K.O.L. Líder de Opinión: un relato ágil y despiadado para explorar la cara oculta de la medicina contemporánea. Encárgala en cualquier librería con título, autor (Federico Relimpio), editorial (Anantes) e ISBN: 978-84-939770-8-5

viernes, 10 de octubre de 2014

Del Ébola, Liderazgos y Cantamañanas...

Desafección. Casta. Deslegitimación de la Democracia representativa. Les suenan estas palabras, ¿Verdad? Las venimos leyendo u oyendo con mucha frecuencia. El problema es que tal vez deberíamos oírlas más todavía. Porque, pese a quien le pese, parte de las denuncias sobre lo que se sustenta el discurso – y el voto – de Podemos y otras opciones son hechos duros como piedras. Otras cosas son las soluciones aportadas.

Saltemos ahora en la Historia, si me lo permiten. No se me vayan, que tiene relación con el tema. Sé que muchos de ustedes cuestionarán a los grandes militares de épocas pretéritas. Y les replicaré que su figura sólo puede ser comprendida dentro del contexto en que vivieron. Pero, fuera ya de ese debate, es posible proponer que lo que hace resaltar a un César o un Alejandro dentro del trasfondo general es que conocían de cerca a sus soldados. Marcharon con ellos. Lucharon con ellos. Padecieron con ellos. Conocían a muchos por su nombre. Padecían frío si ellos lo padecían. Y, por todo ello, los soldados confiaban en ellos. Es época pasada y así se construyó la Historia. Esto da para mucho más - muchos más matices -, pero yo voy a otra cosa.

Otro salto, pero ahora para acá. Les suplico que se queden, que no me voy por las ramas. Al final verán el sentido que tiene todo. Más recientemente, ha sido tema de debate la actitud de Pío XII - ¿”El Papa de Hitler”? – durante la Segunda Guerra Mundial. Viendo “Amén”, de Costa-Gavras, por segunda vez, me planteaba yo qué prestigio hubiera ganado la Iglesia Católica si Su Santidad hubiera desafiado todo obstáculo – mintiendo si hubiese hecho falta – y se hubiese plantado sin previo aviso el lunes 18 de octubre de 1943 en la Estación Tiburtina, vestido de blanco, exigiendo que él iría allá donde fueran los 1030 judíos del Colegio Militar Italiano de Roma. Que uniría la suerte del Sumo Pontífice de la Iglesia Católica al destino de estas personas… ¿Qué habría pasado?

Imagínense la cara blanca del oficial de las SS al mando, incapaz de articular palabra, deteniendo el tren y comunicando con su superior, y éste con otro, y éste con otro más arriba hasta llegar al Führer:

“Mein Führer...  der Papst ist auf den Zug!”

Ejemplo y contraejemplo. Todos discutibles y todos probablemente inadecuados. Y volvamos por fin al presente, de lo que hablamos. Desafección. Casta. Deslegitimación.

Imagínense que, en medio del follón del Ébola, en vez de decir sandeces y meter la pata, la señora ministra de Sanidad, señora Mato, y el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, señor Rodríguez Rodríguez, se hubiesen acercado al Hospital Carlos III – rey asociado para siempre a mejoras sustanciales en la Villa y Corte -. Que hubiesen recibido en persona la breve charla de las normas elementales de cómo tratar a un paciente sospechoso de padecer Ébola. Que se hubiesen probado los trajes de buzo. Que hubiesen dicho: “¡Qué calor, coño!” Y que, con las escafandras puestas, se hubiesen adentrado en los jodidos lazaretos donde ni limpiar quieren las sufridas trabajadoras de las contratas. A decirles que entienden lo más humano que hay: el canguelo o la jindama. El miedo a espicharla. Lo llevamos en los genes y en la memoria colectiva, porque sobrevivimos a la gripe “española” del 18 y antes, mucho antes, procedemos de aquéllos que sobrevivieron a la famosa peste negra de 1348. Y luego, bien protegido, abre uno la puerta y entra en contacto directo con los que cuidan a los enfermos. Y si alguno tiene conciencia de cristiano o ciudadano – lo que mejor se le aplique a cada cual -, a sentarse un ratito al lado del enfermo. Haciéndolo así, según dicen los expertos, el riesgo de contagio es ínfimo.

Denle nobleza a su trabajo y un poco de casta a un menester que, de tanto bañarse en la porquería -sin traje de buzo -, ha terminado por asociarse con el concepto hindú de casta. Pero no a la de los parias, precisamente. En fin, era sólo una sugerencia. Creo que se pierden una oportunidad. Aunque, bien pensado, el brete estaba perdido de antemano. Iba en la condición humana, que parece últimamente reacia a crear liderazgos. Más bien prefiere fabricar cantamañanas. Toros mansos, cojitrancos, sin trapío ni casta. Parece ser la extraña crónica de una corrida ideal para los antitaurinos. La corrida de "La Casta". 


@frelimpio

El país de "Misericordia"

Conforme pasa el tiempo, se van serenando las cosas y ganamos perspectiva sobre la tragedia de Piotr Piskozub. 

Hay mucha gente durmiendo en la calle en Sevilla; yo los veo todos los días al ir caminando al trabajo. Muchos de ellos tienen evidencia de desnutrición severa - soy médico -. También es verdad que muchos acuden a urgencias a pasar una noche de frío y lluvia, o a pedir algo de comer. Me lo dicen las hornadas de residentes desde hace veinte años. Tengan la seguridad de que algunos de ellos murieron al día siguiente o dos días después, acá o allá, en cualquier esquina. O murieron silenciosamente antes de ir a urgencias. El trágico caso de Piotr es la mínima punta de un iceberg que viene flotando desde hace mucho tiempo. Sólo que de éste se han enterado y se rasgan las vestiduras - "¿En qué mundo vivimos?"-. Pues ya lo saben. Sepan, además, que ahora mismo se están dando un número indeterminado de altas de este tipo en toda España. En el fondo, mucho de "Misericordia", de Perez Galdós, está vigente.

Es terrible descubrir que no hace falta viajar al tercer mundo para encontrarte con la cara del hambre y los harapos. Los tenías ahí, a la vuelta de la esquina. Sólo tenías que mirar en la dirección correcta. Y con las gafas adecuadas. Perdóname por darte el día, o la mañana. Éste no es el país que te creías.

@frelimpio

sábado, 4 de octubre de 2014

Profesión sin Remedio

"Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza"

Dante. La Divina Comedia. El Infierno. Canto III. Sentencia 9.

Hay cuestiones que, de lo sempiternas, terminan por ser cansinas. Y una de ellas es, sin lugar a dudas, el tema del salario o el paro de los médicos. No se me vayan, que lo voy a zanjar rápido.

Llevo desde el 89 en el tema, sumado al tiempo escuchando a mi padre, que en paz descanse. Salen varias décadas, ¿Verdad? Son muchos años oyendo gruñidos o lamentos: “mal pagados”. Varias huelgas perdidas, machacados contra la opinión pública, los gobiernos o los medios. Reventados por la heterogeneidad del colectivo, por su falta de unidad y por mil cosas más que puedan achacársele. Sin liderazgos visibles. Destruidos en el tejemaneje de un Sistema de Salud cuarteado en las taifas sanitarias.

Porque, además, está en el acervo - o el inconsciente colectivo cultural - que un médico no debe hablar de dinero. Está feo. Lo de los médicos es vocacional, ya se sabe. Y eso en la Pública, que al menos cobras a fin de mes. Que con las compañías te puede pasar que ni eso. Pero no les aburro más, que es cosa sabida. Vamos a lo práctico.

Que no, que no hay remedio. En este país la medicina funciona - y va a seguir funcionando - porque hay una legión de chavales dispuestos a trabajar donde usted diga por lo que usted les quiera dar. Y si mañana me tuerzo un tobillo, hay tres o cuatro candidatos para mi baja por bastante menos de lo que cuesta mi sueldo. Que, mutatis mutandis, se da un aire a las pelis neorrealistas: el manijero bajaba a la plaza del pueblo, convocaba a los jornaleros y decía, a dedo, hay trabajo para ti y para ti. Y los contestatarios se mordían la vesícula y cogían el autobús de Alemania.

Que no, que no hay remedio (segunda vez). Que, para lo que este país está dispuesto a pagar, tenemos superpoblación médica. A ver si nos queremos enterar. Que a ver si nos olvidamos de los lloriqueos, que poco o nada arreglan. Si quieren hacer algo útil, transmítase a la chavalería en segundo de bachillerato que sorprende la pujanza de la nota en selectividad para coger Medicina. Es una carrera larga, memorística. Te da derecho a las iras del público por retrasarte media hora, por ejemplo. Y al contrato-basura ahí, donde haga falta, y dando las gracias. Consolidando tu situación laboral – en la Pública – allá por los cuarenta o cuarenta y picos. Que si, sabido todo esto, se empecina uno en meterse por esta vía, que luego no se queje. Si uno quiere ser alpinista, que luego no llore si es duro y hace frío. Ya lo sabe antes de subir la pared.

No hay remedio (tercera y última vez). Es la escasez la que proporciona el valor a cualquier cosa. Y por muy virguero que seas haciendo el cateterismo, hay unos pocos más en la puerta, si no te gustan las condiciones. Sepa la chavalería que, por mucho que sepa una de leucemia de células peludas, hasta que sea difícil reemplazar una baja o una jubilación, hasta que los Distritos de Atención Primaria se tengan que pelear por los médicos de familia recién formados, hasta que los directores médicos o de Unidad de Gestión tengan broncazos por llevarse al del cateterismo o la de la leucemia de células peludas, mejor que uno lo sopese delicadamente antes de meter el morro en eso que todavía se llama Facultad de Medicina. A menos que se tenga en la sangre eso de ser como Teresa de Calcuta (dicho sea con el mayor de mis respetos) y se esté dispuesto a vivir unos años de la renta básica - ahora que se habla mucho de ella -.


@frelimpio

domingo, 28 de septiembre de 2014

La Pesadilla del Ébola da Diarreas


Cuanto más admira uno el oficio de columnista, menos se comprende el caso de estos intelectuales, que después de demostrar durante tantos años su gran amor y entrega a la pobre gente asolada por todo tipo de discriminación y miseria, una vez confrontados con un caso de desgracia personal ligada a la solidaridad y la abnegación, prefiere utilizar su privilegiada tribuna para destilar un tonillo de sorna ante el despliegue de medios empleado en su ayuda. 

Sin dudas se consideran árbitros de en qué se debe emplear – y en qué no -  la solidaridad y los impuestos. Ellos, como muchos, piensan en la tragedia que podía suceder, y bien que hablan de ello sin miedo alguno al terror que se está expandiendo y que nadie puede contener. No es preciso que su comodidad nos recuerde lo de las vallas y los cuchillos de nuestras fronteras en Ceuta y Melilla donde se agolpan miles de seres desesperados procedentes de regiones africanas donde el virus del Ébola se reproduce sin control alguno. Ni que nos repitan que periódicamente se realizan asaltos a esas vallas y que cualquiera puede contemplar esos cuerpos ensangrentados recibidos por guardias civiles y asistentes sociales sin la más mínima protección. Y digo que no hace falta porque ya lo sabemos de sobras. Y porque estos articulistas no lo saben mejor que nosotros: no se han movido de sus sillones para redactar sus desahogos. Los que sí han estado mucho más allá son estos compatriotas que ahora enferman de Ébola y a los que cínicamente se les recuerda que podrían quedarse allí a morir. En contraste, estos plumíferos de domingo se han levantado inspirados y nos recuerdan que no hay proporción entre las medidas estrictas de protección que se han tomado para repatriar a unos religiosos infectados – sin recordar por qué se han infectado – y el descontrol que existe con las avalanchas masivas de inmigrantes desesperados. Y, mezclando a voluntad un tema con otro, el afectado intelectual nos dice que si un día aciago el Ébola saltara también la valla y se produjera un contagio masivo a este lado de la frontera, que nadie dude de que esos países felices y egoístas - ¿tan felices y egoístas como estos escribidores, que no arriesgan un pelo? – de la Europa rubia - ¿Dónde están los rubios en España, en Magaluf tal vez? – serían absolutamente rigurosos a la hora de establecer sobre España un cordón sanitario con un rigor extremo. Tal vez nos den lecciones de rigor ético e intelectual ciertos columnistas tranquilamente apoltronados, que le recomiendan al desafortunado que sí hizo de la solidaridad su vida que muera solidariamente. 

¿Qué hacer? Yo creo que la respuesta está clara, señor: hacer mutis por el foro y no decir estupideces. No quedar a la altura del betún periodístico e intelectual. No pedir a gritos que le hagamos un minimental (test para el cribado del Alzheimer y otras demencias) y que luego resucitemos la Ley de Dependencia Intelectual. Dice usted que por caridad llegó la peste. Usted da señas claras de no saber de qué se trata – o de que se trató – la peste, ni lo que fue – o lo que es – la caridad. Y se despide el buen hombre con que este maldito virus ha infectado ya nuestra conciencia. Pues ya que la ha infectado, podía rehacer su columna, tribuna, artículo, parida o pedo mental, y repensar las primeras líneas. Porque, por encima de todo, son un certificado de caducidad. De caducidad ética e intelectual. De constatación de que de algo hay que vivir y de que hoy tocó cagarla. A ver de qué toca mañana. Buenas tardes, señor Vicent. Se las da su lector de muchos años. Y que le conste que esto no es un divorcio; es una simple peleílla de novios.


@frelimpio.

martes, 16 de septiembre de 2014

AP: Quemada en el NHS - Tuve que tirar la toalla


"Mi receta para el Sistema Público es que los médicos necesitan una gestión adecuada y descansos estructurados."

Post de Jessican Buchan, aparecido en The Guardian el 15 de septiembre de 2014

Texto original en Ingles:

Traducido del inglés por Federico Relimpio Astolfi @frelimpio con permiso expreso de la autora.

Tengo 40 años. Soy médico. Soy madre. Me estoy recuperando de un mal típicamente británico - el ataque de nervios silente -. Había ejercido diez años como médico de AP en el NHS cuando tuve la oportunidad de tomarme un año sabático. A mi marido se le ofreció un nuevo empleo y, mientras acomodaba a mi familia en el extranjero, me embarcaría en un proyecto para el que no había tenido tiempo antes. La ruptura con la clínica ha significado abandonar a mis pacientes; todavía me siento culpable. No es porque piense que sea indispensable, sino que ahora puedo ver, al volver la vista atrás, que al igual que muchos de mis sufridos compañeros, una iba de cabeza al burnout.

Se nos dice que tenemos la obligación profesional de pedir ayuda si no podemos aguantar; pero la escalofriante verdad es que no me di cuenta a tiempo. Siento el remordimiento de haber estado luchando contra una presión cada vez más mayor. Ahora veo que ofrecía más y más de mí misma en el trabajo y que perdía toda perspectiva. Por ello, ya no puedo acompañar al hombre que me estrechaba la mano y cuyos ojos me imploraban que expulsara a la muerte del dormitorio mientras la veía mostrándole sus dedos por la almohada. Ya no doy consuelo a la joven mamá para que pueda llorar por la injusticia de su diagnóstico terminal - es tan desesperado seguir dando amor y cuidados a sus niños -. Y no estoy ayudando a reconstruir la vida de la chica de 14 años que se presenta con acné, pero que me descubre su historia de abusos por parte de su padrastro. Diez minutos por paciente, al menos cuarenta veces al día. El papeleo había empezado a notarse como las invitaciones de Harry Potter para ir a Hogwarts: cartas fluyendo por los pasillos, filtrándose bajo el marco de las ventanas. Amenazaban con ahogarnos en peticiones para buscar resultados, ofrecer diagnósticos, realizar derivaciones, o decirnos que no había más que ofrecer.

Solía yacer en la cama en la oscuridad tras una jornada de doce horas, esperando que el descanso fuera tan reparador como el sueño. Sin embargo, los pensamientos batían en mi cabeza. Volvía a escuchar las conversaciones del día: ¿Había dicho yo lo correcto? ¿Podría haber hecho más? ¿Debería haberlo hecho de otro modo? ¿Qué estaba pasando en la pierna de aquel hombre? - la resonancia no mostraba problemas, ¿Qué se me estaba pasando? - Me había acordado de... Vaya, lo había olvidado. Podía saltar del lecho a encender el portátil para comprobar algo que podría esperar, en el hipotético caso de que al día siguiente hubiese algo de tiempo. Me deslizaba de nuevo al lado de mi marido disculpándome por despertarlo, sabiendo sin embargo que no se había dormido. Estaba preocupado por mí, sin saber qué hacer.

"Ya no quiero esto. Nunca más..." Susurré.

Él me abrazó, atravesando mi soledad.

"Esto no puede seguir así ", dijo. "Voy a aceptar el empleo."

Hicimos planes para largarnos.

No busco compasión. Los médicos sabemos mejor que nadie que hay muchos otros bastante peor de lo que nosotros jamás estaremos, pero esto es justamente lo que hace tan difícil protegerte personalmente. Me creí mi propio cuento de tomarme unos meses para otra cosa, y me quedé más sorprendida que nadie al verme hundida una vez que logré parar de trabajar. Un gran número de médicos de AP hablan de sus planes de retirarse precozmente o de emigrar, y yo me horrorizo porque sólo ahora me doy cuenta de la magnitud de las bajas. También sé que soy una de ellas; retirarme del NHS me ha costado dinero, emocionalmente y y en términos de mi carrera.

Se nos echará toda la culpa a los médicos por no hacer más para salvar al NHS. ¿Pero cómo alzar la voz y cambiar un sistema si estamos exhaustos y apagando fuegos? El consejo anti burnout en medicina se enfoca sobre el reconocimiento de síntomas individuales y en la búsqueda de ayuda. Esto es una completa estupidez. En el ejército es el mando el que conoce a la tropa y cuida del cansancio en la batalla. Los soldados tienen permisos regulares del frente con la expectativa de volver. Leí que la Madre Teresa de Calcuta creía que cada pocos años sus monjas debían de tomarse un año de retiro para poder reponerse de sus trabajos. Mi receta para un nuevo NHS serían permisos de carrera estructurados; los médicos podrían recolocarse en la docencia, la política, la investigación o la gestión; allá donde sus habilidades y su experiencia pudiesen enriquecer el Sistema de Salud del Reino Unido. Al volver a la clínica tendrían una nueva perspectiva y una ligazón real con lo que hubiesen ayudado a construir. Los médicos también necesitan un liderazgo y una gestión adecuada; ya es hora de abandonar viejo adagio que reza: "dirigir a los médicos es como pastorear gatos." No somos infalibles; la gestión de grandes grupos no va de ejercer el mando o imponer una reestructuración infinita, sino debería consistir en reconocer habilidades, promover la innovación y saber cuándo y cómo apoyar tu mejor plantilla del frente de batalla..


jueves, 11 de septiembre de 2014

Si después de todo, la Pública no va a estar tan mal...


Empiezo como en otros posts: soy médico en exclusiva del Sistema Público. No tengo intereses particulares en lo que voy a decir. Ni en la actualidad, ni en lo que me queda de vida profesional, por lo que se va viendo.

Cualquiera que me haya leído se habrá dado cuenta de que no soy lo que se dice benévolo con la política de RRHH del Sistema Sanitario Público en Andalucía. Y mis razones tengo. Es por ello que siempre pensé que había vida más allá de la trinchera donde trabajo, o en otros países. Y que el desarrollo de "otras formas de vida" ahí, más allá, era un alivio. Total, si la cabreína sube más de la cuenta, con pegar un buen corte de mangas y cruzar la calle a esas vidas sanitarias alternativas, tiene uno suficiente.

Pero no, mire usted. O al menos no aquí. No en el cuadrante suroccidental de la piel de toro. La crisis y los recortes han ido haciendo una misión casi imposible encasquetarse en el Sistema Público, fuera del contrato-basura - ya casi residuo radiactivo -. Y uno veía con cierta simpatía la emergencia de los mamotretos hospitalarios construidos bajo la égida de las diversas aseguradoras privadas - con pinta de clínica americana -. A ver si...

Pero no, mire usted (y van dos). O al menos no aquí. Se van muriendo o jubilando los compañeros que trabajaron toda la vida fuera del Sistema Público. Pero con ellos se acaba lo de las privadas en los pisos. Y las claves personales. Las claves son ahora de las clínicas. Ahora trabajas para mí, con mis condiciones. Nada de llevarse la clientela a un pisito con tus claves personales.

Pocos fuera de esa nueva trinchera saben del rancho que se come por esos lares. Honorarios netos por paciente de cuatro a diez euros, quitando todo lo que hay que quitar. Pero eso aquí, claro. En la España rica el guiso se cuece diferente. Al final, es difícil que el salario por horas le salga a uno muy diferente de la limpiadora o el pintor de brocha gorda. A menos que empieces a meter el turbo o te ampare una técnica guay del paraguay.

Pero esto no está necesariamente mal. Si lo cobras a fin de mes, claro. Sin embargo, se ha instaurado la curiosa costumbre de pagarte a los seis a ocho meses del trabajo realizado, no sé por qué. Y clínicas hay que se ponen de perfil, que te dicen que no saben, que no hay dinero, que te esperes, que ya llegará, que tengas fe, o que esto es lo que hay. Lo tomas o lo dejas. A ver, el siguiente.

Porque en el fondo es la oferta y la demanda: si te largas siempre habrá un tonto o una tonta que de esto no sabe nada y que picará. Y vuelta a empezar. Seis a ocho meses de hacer el idiota, pagando obligatoriamente el autónomo, seguro de responsabilidad civil, gastos ligados a la actividad y un Real e Ilustre Colegio Oficial de Médicos que pasa olímpicamente del problema.

@frelimpio

martes, 9 de septiembre de 2014

K.O.L. Líder de Opinión y #BigPharma reu Sevilla 23-S


Ahí lo tienen. Ya les venía sonando, de todas formas. No les coge por sorpresa. No es el primero ni el de menos categoría profesional o académica. La Industria Farmacéutica es un cáncer desbocado. Y ustedes se preguntarán: "¿Son tontos los médicos?"

La respuesta no es fácil, mire. Este problema no es nuevo. De hecho, la crítica al inmenso poder de la Industria Farmacéutica (Big Pharma, como se la conoce internacionalmente) y la amenaza que supone para nuestra Salud y nuestros Sistemas de Salud  - no es lo mismo, aunque guarden relación - dura ya varios años. O décadas.

¿Por qué no ha calado el debate en los profesionales de la Salud? Y más aun: ¿Por qué el gran público permanece relativamente ajeno a todo este berenjenal?

Yo creo que el mundo médico-científico tiene un lenguaje muy cerrado, impenetrable, inaccesible. El ritual y el lenguaje de la ciencia médica es esotérico. Y el interés bastardo se aprovechó de ello para crear un muro a toda crítica. Pero cuando se quiso poner en evidencia el desaguisado, se usó la misma jerga. El resultado es que la gran masa permaneció al margen de todo y, en consecuencia, ganó el interés bastardo. Por un simple problema de comunicación.

Reflexionando sobre ello, se me ocurrió un enfoque diferente: emplear el lenguaje de la calle y usar un medio común como la novela. Así nació K.O.L. Líder de Opinión: un relato despiadado sobre la cara oculta de la medicina contemporánea. Pero concebido para que todos se sientan a sus anchas en una historia con principio y final, con sus personajes, con sus alegrías y sus desventuras.

Os pongo un enlace para el que tenga dudas sobre cómo conseguirla:
http://tontosantajusta.blogspot.com.es/2013/06/kol-lider-de-opinion-cada-vez-mas.html

Por último: martes 23 de septiembre, gracias a la cortesía de A.S.C.U.A.S., estaré en el Salón de Actos del Círculo Mercantil e Industrial, en la calle Sierpes nº65, en Sevilla, a las 20:00 horas, para hablar de todo esto. Ni que decir tiene que todo el mundo está invitado. Y que, si da tiempo, hasta que puede que hablemos de mi libro.

@frelimpio