosa para terminar el post: han pasado veintisiete años desde que me presenté al MIR de los cojones. Y veo a los chavales presentarse y me siguen dando retortijones de tripas: #yosoyellos.

(¡Qué será de los que sobrevivieron a un campo de concentración!... Definitivamente, la vida no es para los blandengues)

@frelimpio



jueves, 29 de enero de 2015

37 horas y media

Señora Presidenta de la Junta de Andalucía;

Muy señora mía:

El que le escribe en abierto es médico especialista del Hospital Universitario Virgen del Rocío desde hace 26 años y acabo de traspasar la cincuentena. Mis datos biográficos los tiene abajo a la derecha y mi principal osadía arriba a la derecha. Pero no vienen al caso. Usted se dice de la casta de los fontaneros - aunque nadie la ha visto arreglando un grifo; lo dirá usted por los enjuagues que hace en el Parlamento de Andalucía -. Yo sí soy de la casta de los sanitarios; cualquier hijo de vecino puede ir a verme de lunes a viernes. Y cuando digo de los sanitarios, lo hago ex-profeso: lo que voy a pedirle afecta por igual a todas las categorías profesionales que curran en un hospital que bien conoce, por ser el hospital de referencia de su barrio de toda la vida.

Ya sabe quién soy. Ahora EXPONGO:

El señor Presidente del Gobierno de la Nación, de la casta de los Registradores de la Propiedad - que sobre esto podríamos hacer otro chiste que le haría más gracia, sin duda - nos subió a todos los trabajadores públicos la jornada semanal a 37 horas y media, por así decirlo - es más complejo - hace ya un tiempo.

La administración autonómica que usted preside lo aplica a su manera, sin acuerdo con los sindicatos y de un modo variable dependiendo del sector de que se trate - esto también es complejo, pero no quiero aburrir -.

El Servicio Andaluz de Salud decidió unilateralmente en su momento hacer "paquetes de horas" de modo que, cada cierto tiempo, el trabajador tiene que hacer doble jornada o prolongar la jornada laboral.

Que esto que describo no son juicios de valor o interpretaciones. Son hechos. Sírvale a vuestra merced saber que en ésas tiene a madres de familia o sufridas señoras bien metidas en la cincuentena, por si lo del género, la conciliación laboral-familiar o el respeto debido a una persona que lleva toda la vida en el menester logran hacerla reflexionar.

Pero no se trata de que uno le pida una gracia, oiga. Es que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía se pronunció en julio taxativamente al respecto mediante una sentencia "inapelable". Que la aplicación de las 37.5 horas debían establecerse por el Consejo de Gobierno al no haber acuerdo en la negociación colectiva.

Pero ustedes hicieron caso omiso, Señora. Apelaron lo inapelable al Tribunal Supremo. Con dos cojones. O con dos ovarios. Con todo el desparpajo. Ole ahí la grassia de mi Susana y de su equipo. "Soy soy el camino, la verdad y la vida... El que crea en mí, se colocará y disfrutará del carguillo eterno."

Rumores corren por la ciudad de que el Supremo ha dicho lo de "¿A dónde vas, tía?" y que devuelve la cuestión donde la mandó la Justicia andaluza: al Consejo de Gobierno.

Claro que Andalucía ahora no tiene gobierno. Es decir, no tiene para lo que no interesa. Porque Susana, con toa la grassia ha convocado elecciones por el bien de todos nosotros - sssttt, que esto es otro post! -. Que están muy ocupados con los chicos del coleta y pueden enterrar el asunto para que se ocupe el gobierno entrante. O sea, que ya Podemos. Perdón, que ya veremos. Ahora no toca.

Pero mientras seguimos doblando jornadas. Una semana, otra, y otra. Bajo un sistema que ya se ha sentenciado injusto e ilegal por la instancia más elevada de la Comunidad Autónoma.

Por todo lo anterior, SUPLICO;

Por todos mis compañeras y compañeros, técnicos, administrativos, celadores, limpiadoras, mecánicos, pinches, electricistas, informáticos, enfermeras y médicos (disculpen si olvidé una categoría profesional o si alguien hubiera preferido lo de médicos y médicas y esas sutilezas) que trabajamos para los ciudadanos de Andalucía con nuestra mejor ilusión, que no deje para mañana una situación ilegal pero hiriente, Susana, y que dé las ordenes precisas al equipo de María José Sánchez Rubio para que se desfaga el entuerto de una puñetera vez.

Le dejo con una frase de lo más clásica: "¡Viva el Rey; muera el mal gobierno!" Sólo que en el Estado de las Autonomías, la Reine, c'est vous, así que aplíquese el cuento, que lo tiene suculento.

Es gracia que espera obtener de usted. Dios guarde a usted muchos años.

@frelimpio

K.O.L. Líder de Opinión: Primer Capítulo Completo

Se Acabó (c. 2007) 

Rafael la miró directamente a los ojos. Como antes. Carmen no pudo evitar un estremecimiento que le venía de muy dentro. Hacía bastante tiempo que su marido no la miraba así. Sintió que algo debía ir verdaderamente mal. Conocía bien a su marido y le quería. Confiaba en él. Había visto esa mirada otras veces. Pocas. Que Rafael llevaba meses intranquilo ya lo sabía. Que daba a veces contestaciones bruscas – algo nada habitual en él – para venir luego a disculparse, nervioso y confundido. Que no lo veía tan contento como antes. Que evitaba constantemente hablar de su trabajo. Había intentando sin éxito abrir el caparazón varias veces. Unas veces él había desviado el tema. Otras veces, objetaba sus dolores de cabeza, que ahora parecían más frecuentes. La más de las veces decía que tenía sueño o cansancio, mostraba una sonrisa amable y un “déjalo, Carmen”. A veces, sólo el silencio o un toque de impaciencia: “¡Déjame ya en paz, por favor!”. Había vuelto a fumar. Lo pillaba hablando sólo delante del ordenador. Musitaba entre dientes con frecuencia: “Esto tiene que acabar”, o “Tengo que acabar con esto”. “¿Acabar con qué, Rafa?”, había dicho Carmen, entre tierna y preocupada, sorprendiendo lo que imaginaba una intimidad atormentada. Y quedaba como siempre sin respuesta o con escuetas evasivas, de modo más o menos brusco. Carmen lo atribuía a la educación típicamente masculina: digerir él sólo un problema que excedía toda su capacidad de resolver y morirse de ansiedad sin comunicar nada a la persona que más quería en este mundo – y ella lo sabía – sólo por apartarla del frío y la humedad del chaparrón de ahí fuera.

Ahora parecía que por fin iba a enterarse de algo. Debía de ser particularmente importante, porque su marido había preparado cuidadosamente el lugar, el momento y las circunstancias. Había llevado a los niños a casa de unos amigos a pasar la tarde, le pidió que apagara el móvil y que fueran al salón, que quería hablar con ella. Ahora estaban sentados frente a frente en la calidez y comodidad del salón de la casa familiar. El alma de su hogar estos últimos años.

“Dime, cariño”, se arranca Carmen. Pero Rafa parece no saber cómo. Carmen lo observa cuidadosamente, a sabiendas de que en estas ocasiones es un parpadeo de más o de menos, una mirada perdida o fija, o quizás nerviosa, una sonrisa tranquila o forzada, o fingida, un cabeceo no habitual, una posición extraña de las manos o el movimiento involuntario de ellas, o todo ello, de un modo a la vez indescriptible e intuitivo, lo que te va a decir mucho, muchísimo más que las palabras concretas que van a salir de la boca de la persona que tienes delante. Que la ocasión es delicada, ya lo sabes. Qué se está jugando, no. Tienes que desplegar toda tu capacidad de observación para no perderte un solo matiz a fin de que consigas toda la ventaja posible en una sola palabra, en un solo gesto. Así, sólo así se ganan las batallas. Y por ende, las guerras. Las más importantes, las de la vida. Carmen sabe todo esto, pero pese a ello siente todo un escalofrío de inquietud. Se sorprende a sí misma frotándose las manos con nerviosismo. Ha pasado una milésima de segundo. Desea que hable, pero sabe que no puede ni quiere agobiarle. Que no puede precipitarse con un par de preguntas nerviosas probablemente fuera de lugar. Un torrente de pensamientos acude vertiginosamente a su mente. Intuye, no sabe por qué, que su matrimonio no está en juego. Que ése no es el problema. Que no hay otra. Que su marido no se va, ni sale del armario, ni nada parecido. Que no es tampoco un problema de salud. Que no le va a decir que tiene leucemia, ni un tumor cerebral, ni nada de eso. Que tampoco le han echado del trabajo. Entonces... ¿Qué?

Ya no es una milésima de segundo. Ahora se oye decir un “Bueno, tú dirás”, no exento de un tonillo de impaciencia. No ha parado de examinarlo, escrutando todo lo que sus palabras no dicen. Y está cada vez más sorprendida. Rafael, su Rafa, ha cambiado. Nada que ver con ese semblante intranquilo, vacío de sí mismo, de los meses pasados. Se acabó ese tormento interior que lo devoraba y que nunca quiso compartir. Los ojos están posados en ella y parpadea tranquilo, sólo para mantenerlos húmedos. ¿Esboza una tenue sonrisa? Las manos sobre la mesita del centro parece que no buscan nada, que ya hallaron. O que se hallaron. Sólo faltan las palabras. Que parecen que ya encuentran su camino.

-Se acabó - dice Rafael al fin. Ganando en cada una de estas dos palabras el punto de la serenidad perdida hace tantos meses.
-¿Se acabó el qué, Rafa? - Contesta Carmen cada vez más extrañada. Cada segundo que pasa se ve a la vez reconfortada por la tranquilidad que le transmite la mirada de su marido y más nerviosa por la profunda perplejidad de no entender nada de lo que está ocurriendo. La tortuosa confusión la desconcierta y la angustia: ni sabía por qué sufría su marido hasta hoy mismo, ni cómo todo ello parece aclararse de repente, como el olor límpido del campo tras la tormenta.
-Se acabó mi relación con ellos – replica Rafael con calma, sin tener ninguna prisa en acabar la frase. Parece que se recrea en decirla.
ura Mientras más tranquilo esta él, menos lo está ella. ¿En qué líos ha estado metido este hombre? No puede evitar ese frotarse las manos involuntariamente que siempre delató su ansiedad.
-Ellos... – Replica Rafael por toda respuesta, como si esa palabra fuera suficiente o como si no pudiera ser más explícito. Respira con profundidad, sintiendo el aire entrar y salir de sus pulmones como hacía tiempo que no lo hacía, y mira con ternura a su querida compañera de vida, que en estos momentos es la viva imagen de la interrogación.
-¿Ellos?... ¿Quiénes son ellos? ¿Te habías metido en alguna secta? – Carmen está cada vez más confundida. Veintidós años con un hombre y sigues sin conocerlo.

Pero Rafael ya no puede hablar más. Se levanta ahora con una alegría infinita que le desborda los ojos, que le hace sonreír como no lo hacía desde el nacimiento de sus hijos, se le aproxima lentamente, la abraza, la besa y tiene aún tiempo para volver a hundirse en su  mirarla y decirle:


– Siéntate, cariño, que te voy a explicar quiénes son ellos.

Texto protegido por copyright

Nota: ver la temática de la obra en la presentación expuesta en la parte superior de la columna de la derecha del blog.

Para conseguir la obra en versión impresa (papel), encargarla en librerías (ISBN: 978-84-939770-8-5) o a través de la web de la editorial picando aquí. 

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sábado, 24 de enero de 2015

Mecanismos de Control, que no Controladores de las Masas

"Quien controlase el Estado Italiano estaba particularmente bien situado para dispensar favores, directa o indirectamente. Los políticos de la Italia de la postguerra, entonces, cualquiera que fuera su pátina de fervor ideológico o religioso, estaban primariamente en batalla para ocupar el Estado, para ganar acceso a sus palancas de privilegio y padrinazgo."

Postguerra. Tony Judt (la traducción es mía)

Mi atención sobre este reconocido historiador británico es reciente. Las multitudes del 15-M esgrimieron su conocido ensayo "Algo va mal" como una bandera contra el liberalismo de inspiración anglosajona y contra las recetas de austeridad provenientes de Alemania, fundamentalmente.

No sé exactamente cuántos se lo leyeron y qué reflexión hicieron acerca de dicho ensayo. No voy a profundizar hoy acerca de ello - y además no soy el más capacitado para ello -. Arranco de ahí para explicar que mi entusiasmo por "Algo va mal" me introdujo en lo que se considera la obra cumbre del autor "Postguerra", en la que ando enredado. Ahí se explica todo. El nacimiento de todo lo que nos afecta: la UE, el FMI, la OTAN y un larguísimo etcétera. No lo he terminado aún. Pero lo recomiendo.

Como otras veces, voy de lo general a lo particular, y enlazando con otras lecturas. Les reconozco que vivo - como muchos otros - con dos obsesiones: la degradación democrática en nuestro país - en buena parte en relación con la venalidad de su clase dirigente - y el desempleo crónico como condena de una buena parte de sus habitantes.

En relación a lo anterior, me resulto reveladora la reciente lectura de "Todo lo que era sólido" de Muñoz Molina, de donde me entresaco una sola frase:

"Lo que sin que nadie lo advirtiera o lo denunciara empezó a suceder hacia mediados de los ochenta es que al mismo tiempo que las instituciones públicas empezaban a disponer de mucho dinero desaparecían los controles efectivos de legalidad de las decisiones políticas."

La historia de todo lo acontecido en nuestro país desde la Transición está demasiado viva como para ser analizada con rigor y objetividad. A los llamados "Padres de la Patria" que pergeñaron la Carta Magna en vigor puede atribuirse inteligencia, pragmatismo, flexibilidad y generosidad. Cualquier otra interpretación debería hacer el difícil equilibrio de retrotraerse a las difíciles circunstancias de aquella época en lo económico y en lo político, a modo de tormenta perfecta. Pero salió relativamente bien, y aquí estamos.

Llegaron luego las épocas de las hegemonías y los caudillismos. A esa época y posteriores atañe la crítica de Muñoz Molina - no se la pierdan -. El encanallamiento progresivo de la vida política española, el poder omnímodo de las cúpulas partidarias, la extinción - casi - de la separación de poderes, la generación de un Parlamento ciego, sordo y mudo donde sus señorías pacen o dormitan mientras ponen la mano de la desvergüenza, y la génesis de la política basada en el cinismo echan sus raíces en la voladura de un sistema de controles y garantías. El fin de la ingenuidad ciudadana. Los padres eran padrastros venales y las madres vendían a sus hijas.

En la época de la hegemonía, alguien temió una deriva que aproximara a nuestro país a "la dictadura perfecta", como Vargas Llosa calificó en el 90 al México del PRI. Y ahí anduvimos un tiempo discutiendo, pero ésa no era nuestra tradición y nuestra cultura. Si hay un país al que nos parecemos, probablemente sea Italia. Por todo. Clima y lenguas similares, historias unidas, carácter, tradición católica y más recientemente, nacionalismo y fascismo, influencia norteamericana y, por fin, democracia tutelada. La posible. Sin sacar los pies del plato, claro está - ¿Quién los saca? -. Volvemos al inicio del post. Mis lecturas recientes apuntalan intuiciones previas. La inspiración hegemónica española no es el PRI, tan lejano, sino "la valanga democristiana", como apodara Montanelli al larguísimo período de postguerra de hegemonía casi absoluta de la Democrazia Cristiana - en alianza con el Vaticano y con la mafia, en el mezzogiorno -.

Termino el post. Porque la perspectiva no es alentadora. Si nuestros males podrían derivar del hecho de ser democracia joven y de seguir - en buena parte - el modelo italiano, mejor apretarnos los machos. Hace más de veinte años el sistema italiano estalla en el Processo Mani Pulite, destruyendo a la vieja clase dirigente. Pero el resultado fue la emergencia de Berlusconi, que tan difícil ha sido de apartar de la vida política italiana - e imposible de juzgar -.

No vamos a arreglar la casa con nuevos partidos o jóvenes liderazgos, con aparentes renovaciones o alternativas rompedoras. Humo. Pan de ilusión para hoy y hambre - decepción - para mañana. Bajo esa cortina, el rancio aparato del Estado persiste igual. Un pesebre. Pasto para los listos. O los cuatro golfos, como machacaban los del PSOE de Andalucía.

Bien nos irá si, alternativamente, ese fenómeno de la modernidad llamado redes sociales logra articular movimientos sencillos dirigidos a consagrar mecanismos de blindaje, control y transparencia que limiten la acción del listo de turno, que le obliguen a dar cuentas del último céntimo y ajustarse al programa prometido o justificar por qué no lo hizo de una forma fehaciente. El ejercicio del poder popular - y quiten toda demagogia a la expresión - se basa en instalar mecanismos de verificación y control, abiertos a la ciudadanía. Que sólo así podremos apuntalar la democracia e introducirla por fin en la madurez. Seguir pariendo figuras, figuritas y figurones, sea con coletas, embarazos o gráficas de crecimiento económico, pero sin otro trasfondo o posibilidad de control real, es remachar a la postre el fantasma de "todos son iguales" e ir permeando la vieja idea de la necesidad de "un hombre fuerte" (desgraciadamente, para esto nunca se reclama "una mujer fuerte") que defienda a "la nación".

Necesitamos mecanismos de control, no controladores de las masas.

@frelimpio





sábado, 17 de enero de 2015

Vídeos del Estado Islámico: Crueldad, Horror y Algunas Dudas

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Yo, como usted, estoy de lo más horrorizado con la deriva que están tomando las cosas con el Islam radical. Y como usted, he intentando comprender: he echado mano de algunos libros y artículos de Historia. La emergencia de Israel, el abandono de Francia e Inglaterra de los países de predominio musulmán, la sustitución por los Estados Unidos y los errores, los inmensos errores de todos. El mundo árabe, entre los intentos de transformación y la tradición acendrada. Dictadura y democracia. Laicismo e islamismo. Con petróleo o sin él.  Con guerra o con terrorismo. En el desierto o en el corazón de París. Y corrupción, mucha corrupción. Llamado a ser el gran tema del siglo XXI. Al menos, de su primera mitad.

Pero estos son lugares comunes, una mera introducción. Yo digo que algo no me encaja. Que no nos encaja a muchos. ¿Ha visto usted los vídeos propagandísticos del Estado Islámico? Sorprenden. Qué perfección, qué maestría. Desde el principio. Serán todo lo extremistas que queramos, pero dominan los audiovisuales. Cámaras. Montajes. Música. Verdaderos profesionales. Como traídos de Hollywood, oiga. ¿De dónde han sacado toda esta parafernalia, en medio del desierto, subidos a un furgoneta pegando tiros? Ni Sadam lo tenía, ni los ayatollahs tampoco. Ni a los saudíes se les ve. Y medios tienen más. Verdaderos estados. Y con mucho más petróleo.

Pero voy a más. Vamos a la técnica del horror. ¿La han visto? Pues véanla. Les pongo un ejemplo reciente, arriba. El vídeo que han subido de dos espías rusos que han cogido. Los interrogan y un niño soldado los ejecuta de varios tiros. ¿Qué sorprende?


En este, como en otros vídeos, las víctimas están de lo más tranquilas. He visto vídeos antiguos, de verdaderas ejecuciones, y la cuestión es bastante diferente. Segundo, para cualquiera que tenga un mínimo conocimiento: un tiro - y máxime si son varios - NO es algo limpio. Hay sangre, mucha sangre. Y aquí no se ve. Ni en otros vídeos previos. Saquen sus propias conclusiones.

Las mías no son conclusiones. Son dudas. Es dudoso que esas ejecuciones sean reales. Y si no lo son, me alegro. Aunque ello no quita un ápice de barbarie a lo que está desarrollando el Estado Islámico, según otros testimonios.

Creo que los que montan estos vídeos tienen la intención de horrorizarnos y atemorizarnos, de ello no me cabe la menor duda. Lo que no sé es qué pretenden con esta dosis calculada de ficción (¿Lo es?) cinematográfica del horror servida en redes para su propagación viral. Creo que el debate está servido.

@frelimpio

miércoles, 14 de enero de 2015

Dolencia grave, pócima cara.


Como muchos otros, asisto estupefacto a la crisis sanitaria y mediática desatada recientemente en torno a los nuevos tratamientos antihepatitis C. Parto de que no es mi campo y no tengo una perspectiva del asunto. Completé la licenciatura e Medicina cuando la hepatitis se clasificaba en A, B y no A no B. Ni siquiera estaba descrito el VIH, enfermedad muy relacionada. Los azares de la vida me llevaron a colaborar con los compañeros que investigaban estas cuestiones en mi hospital en los noventa. Luego anduve ligado a la Comisión de Farmacia y Terapéutica. Mi punto de vista es, pues, más de marco y de trayectoria que la del experto en la materia. A ellos me remito. Por mi parte, me gustaría dar una opinión acerca del contexto en el que se sitúa el problema.

Creo que es posible afirmar que en los últimos decenios los avances en distintos campos – oncología, virología, enfermedades sistémicas y otras – han permitido la incorporación de fármacos particularmente caros. Carísimos. Todo ello se ha venido pagando sin chistar – o chistando poco - con cargo a los impuestos de todos sobre una especie de fundamentos que comentaré brevemente.

1.  Las enfermedades que tratan – o pretenden tratar - son mortales o muy graves. Es el caso de cualquier variedad de cáncer, por ejemplo. Crea un si o un no sobre la vida del paciente y, por tanto, una terrible angustia. Con dicho argumento encima de la mesa, la presión para que la Sanidad Pública haga el desembolso es lógicamente insoslayable. Vaya, pues, mi solidaridad con los pacientes y sus familias. Como médico y como persona. Lo que viene a continuación es menos importante.
2. Es preciso subrayar que la documentación científica aportada para defender el medicamento es variopinta. Como variopinta es la solvencia científica de sus defensores. Me explicaré mejor con un simple ejemplo: he visto defender un quimioterápico de última generación sobre la base de un ábstract en un congreso internacional - antes de cualquier publicación -. También es verdad (y mucho más frecuente) lo contrario: he visto revisiones impecables de la literatura acerca del valor de tal o cual medicamento. En cualquier caso, la perentoriedad con la que se exponía la falta de alternativas o la terrible gravedad de la cuestión venía a veces a matizar algún fallo en el rigor de la documentación. Otras veces, la documentación era rigurosa y bien asentada, pero adolecía de problemas de perspectiva: he visto ensayos aleatorios randomizados en los que la rama del nuevo tratamiento proporcionaba una mejora estadísticamente significativa en cuanto a la supervivencia de tal o cual tipo de cáncer… de un par de meses. Hace poco leí que un reputado oncólogo reconoció este aspecto en una especie de mea culpa; disculpen que la referencia no me venga a la mano. En cualquier caso era sólo su opinión, como este post es la mía, y hoy no voy a centrarme en la oncología, voy a algo más general. Podemos unir a todo ello la sospecha que se viene instalando que el conflicto de interés ronda toda la cadena de la génesis de la evidencia, desde el diseño del ensayo y su publicación, hasta su difusión hasta el último rincón por los líderes de opinión a sueldo de la Industria Farmacéutica. Entiéndase bien que ésta es enfermedad sistémica que afecta a unos fármacos, compañías y ponentes más que a otros. Del mismo modo que en política, la corrupción no puede darse por generalizada sin cometer una injusticia. Pero unas cuotas concretas terminan por comprometer la credibilidad del sistema.
3. La fragmentación de nuestro Sistema Sanitario Público (las conocidas taifas, de signo político variado, y frecuentemente enfrentadas) no ayuda precisamente. La falta de una política unívoca de Estado a propósito de un problema clínico enturbia y confunde a la ciudadanía. Trasladar el debate a la arena política inmediata queriendo presentarse continuamente como el valedor de tal o cual colectivo que precise tal o cual tratamiento lo aleja de la serenidad de la que se beneficia la reflexión enfocada al problema.
4. Como han señalado muchos acertadamente, está al fin el problema de las patentes. No está nada claro que los medicamentos tengan que ser tan caros ni que la Industria Farmacéutica haya desarrollado una inversión tan bestial para desarrollarlos. Según las líneas de pensamiento y análisis expuestas por gente de una lucidez tan contrastada como Marcia Angell, la labor de la Industria Farmacéutica, en muchos casos, es aprovechar y rentabilizar líneas de investigación pública institucional y sacarles punta. El problema es quién les permite el chantaje y por qué. Es más que probable que la acción a este nivel supere el marco nacional y se enmarque mejor en el de las instituciones europeas, a las que pertenecemos.

Conclusión: una sociedad compleja y sustancialmente mejor informada de lo que éramos hace unos años exige ante todo unos mecanismos rigurosos de evaluación y control para asegurarnos a todos:

1) Que vamos a intentar que nuestros enfermos dispongan de los medicamentos que prueben avances sustanciales en sus enfermedades.
2) Que vamos a ver si esos medicamentos son realmente tan eficaces como proclaman.
3) Que negociaremos céntimo a céntimo con sus vendedores para abaratarlos en la medida de lo posible y razonable.
4) Que desarrollaremos los cambios legislativos y normativos para comportarnos como una sociedad avanzada y dejar la batalla política fuera de las comisiones de evaluación y control.
5) Que todo esto se hará con la mayor celeridad, sabiendo que del punto uno al quinto las enfermedades de nuestros pacientes siguen evolucionando y matando.

@frelimpio

jueves, 8 de enero de 2015

Ellos y Nosotros


Ellos se ofenden y se ofuscan. Acumulan resentimiento y, de vez en cuando, tienen violentos estallidos de cólera. Nosotros éramos así y comprendimos a palos que es mala forma de vida. Que es mejor ignorar el insulto y seguir adelante. Preferimos cultivar artes grecolatinas como la sátira y la ironía. Artes degeneradas, según ellos. Saludable higiene, según nosotros. Allá ellos, dijimos nosotros, mientras los teníamos lejos. Pero ahora los tenemos entre nosotros.

Ellos tienen certezas y dogmas. Todo consiste en obedecer la voluntad de un Ser Superior que se dirigió a un Señor hace muchos siglos. Y este Señor misterioso dejó sus palabras en un Libro sagrado para que se repita una vez y otra: "está escrito; así sea". Nosotros tenemos un universo de dudas y cavilaciones. Nuestras verdades son sometidas al escrutinio una vez y otra, y vivimos en el desasosiego. Sabemos sólo que el sol se levanta y se acuesta cada día, y poco más; la ciencia se reescribe todos los días y adoptamos certezas que sirven unos minutos para el consenso práctico: "el semáforo se ha puesto en verde". Pero vivimos y evolucionamos en un mundo que alarga la esperanza de vida, acota las enfermedades y va erradicando lentamente la muerte en la carretera.

Ellos dividen a la humanidad en dos mitades: hombres y mujeres. Y a partir de ahí, todo es diferente. Diferente es lo que se espera de ti y lo que puedes hacer. Si puedes estudiar o no y hasta dónde puedes llegar. Si puedes conducir un automóvil o no. Si tienes que hacerte cargo de las labores doméstica en exclusiva o no. Si tienes que consagrarte a los niños, ancianos o enfermos o no. Si serás condenado a muerte por sexo fuera del matrimonio o no. Nosotros fuimos así en varios aspectos no hace mucho. Pero comprendimos que una sociedad es más próspera y completa aprovechando todas las capacidades de la población, y no sólo las de la mitad.

Hay muchas otras diferencias. Si puedes o no amar a una persona de tu propio sexo y formar con ella una familia. El margen de libertad que tienes para expresarte, reunirte, vestir, hablar del gobierno o ir a donde te dé la real gana. Cada uno podría ampliar el post hasta el infinito.

Hay una diferencia adicional: entre nosotros somos multitud los que pensamos que hemos cometido muchos errores con ellos. De todo tipo. Tanto los que abominan de nuestra historia de imperialismo y colonización, de la relación actual de post-imperialismo y explotación, de invasiones o agresiones, como los que cuestionan los esfuerzos de integración y ayuda realizados por algunas sociedades especialmente generosas. Afortunadamente, nuestra sociedad está basada en la opinión libremente expresada. Y en la discrepancia. Y en el sarcasmo, tanto mayor cuanto más vehementes sean las anteriores. Porque, sépase ya, no se conoce réplica más mortífera que el cachondeo. Ni siquiera el ninguneo.

Sin embargo, de ellos no trasciende - o no me ha llegado hasta ahora - una gama de reflexiones acerca de los errores que hayan podido cometer con nosotros. Sólo la cólera. El grito. La venganza.


Ellos creen su causa pura y bendecida desde lo más alto, y nuestra sociedad degenerada y débil. Muchos de entre nosotros entran en el juego de pretender retroceder unas décadas en nuestra historia y mostrar nuestra cara menos amable. Comparten con ellos la idea de que los Derechos Humanos son nuestra debilidad y que sólo volviendo a la barbarie podremos plantar cara. Sin embargo, otros pensamos que si ellos matan de rabia - cuales quiera que sean sus divinas inspiraciones -, sólo nos queda reafirmarnos en nuestros planteamientos y perseverar en nuestros desarrollos sociales y morales. Hemos decidido vivir en un régimen de libertades y de ahí no se retrocede un ápice. Y con esa fuerza moral y con esos mecanismos nos vamos a defender. Asumiendo el debate no como debilidad y degeneración, sino como el producto más refinado de nuestra civilización.

@frelimpio