K.O.L. Líder de Opinión: un relato ágil y despiadado para explorar la cara oculta de la medicina contemporánea. Encárgala en cualquier librería o consíguela en eBook.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Martínez Aguayo a Primera Línea del Frente

Seré breve, que la noticia es escueta: Carmen Martínez Aguayo está ahora mismo ejerciendo de médico de Atención Primaria de a pie. Sin más.

Y lo sé de buena tinta. La mejor. No les quiero decir más.

Ello podría ser algo baladí o tener su importancia. Yo creo que la tiene – si no, no estaría escribiendo sobre ello -, tanto desde la perspectiva de la política andaluza como de las profesiones sanitarias. O porque, en si mismo, tiene algo de shakespeariano, si ustedes me lo permiten. Y ahí la cosa me puede. Y me explico.

Carmen Martínez Aguayo no es cualquier persona. Alguna entrada le dediqué en su momento. Tiene una dilatada trayectoria en gestión sanitaria y económica. Pero no quiero aburrir. Voy a lo justo. Saltó a la primera página en 1995, al propinarnos a los médicos la derrota más vergonzosa posible en la última huelga digna de tal nombre. Tal fue el varapalo, que se nos quitaron las ganas de movilizarnos otra vez. A raíz de aquello, la llamé alguna vez “la Dama de Hierro del Socialismo Español”.  Luego, las cosas vinieron mal para el PSOE en España y acudió por aquí a refugiarse. Le buscaron un huequito en la Fundación Progreso y Salud, de la Junta de Andalucía, a la espera de mejores tiempos.
Que no tardaron en llegar. Viceconsejera de Hacienda y mano derecha de Griñán, luego ocuparía el puesto de éste al asumir su mentor la Presidencia de la Junta. Deben haber sido tiempos felices.

Todo se agria con el enconamiento político-mediático y judicial de los EREs y otros procesos, que forzará la salida de Griñán y – lógicamente – de ella misma. Como diputada por Sevilla en el Parlamento de Andalucía, conservará su aforamiento hasta ahora mismo, en que puede llamársele en cualquier momento.

Por seguir estrictamente con el relato de los hechos, decir que Carmen, que es especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, no se ha sentado delante de un paciente en veinte años como mínimo. De hecho, los últimos diez años, ni siquiera ha estado en contacto con el mundo de la Medicina.

Hasta aquí, lo que considero hechos – corríjame el que quiera, que así aprendo -. A partir de aquí entraré en interpretaciones, intentaré que desapasionadas.

Pese a todas las excusas del momento, va quedando ya claro que la salida de Pepe Griñán fue forzada por los EREs. Su sucesora y protegida, la actual presidenta en funciones, comprendió perfectamente que su supervivencia política dependía de la limpieza de todos los “presuntos implicados” en el tema, aunque oficialmente se proclamara que nada habían tenido que ver. Griñán y Chaves estaban en una edad próxima a la jubilación. Sólo tenían que no renovar en candidaturas o cargos. Pero, en tanto en cuanto se aclararan las responsabilidades en los respectivos tribunales – y tal vez no lo tenga tan claro Susana -, hay que esconder a los otros. Que no se les vea. Que no hagan declaraciones. Que nadie les pregunte. Desaparecidos en combate. Que mantengan la disciplina y el silencio… “Por mí y por todos mis compañeros, pero por mí primero”, como jugábamos de pequeños.

Pero es sorprendente: parece que ya no hay huequitos o plácidos retiros donde dejar reposar a una guerrera leal. No hay un cómodo lugar donde una buena señora próxima a la jubilación se pueda repantigar haciendo nada – como tantos puestos en la Junta – a la espera del día feliz del recuento de los años trabajados. Nada. Casco, mochila, bayoneta calada y directa a la trinchera. A primera línea. Que me consta, oigan. Que está en primera línea, pegando tiros. Y recibiéndolos con dolor. No sé si haciendo el paripé durante dos meses, o ahí puesta para una buena temporada. Y eso me hace pensar que algo está cambiando en este mundo sociata. Que ya no hay amigos, como los de antes. O sí los hay, pero la valerosa mujer sacó pecho y pidió ir al frente, que no lo sé. Pero sí sé que allí está, aprendiendo a engrasar el mosquete. Sea lo que sea, es un buen aviso a navegantes.


Lo que tampoco sé es dónde recalará la buena de la Susana a sus cincuenta dos – un poner -, cuando el cachorro que ya se amamanta en las juventudes socialistas le pegue la patá con una sonrisa y la mande… ¿A dónde?

@frelimpio

jueves, 14 de mayo de 2015

El "Drama" del "Desgobierno" y el Sueño de una Larga Ausencia

Dice Javier Caraballo que estuvo Bélgica 500 días sin gobierno y que no pasó ná de ná. Es más, que sin ejecutivo ni ná, los indicadores macro ésos que no entiende nadie empezaron a mejorar: el paro, el PIB, el déficit público, el salario mínimo. Luego las cosas se serenaron, hubo gobierno y Bélgica fue de nuevo un país como los demás. La hostia bendita y la bronca como sistema. Lo que ya sabemos. Léanselo, que el artículo da que pensar.

Yo me lo leí hace unos días y, en estas noches de calor e insomnio, dándole vueltas a la peonza, se me ocurrió que a lo mejor no era tan malo. Que no era tan malo estar sin gobierno en Andalucía. Y no me despellejen antes de tiempo. No se me vayan y vamos a reírnos un poco.

Vamos a retomar lo del “I had a dream” de Martin Luther King. Pues yo quise tener un sueño. Pero hacía una jartá de calor y no podía. Así que daba vueltas y vueltas en la cama. Y me imaginé que Susana se encontraba su tercer NO en la investidura – hay que ver qué gente más mala, oiga -.

Y ahí que vinieron luego las municipales. Porque ahí fue la rehostia. Fueron miles de NOes multiplicados – aunque algún pacto se fue haciendo, que todo hay que decirlo -. Pero a Susana se le vino la cuenta encima – la de la criatura que lleva en su vientre y la de la criatura electoral que puso a caminar con las anticipadas, ella sabrá por qué, que ahí no entro -. Y NO tras NO – que qué malos y obtusos los parlamentarios del bloque del NO – el plazo se agotó y nos fuimos a repetir las andaluzas.

Lo absurdo. Lo inaudito. Lo nunca visto. Lo que nadie quería. Pues bueno, pasó. Tras las calores y la playa. Pero yo seguí en mi insomnio y me imaginé lo que pasaba. Podía sacar algún juez alguna cosa como lo de Aznalcóllar – o no -. O progresar alguna causa de los aforados – o no -. O nada; seguir igual. Nos plantamos a votar otra vez y Susana saca 47 escaños. O 52, lo mismo da. Y se pone a pactar de nuevo. Pero los partidos miran ya a las generales. Y Susana se encuentra de nuevo con el NO. Que no hay manera, oiga. Que NO. Y la Susana, carnes mías, sigue entonando la cantinela: “Andalucía no tiene un minuto que perder”. Pero NO. NO hay tu tía.

Sólo que… Sólo que había pasado no un minuto, sino muchos, muchos meses. Y Andalucía seguía como siempre. Con el paro de siempre – con gobierno en funciones o en efectivo -. Con el trabajo en negro de siempre – con gobierno en funciones o en efectivo -. Con el fraude de siempre – con gobierno en funciones o en efectivo -. Sobreviviendo. Como siempre. Trampeando. Como siempre. Votando con escasa fe. Como siempre. A ver lo que salía. A ver lo que deparaba el día. 

Y en mi sueño del insomnio, inspirándome en alguna de las novelas de Saramago, una multitud silenciosa entonó un rumor profundo que les nacía de los sesos. De la fregona o del bisturí, de la llave inglesa, del palustre, del teclado, de las redes de pescador o de la tiza del maestro, en la casa de uno, en el mercado, en la calle o en el tajo, aquí y acullá, sin hablar, se emitía una mirada y se recibía otra. El sol salía por el cabo de Gata, en su inmensa belleza, y se ponía más allá del Guadiana, en Ayamonte, en tierras de Portugal. Nada había cambiado. Los tristes seguían tristes y los alegres, alegres seguían. Pero ya nadie esperaba nada de un gobierno autonómico que no había conseguido meter la cabeza. Y las gentes se sorprendían - divertidas o malhumoradas - de los maximalismos de una lideresa que no conseguía ser presidenta de la Junta.

"Andalucía no tiene un minuto que perder..."

Alguno que otro se sonrió después de desayunar con el telediario del Canal Sur y pensó que esta gente se dan más importancia que la que realmente tienen. Luego, echó a caminar y se encontró a su compadre, dos calles más allá.

-¿Qué vas a votá este domingo, Manué? – Le espetó aquél a éste con cara cashondeo.
-Que va a sé… Lo de siempre… ¿No lo sabes ya? – Responde el interpelado sin darle la menor importancia.
-¿Pues sabes lo que te digo?
-Dime, Pepe… Pero cortito, que eres mu pesao.
-Que ayer estuve en el médico. Y está en su sitio, la criatura. Y antié tuve que  ir al juzgao… Y también están tós en su sitio. Y llevamos más de medio año sin gobierno en Andalucía…
-¿Y qué me quieres decir con eso?
-Que no sé pá qué coño queremos la Junta, Manué… Sinceramente.


@frelimpio

miércoles, 15 de abril de 2015

Tres Minutos y Medio

De mi antiguo jefe de servicio, Ricardo Astorga Jiménez - q.e.p.d. -, recuerdo infinidad de anécdotas. Y tres o cuatro sentencias que saco a relucir cada poco. Por útiles y certeras. Una de ellas me viene como anillo al dedo. Y no por obvia - que lo es -, sino por lo estúpido que fue siempre ignorarla:

"Los hechos son tozudos..."

Corría el año 89 cuando comencé mi aprendizaje con Ricardo y su equipo, y sigo en el mismo lugar. Poco antes, en el 88, antes de concluir la licenciatura en Medicina, había tenido la ocasión de rotar en el Centro de Salud de Bellavista con Pablo Bonal - ¡Qué ilusiones, las de entonces! -. En palabras de Pablo, una nueva orientación del Sistema basada en la Atención Primaria y en lo preventivo habría de cambiarlo todo. Y yo me lo creí. Nos lo creímos todos. Aunque uno optara finalmente por especializada. Viéndolo con la perspectiva de los años, casi da vértigo. Para mí es una referencia obligada en estos días en que, parafraseando a Vargas Llosa, uno se pregunte: "¿Cuándo se nos jodió la Sanidad?"

Sin ser de Primaria, viví lo de la Primaria de cerca. Porque la Primaria fue la opción preferente del PSOE y de las izquierdas. O al menos, ése fue su discurso y su inspiración. Y en esta comunidad gobernada ininterrumpidamente por las izquierdas, algo hay que decir al respecto. Si no cuajaron los sueños después de tanto tiempo y no se avanzó lo suficiente, alguien tendrá que entonar un mea culpa. De lo contrario, muchos otros podrían hablar de traición. Traición a los sueños y las expectativas, que es de lo que estamos hablando.

Viví todo esto a través de la diabetes. Porque, todo hay que decirlo, nunca fui endocrino al uso de la época. Descubrí la medicina basada en la evidencia - con sus limitaciones - y me sedujo la posibilidad de influir en la historia natural de las enfermedades. Probablemente por ese inevitable endiosamiento propio de la medicina cuando se es joven. Luego, tu propia historia natural te muestra limitaciones y flaquezas. Y es en el equilibrio entre la estúpida soberbia de los primeros años y la inacción desidiosa donde se intenta construir una vía decente.

Los grandes estudios de los noventa y al fin, el Steno 2, mostraron el camino: el manejo conjunto del control glucémico y los factores de riesgo cardiovascular. Las limitaciones eran muchas. Pero mayor era la voluntad. Se estudió, se publicó y se consiguieron resultados apreciables: nefropatías avanzadas que se frenaban y enfermedades cardiovasculares que eran estabilizadas. Y mucho más que no puede reseñarse por problemas de espacio y porque no quiero aburrir ni hacer panegíricos. Y porque esto no va de mi historia, que no le importa a nadie. Va del marco general, que es lo que me preocupa.

Se pergeñó luego una cohorte de pacientes de imposible gestión y, en los nuevos tiempos, la solución quedó clara: de vuelta a primaria. Las nuevas Unidades de Gestión Clínica respiraban otro aire y tenían otras prioridades. Se trazaban objetivos desde arriba: un leve hipotiroidismo subclínico tenía que ser evaluado en un plazo mínimo. No había lugar para cohortes de excelencia. El flamante proceso diabetes - uno más entre varias decenas de procesos asistenciales integrados - sería gestionado por mis compañeros de Atención Primaria, cuya formación sería favorecida a tal fin. Y nosotros nos encargaríamos de las descompensaciones.

Pero los hechos son tozudos, como decía mi antiguo jefe.

Mis compañeros de primaria eran y son gente excelente y bien capacitada en la mayor parte de los casos. Personalmente, me ocupo de formar a los residentes de Medicina Familiar y Comunitaria (MFyC) en áreas de mi especialidad, y les conozco. Gente ilusionada entra todos los años. No me cabe la menor duda de que, convenientemente apoyados, están en condiciones para manejar adecuadamente pacientes diabéticos complejos y polimedicados.

Pero no en actos médicos de tres minutos y medio. Ni siquiera de cinco o seis.

En cualquier país de la Europa civilizada, un paciente de estas características se lleva casi treinta minutos. Eso es lo que ofrecen en muchos lugares a mis compañeros de primaria para reclutarlos. Pero en nuestro entorno más cercano se ha hurtado una vez y otra el debate de los tiempos. Lo importante son las consignas político-institucionales, como la "demora cero". Y el resto, tú te apañas. Tú te organizas. Como puedas. Trampea. Sobrevive. "Es lo que hay..."

Le decía hoy a mi nueva residente de MFyC que el Sistema de AP aquí está tercamente concebido en torno a los actos ultracortos. Es barato. O barato a corto plazo, claro está. Permite detectar la leucemia, el cáncer de colon o el Graves-Basedow. O tratar al hipertenso de dolor de nuca. Y así se resuelve mucho, sin lugar a dudas. Pero es muy difícil sacarlo de ahí sin inversiones sustanciales. Es como un seíta, un twingo o un panda. La mar de útil. Pero no le pidas virguerías.

Sólo que con una población progresivamente envejecida, pluripatológica y polimedicada, a ver lo que nos dura. El seíta, digo. Por lo que me toca: viejos, gordos y con un 14% de diabetes - 7% conocida -. Sigamos, pues, con lo de los tres minutos y medio por paciente. Una magnífica política sanitaria. Pero déjense de propaganda político-sanitaria y de rollos baratos de cara a una población cada vez mejor informada.

@frelimpio

miércoles, 8 de abril de 2015

Profesión: Cuando Demasiado es Peor

Hemos aprendido a pensar que nuestros esquemas de trabajo son inmutables, que lo que tenemos es lo que hay y que nada se puede modificar. O que es inútil, tarea del todo imposible. En consecuencia, vivimos sometidos a nuestro particular espacio de confort - ¿O disconfort? -: nos negamos - o renunciamos - a plantear que "otro mundo es posible".  Y me explico: no se me vayan todavía.

Parto en primer lugar del absurdo huso horario español, encasquetado con el de Europa central porque a Franco le dio por sintonizarnos con la Alemania de Hitler, y desde entonces. Intocable. Consecuencia: nos levantamos de madrugada y dormimos pocas horas, menos que nadie en Europa. Los turnos son una catástrofe. Nadie ha tenido el valor de decir a esta caterva que basta ya, que nos corresponde estar en el huso horario de Londres y Lisboa y que se acabe ya lo de una hora menos en Canarias. No hay valor - o ganas -, y no sé por qué. El español es maestro en resignación cristiana y en "esto es lo que hay". Y mientras más al sur, peor. Consecuencia: llegamos dormidos al curro, para no hacer nada productivo - en algunas ocasiones - en la primera hora u hora y media. E ir calentado lentamente motores hasta ponernos en marcha.

Segundo: asistencia. Las ocho horas. O siete y media. O seis, si quieren. A ver a quién demonios se le ha ocurrido que un cristiano - por hablar de alguna manera - puede aguantar una consulta varias horas, un paciente detrás de otro, sin que le mengüe la atención o sin hacer trizas sus nervios. Los británicos lo hacen de otro modo: turno de tres horas de asistencia, interrupción para comer algo ligero, sesión de lo que sea, y segundo turno de tres horas de asistencia, frecuentemente de contenido diferente al primero, para diversificar la asistencia y permitir el desarrollo personal - profesional y de otra índole -.

Tercero: los contenidos. No somos chicle. Ni supermanes. Ni salvapatrias. Ni la viga sobre la que reposa el sistema. Somos gente. Ni más ni menos. Tengo una compañera que se me dirigió una vez, despectivamente, diciendo que lo nuestro: "no es un trabajo de ocho a tres". O sea, que nuestro cometido es de tal importancia que exige una dedicación casi monacal, que tiene forzosamente que invadir horas libres y fines de semana. Lo que haga falta. Pues discrepo, oiga. Porque en el fondo somos gente. Y la gente pasea. Tiene necesidades: comer, beber, amar. Y todo eso.

El chantaje emocional a que se somete todo residente desde que asoma sus narices al sistema es inaceptable. Y contraproducente. Produce histéricos, gente desequilibrada afectivamente, mal adaptada para empatizar. El médico tiene que ser persona antes que médico y para ello tiene que comer, beber y amar. Y respetar sus ritmos vitales. El curro tiene que retroceder y meterse en ciertos horarios y cuotas. En el norte de Europa, en los países que queremos imitar, ésta va siendo la práctica habitual. Basta ya de agobiar a nuestra juventud - y a los que se dejen - con plazos imposibles para tenerlos un sábado encasquetando un powerpoint para la sesión del martes. O apurando un abstract porque el deadline es el lunes. No vale. Es producir una fábrica de tarados que pensará que atender bien son faenas menores, porque no puntúan en ninguna parte.

El futuro va con la conciliación. Porque apetece tener hijos. O ir a ver a tus padres. O quedar para refrescar viejas amistades, que se pierden. O ver cine, sólo o en compañía. Y sigan añadiendo ustedes lo que les dé la gana. Y ahí arriba, en los países que nos llevan cierto tiempo en todo esto, han descubierto que respetando estas esferas, el tipo o la tipa rinde putamadre en las horas que está. No se arrastra malhumorado. Ve contento a sus pacientes y le da tiempo para el abstract y el powerpoint. Que, bien dormidos, siete horas dan para mucho. Es el momento de asaltar los cielos del poder organizativo de unidades y servicios y de expulsar a los seres acomodaticios, a la gente sin imaginación, a los seres inertes, pura masa, que repiten hasta la saciedad esquemas que estaban caducos cuando yo era erreuno.

@frelimpio

jueves, 26 de marzo de 2015

Tras la fiebre, la cura

Hola Susana;

Buenos días... ¿Qué tal, después de la jornada del domingo? ¿Descansó? Me alegro. Los demás descansamos también. Le escribo para comunicarle que el ejercicio de la Democracia, tal y como la concebimos cada vez más gente, no es votar cada cuatro años, sino estar encima de ustedes todos los días. Se acabaron los cheques en blanco y las buenas palabras. Estaremos ahí, todos los días, sin darles tregua. Y nos tienen muy hartos; buena les ha caído.

Empezaré por lo elemental. Lo del domingo. Vaso medio lleno o medio vacío, como quiera verlo. En cierto modo, usted gana. Lo que se esperaba. Andalucía es un régimen clientelar bien agarrado por ustedes con un dinero que viene del norte - una deriva mórbida de la democracia -. Les ha vuelto a funcionar. Lo vemos del otro lado. Les ha funcionado, pero un poquito menos.

Antes de la europeas inicié mi posicionamiento personal con un post indignado y soez: "que los vote su puta madre." Y no me refería sólo a ustedes. En buena parte, eso sucedió en las europeas y eso sucedió el domingo pasado en Andalucía. Respecto a 2012, el PP pierde 503.039 votos y ustedes 114.423. ¿Le suena a fiesta? Léalo como le venga en gana. Yo me preocuparía un poco. El PP ha cosechado un buen batacazo por hacer un ajustazo de narices con cargo al trabajador público y la clase media, entre otras muchas cosas. Aprendan la lección y no la olviden. Vea la gráfica anexa: ustedes no han sacado partido apenas de la peor gestión política del PP en Andalucía. Siguen sangrando el caladero de votos, pese a que salvaron los muebles - descorchen el champán, por el momento -.

Como sanitario, tengo que decirle que hemos vivido una época muy difícil. Época que se remonta a un tiempo anterior a la crisis y los recortes. El partido que usted dirige, en lo sanitario, se ha caracterizado por el autoritarismo y la hipocresía. En un post reciente resumía todos nuestros agravios. Siendo ustedes los de la socialdemocracia - ¿? -, han vapuleado un servicio público esencial, fingiendo que hacían lo contrario. Siendo ustedes los defensores de Atención Primaria, fueron restringiendo progresivamente las inversiones y el prestigio de "la joya de la corona", como cínicamente la llamaba María Jesús Montero. Y si no, que le pregunten a mi amigo Javi Padilla. Se nos controló hasta la última receta mediante una tupida red de cancerberos y comisarios políticos malencarados y maledicientes. Gentes cortitas de educación y desconocedoras de lo elemental en motivación y recursos humanos. Pero a ustedes todo eso se la traía al pairo. Instalados en la demagogia y controlando la red del voto interior, se las prometían muy felices y no les ha salido nada mal. Pero el camino no se acaba aquí.

Añada lo anterior al hecho de que constituimos un colectivo cuyos sueldos cayeron entre un 5-15% durante la crisis por obra y gracia de los ejecutivos del PSOE primero, y del PP después. Y cuyos días "moscosos" - obra y gracia del señor Moscoso porque, en los años ochenta, dijo que no se nos podía pagar de otro modo - fueron reducidos al mínimo. Otro recorte de sueldo, pues. Y cuyo horario fue prolongado por iniciativa del señor Rajoy. Decisión desarrollada sin acuerdo, a su aire y por las narices de la señora Montero. Como suele. Como gusta. Contra sentencia, como ya le reclamé en su momento. Sin que usted haya querido modificarla. Porque hubiera podido. Pero no le gustamos. Ni usted a nosotros. Ni su partido y sus cuadros. Sépalo.

Es sobre este contexto en que el sanitario recibe siempre la contestación de arriba de que "no hay dinero". Porque la gestión clínica es eso. Que no hay dinero. Que los recursos son finitos. Que te adaptes a lo que hay y que te estires como el chicle. O que estires tus coronarias para comulgar con ruedas de molino. Y poner medicamentos del laboratorio de Bangla Desh que no vende en otra parte porque no hay dinero. Y todo lo demás.

Pues imagínese cómo nos sentimos cuando nos enteramos que dinero sí que había. Y mucho. Pero que ustedes lo invirtieron a su manera. Sin controles. Asegurándose las disposiciones parlamentarias para que así sucediera. Para asegurar parroquia y clientela. Nosotros con las manos atadas y un policía sanitario en la espalda, con la palmeta. Y ustedes largando dineros por ahí para que les voten, pase lo que pase. Como ahora, que ya se ha visto lo bien que les funciona. Un buen colchón para tiempos de crisis. Comprenderán que todo lo que nos han predicado de la gestión sanitaria y la buena práctica hace un poquito de aguas. En sus manos, claro, que sobre el papel es la base de la organización social de la medicina.

Por todo ello, cuando ahora nos convoquen del cabo de Gata a Ayamonte a explicarnos los objetivos de las distintas Unidades de Gestión Clínica, la prescripción por principio activo de la subasta de medicamentos del laboratorio de Bangla Desh y lo que se les ocurra para ahorrar el último céntimo, no podrán evitar miradas de escepticismo o sonrisas contenidas de cachondeo. De como los dineros que ahorramos los médicos, cavilando o repensando una derivación o una hospitalización - jugándosela el paciente -, o un medicamento en vez de otro se van por extraños desagües - y no me queda más remedio que hacer la conexión - a cursos de formación que no son tales, a EREs fraudulentos donde se cuelan los amigotes, a millones gastados sin control - algo admitido por la propia Susana Díaz - y, en última instancia, a unos dinerillos - o dineros - gastados para darse unas oscuras alegrías con cargo al contribuyente. Como unas rayitas blancas en buena compañía. Y que conste que no son rumores, son declaraciones realizadas en sede judicial. Todo, al fin, para engrasar una potente máquina de voto interior que lo justifique y perdone todo y tenga siempre a la misma familia política en el poder en Andalucía. In aeternum. Son los mecanismos que nos fijan al paro in aeternum. Pero sarna a gusto, no pica. Y el que no le guste, que se largue. Esto es lo que hay. In aeternum.

Que nos hablen ahora nuestros directores de Unidad de sostenibilidad y de hacer esfuerzos con lo que está cayendo. Y con una ciudadanía que con ello está contenta. Pues se plantea uno la posibilidad de dejar de seguir sufriendo haciendo cábalas. Que empiecen a sufrir otros, oiga, que ya les va tocando.

@frelimpio

lunes, 23 de marzo de 2015

Hoy no acaba nada; hoy empieza todo

Iremos hasta el final.
Defenderemos nuestros puntos de vista en consultorios y plantas,
seremos firmes en reuniones y juntas.
Nos reafirmaremos en nuestra postura,
sabiendo que somos lo único entre el cinismo y la Salud de nuestros pacientes.
Lucharemos por cada palmo de nuestra actividad profesional frente a la palabrería y la mentira, la demagogia y la media verdad.
No vamos a cansarnos nunca ni a rendirnos porque nuestro interés es verdadero, no corporativo. 
La nuestra es una lucha sin cuartel, sin ambages ni medias tintas. 
Es la lucha de la conciencia contra la conveniencia, de lo primordial contra lo superfluo, de lo esencial contra el fárrago. 
Me cansaré, nos cansaremos. 
Pero siempre tendremos al lado una compañera que nos dará aliento para seguir haciendo lo que debemos, para seguir defendiendo lo que pensamos.
Como siempre hicieron tantas madres, tantas hermanas mayores cuando sus hijos o hermanos pequeños intentaron ir a la escuela sucios o mal peinados y fueron enviados de nuevo al baño, antes de salir.
Por ese sentido de la decencia conque todos los días nos sentamos delante de nuestros enfermos y nos indignamos ante la estupidez y el sinsentido.
Hoy no acaba nada, hoy empieza todo. Tropecé, me dolió... ¿Qué te duele? ¡Eso no es nada! ¡Venga a jugar! 
Esto no ha hecho sino comenzar

A todas mis compañeras de Andalucía. Mi fuerza, mi inspiración.

Federico Relimpio Astolfi​
@frelimpio

sábado, 21 de marzo de 2015

Un País para Darle de Comer - Como Dios Manda -

Veníamos el otro día a Carmona a hablar de Salud, obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular. Del infarto y esas cosas. Y salieron reflexiones interesantes que no son de ahora, ni siquiera mías, pero que un día de éstos, con elecciones a pocos días, toman cuerpo.

De modo muy grosero, en este país nos morimos de dos cosas: de cáncer y de enfermedad cardiovascular. La enfermedad cardiovascular, para entendernos, es mal de cañerías. Se atascan o estallan. Le da al cerebro o al corazón y ¡ptaff!... ahí te quedaste, muerto o medio muerto. Vegetal o arrastrándote.

La cosa es que detrás del mal de cañerías está el tabaco, que todo el mundo lo sabe. Y muchas cosas más, que ahí voy. Está la diabetes, la hipertensión y el colesterol. Todo eso. Y detrás de los tres la obesidad, ese mal horrible que se ha apoderado de nuestras calles y plazas y que llena consultorios y tumbas.

Hablar de obesidad, hoy, es hablar de enfermedad y muerte. Hace un siglo era hablar de opulencia; sólo los ricos eran gordos. Los demás se peleaban en el suelo por un mendrugo de pan.

El cuadro de hace un siglo no era halagüeño. El agua de beber estaba contaminada y las aguas fecales no se eliminaban bien. La gente tenía poco que comer, estaba desnutrida. Vestían mal y vivían hacinados. En esas condiciones, eran presa fácil de diarreas y tuberculosis. Y, mal comidos, se iban corriendo al otro barrio. Se vivían pocos años, en malas condiciones.

Se trataron las aguas de beber y fecales. Se acabaron las guerras, con mil esfuerzos, dejando millones de cadáveres atrás. Se roturó la tierra de los campos y por ahí aparecieron los tractores. La gente empezó a comer mejor y a beber agua limpia. La vida se prolongó mucho más de lo que parecía posible.

Pero llegaron más y más máquinas que cuestionaron la necesidad del trabajo humano. Los ascensores nos evitaron las escaleras y los coches, la necesidad de caminar. Los pocos que trabajaban, lo hacían sentados, delante de una pantalla. La vida se prolongaba, década tras década, creando espacios nuevos para la existencia y para la enfermedad.

Los genes cambiaron poco en esta época. Un puñado de genes nuevos, con los inmigrantes. Pero en cincuenta años, el mundo había cambiado su aspecto. No estábamos preparados para durar cien años. El día de mañana era algo incierto, difuso, llovería o no, pero poco más. Nadie nos dijo que alimentos o hábitos de los veintitrés años serían claves para la Salud de los ochenta y tres. Y sin embargo, así era.

Pese a todas la proclamas y programas electorales, pese a todas las promesas, el nuevo mundo se había hecho marcadamente desigual. Pese a nuestra vieja lucha por acumular y salvaguardar riquezas materiales, teníamos la impresión creciente que la felicidad no la proporcionaba tanto el dinero o las posesiones materiales - aunque un mínimo fuera necesario -, sino la disponibilidad de tu tiempo vital, de un adecuado conocimiento de las cosas y de una buena nutrición.

-Disponer de tu tiempo, sin ser un esclavo, para instruirte e instruir a los tuyos. Reflexionar acerca del mundo, discernir el grano de la paja y ejercitar continuamente la mente y el cuerpo como forma de existir en Salud.

-Como consecuencia de lo anterior, conocer adecuadamente qué hábitos te favorecen o te perjudican y tener la disposición y la fortaleza de abrazarlos. Darlos a conocer en tu entorno sabiendo que muchos de ellos dependen de la adopción de políticas comunitarias saludables que exigen quebrar inercias y luchar contra intereses establecidos

-En tercer lugar, seleccionar adecuadamente los alimentos - el pan nuestro de cada día - para construir una existencia orientada a la preservación de la Salud. Fomentarlos y promoverlos a nivel individual, familiar y comunitarios.

Dentro de mi país - España -, mi tierra andaluza es relativamente pobre y tiene elevados índices de diabetes, obesidad, factores de riesgo cardiovascular y muerte de causa cardiovascular. Al orientar la nutrición de mis pacientes, con frecuencia se me dice que la dieta que preconizamos - fruta y verdura fresca, legumbres, pescado, aceite de oliva virgen extra - es una dieta cara, fuera del alcance de los ingresos modestos. La desigualdad es asesina por la vía alimentaria. Se ve en las tasas de obesidad que tienen los sectores menos favorecidos.

Sin embargo, Andalucía es una Comunidad extensa, rica y agrícola. No se entiende que no pueda proporcionar alimentos adecuados a sus casi ocho millones de habitantes. Sus gobernantes permiten que sus ciudadanos menos favorecidos tengan que cebarse con la bazofia precocinada y barata que les sirve la cocina industrial. Y los partidos políticos que se presentan mañana a las elecciones de Andalucía no dicen ni mu de una comunidad pobre, gorda, mal alimentada y enferma.

Se nota que en sus casas sí que se come bien. Que nos pregunten a los que oímos a los que comen lo que pueden. Y lloran desesperados del peso de las carnes y del crujir de las articulaciones. Podemos decir cosas como éstas. Y muchas más.

@frelimpio