K.O.L. Líder de Opinión: un relato ágil y despiadado para explorar la cara oculta de la medicina contemporánea. Encárgala en cualquier librería o consíguela en eBook.

viernes, 29 de enero de 2016

Los Trapos Sucios NO se Lavan en Casa

Hola Gloria;

Sigues sin hablarme. Y no te creas que te lo reprocho. Habiendo estado una ahí, pared con pared, habiendo convivido en tu espacio íntimo, yo también me enviaría a la hoguera, a la guillotina, a la checa, al gulag, donde consiguieran callarme, que no se me vea ni se me oiga. Damnatio memoriae, que decían los romanos, arrasar la casa, sembrar la tierra de sal.

No sé dónde os enseñan que, intramuros, no hay oposición o disidencia. O miento: sí la puede haber, pero es algo privado, charlas con una misma, sentada en la taza del váter, depilándose, soliloquios de gimnasio. Se puede pensar que eso de la acreditación es una chorrada del consejero, con lo que está cayendo. Pero se guardará una de sacarlo del cerebro. Lo confinará al parloteo con una misma, mientras toma café. Algo gracioso: se presta a que venga cualquiera y te suelte: "sigues como siempre, enredada en tu mundo..."

Peor es que se te vea en un corrillo de dos o tres, mascullando algo con cara descontenta. Y mucho peor si alguien próximo te cazó un tema caliente: que el consejo de gobierno impuso al fin las tardes por ovarios - aquí, y en ningún sitio más -. Y peor aun, si en el corrillo ronda un delegado sindical, o si el delegado en cuestión es de los llamados "sindicatos corporativos".

Pero, íntimamente, te entiendo. Porque cometí el peor pecado. El más nefando, delito de lesa traición, felonía, falta grave, culpa atroz.

¿Que cuál es?... Respóndete tú misma, Gloria. Porque me lo llevas echando en cara toda la vida.

¿No te atreves? No me extraña. El continuado ejercicio de la censura - más o menos encubierta - lleva a hacerlo con el propio pensamiento, a veces de modo inconsciente. Te lo digo, pues: el peor pecado es hablar claro. Decir la verdad - la verdad de uno, se entiende -. Y decírsela a ellos. A los pacientes. Y a sus familiares.

Harta estaba de mentir. Y peor, de medio mentir, de calcular la mentira. De desviar la mirada, si me preguntaban si la demora por tal o cual procedimiento diagnóstico me parecía adecuada. O soportable. O simplemente peligrosa. Y si las condiciones del alta eran las adecuadas. Si eran seguras. Si no comportaban riesgos. Y así tantas cosas, la una detrás de la otra. Y, de este modo, empecé a decir la verdad, pura y llanamente, sin adornos o subterfugios. Lo que pensaba de esto o de lo otro. Que usted espera meses, sí, cuando al hijo del señor... se le pone la alfombra roja por una puerta distinta, eligiendo facultativo y horario, encontrando una sonrisa que usted no encuentra, facilidades imposibles para usted, y circuitos vips, mecanismos exclusivos, propios de la casta en el poder. Claro que no hay pruebas de lo que estoy diciendo. Ya se guardan de que no las haya.

Que no me callo, Gloria, se acabó. Que esta casta que nos veja a voluntad no puede esperar que le pongamos eternamente la alfombra roja, y que encima nos callemos la boca.

Que si quieres, no me hables, Gloria, que te conste: aquí estoy pa lo que haga falta. Pa atender a quien tú quieras, que eso lo decides tú. Que una lo hace lo mejor que puede, como siempre lo he hecho. Pero si esta o la otra preguntan, allá que se encontrarán con la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, como en las pelis americanas, que no esperes que este piquito se quede cerrao. Eso, ni pa Dios, Gloria. Los trapos sucios van a salir. Esos trapos no se van a lavar en casa. Al río van, a refregarse, a que todo el mundo los vea.

@frelimpio

sábado, 23 de enero de 2016

Tiempo y Libertad

Si uno escribe otro post de Atención Primaria, es lógico que cualquiera pregunte que quién demonios soy yo, y qué porras sé acerca del tema. Que por qué tengo esta maldita obsesión y cuáles son los avales que uno tiene para traer el tema a colación, una vez y otra.

Podía salir uno por peteneras, por la teórica y la filosófica, y subrayar mil cosas acerca de Sistemas de Salud, de eficiencia y estructura, de niveles y organización, de integración y mil zarandajas. Lo dejo para los entendidos, que soy hombre llano, de andar por casa. A mí, lo de la Primaria me llamaba la atención porque, como endocrino, mis pacientes de la Primaria vienen, y a la Primaria van. Sin la Primaria no se entienden. Mi tiempo se ocupa por los compañeros de Primaria, y mis pacientes acaban todos, antes o después – o mientras tanto –, en manos de su médico de cabecera. Son gente próxima, los compañeros de Primaria. Me llaman, los conozco. Hablamos. Gente llana, normal, de sus pacientes. Participo en la formación de Medicina Familiar y Comunitaria: chavales – bueno, mejor dicho chavalas – majas, trabajadoras, listas, ilusionás, con ganas de hacer cosas, con ese entusiasmo que se tiene a los ventimuchos, y que las cornás de la vida profesional te va quitando, poquito a poco. Que de la teoría sé poco, y de la realidad, lo que expongo. Pero mucho respeto y aprecio, a falta de mejores luces. Pero basta ya, que para escribirles una declaración de amor, mejor se calla uno y se espera al catorce de febrero. Que yo iba a otra cosa.

De todos mis resis – de familia o no –, me preocupa la pérdida de la ilusión, de las ganas, la carbonización prematura. A ello contribuye el terminar y ser basura, la precariedad, el no tener nada o casi no tenerlo, el sistema de contratos tan español, tan de aquí, el ponte ahí y da las gracias, niño, que mañana no sabemos. Que eso no es de ahora, es ya secular, lo sufrí en mis carnes, casi -¡uff¡ -, me escapé por poco, asumimos todos que es así, que tiene que serlo - por cierto, ¿Por qué ley del destino? -, como estar tirao en la puerta de Urgencias, más solo que la una – asunto para otro post, sin lugar a dudas -. Pero MFyC tiene varios datos más a tener en cuenta: es de las especialidades menos elegida, de las más abandonadas a medio camino y, una vez concluida – los que la concluyen -, tiene un elevado riesgo de que el susodicho o susodicha se presente de nuevo a realizar otra. Quiero decir que, al panorama general – que no es precisamente para tirar cohetes -, MFyC añade sus nubarrones propios, espesos y oscuros.

Pero a nadie le importa un comino. Los responsables políticos no cesan de proclamar la importancia de Primaria como espina vertebral del Sistema, como “joya de la corona” (término importado de otros países, me acabo de enterar). Pero contrastan las palabras rimbombantes con las hueras realidades. O con lo documentado de la eficiencia de un Sistema articulado en torno a una Primaria engrasada y dotada. Le preguntaba yo a una resi de familia que conmigo venía rotando – y que acusaba ya desgaste acelerado – qué le pediría a los responsables políticos para un correcto ejercicio de la especialidad. La respuesta fue escueta. La desnudez de lo bello. Simple y tremenda: tiempo y libertad. Más tiempo para atender correctamente a mis pacientes – pacientes de Atención Primaria, se entiende -. Y libertad, por favor. Menos asfixia. No tener encima todo el peso de una organización mastodóntica empeñada en amarrarte antes de que se te ocurra esta iniciativa o la otra.

Y es curioso. Porque no es nada raro. Ni nada nuevo. Hace pocos días ha ocupado portada en The Guardian– diario serio donde los haya – el estado calamitoso de la Primaria británica, en comparación con otros países avanzados – tranquilos, nuestro país no se tomaba en consideración -. Por no extenderme, les doy algunos motivos de alarma en ese país, cuyo Sistema de Salud en mucho se parece al nuestro: por ejemplo, que el 92% de los 1001 médicos de Atención Primaria entrevistados dijeron que invertían menos de 15 minutos en las visitas -”hablando con los pacientes” -, mientras que internacionalmente solo el 27% empleaba menos de ese tiempo. O que solo el 26% de los médicos de Atención Primaria británicos opinaban que su tiempo asistencial era suficiente, mientras que internacionamente la cifra al respecto es el 59%. En relación con estos datos, aproximadamente un 29% de los médicos británicos entrevistados planeaban abandonar Atención Primaria en el plazo de cinco años, de un modo u otro. En un momento en que el envejecimiento poblacional, la cronicidad y la de por si escasa plantilla nacional obligan a un gran esfuerzo financiero, con la intención de incrementarla considerablemente para 2020.

Nuestra realidad es diferente. A peor, a mucho peor - ¿O lo discutimos? -. Nuestros actos médicos en Primaria son de escasos minutos, corre que te corre, y nuestros profesionales viven igual de agobiados, si no más. Las autoridades han tenido que legislar – tarde, y probablemente de modo insuficiente – ante una avalancha de agresiones que amenazaba con hacer imposible el ejercicio profesional. Pero los responsables solo están atentos a la sostenibilidad – y por tanto a la represión del gasto y derivaciones -, sin considerar hasta qué punto nuestros médicos de Atención Primaria quieren desempeñar sus funciones con dignidad justamente para eso, para defender lo que queda del componente asistencial de la Salud poblacional – que es más importante para la sostenibilidad que lo otro, entendido a largo plazo -. Y en la deriva represiva, autoritaria, “esto es lo que hay”, “tú te las apañas”, y demás lindezas de viejo cuño, contribuyen a perpetuar un ejercicio profesional desanimado, bajo de autoestima, falto de hálito, a cuarto de gas, arrastrando los pies, amarga la sonrisa ante la necesidad de convivir con la hipocresía y el cinismo, ante la ironía de escuchar la sempiterna idiotez de “la joya de la corona” y recibir la cotidiana patada en la boca.

¿Otro post para llorar? Mucho me temo. Sorprendente, el estado de la columna vertebral de uno de los sistemas más ejemplares del mundo. Caben dos: la primera, la cínica. Que no arreglamos tanto como nos creemos, y que la gente se las apaña bien. Pasa como con los políticos, que se creen imprescindibles hasta que un país está sin gobierno muchos meses, sin consecuencias apreciables. La otra, la terrible. La triste historia de una casa pobre que funcionaba con dos perras por una madre abnegada que curraba de sol a sol, sin conocer el derecho al resuello. Todos comían y todos se encontraban con la ropa interior limpia y en su sitio. Pero un buen día, a la buena señora se la lleva un ictus fulminante. Imagínense cómo lloraron a la difunta. Le propinaron los piropos que nadie le dijo en vida.


@frelimpio

martes, 19 de enero de 2016

K.O.L. Líder de Opinión en PAPEL



El ejemplar en papel está disponible. Desafortunadamente, aún no lo podéis encontrar en a través de El Corte Inglés o Casa del Libro. Pero  a través de librerías pequeñas, proporcionando
el título (K.O.L. Líder de Opinión), el nombre del autor (Federico Relimpio Astolfi), la editorial (Anantes) y, si es preciso, el ISBN: 978-84-939770-8-5.   

domingo, 17 de enero de 2016

La Teta y la Guardia


Hola Gloria;

Déjate de coñas marineras y suspende la reu... Sí, esa que tienes sobre participación ciudadana en la celebración de fiestas locales en recinto hospitalario. Que bajes a tierra, tía, que tenemos cosas más graves... Que me escuches. Que si no te has enterado… ¿Que no? Me lo imaginaba. Tú, como todos los jefes, en la luna de Valencia, por los cerros de Úbeda, tocando la lira mientras se quema Roma.

Bueno, a lo que voy, guapa: que se me ha presentao a la guardia la Paqui con el nene. Sí... Lo que oyes... No, ahora no mires para otro lado. Lo que te estoy diciendo: la Paqui, parida hace siete meses, con los tetones como dos camiones, el carrito niño chico y todos los abalorios…  Ya está de alta, como toda hija de vecina... Que no, Gloria, que te dejes de coñas, que tiene al Rubén pegao a la teta, y la Paqui encantá de la vida, que no se lo quita ni pa ducharse, como quien dice… Pero tía, no seas hipócrita… ¿No has dado todas las charlas habidas y por haber de lactancia materna y de conciliación? Tú me dices ahora qué hago con el cuadrante. Sí, ya me lo dices… ¿La Paqui? La guardia entera con el niño encima: de la teta a la cunita de viaje, y de la cunita de viaje a la teta. Que no te veas la que se ha liado a primera hora, que las enfermeras encantadas, que venga a darle consejos, ha venido a verla todo Dios, que qué niño más mono, que si te coge bien el pecho, que a quién se parece, que si te duerme, que si te hace daño, que si te voy a recomendar una cremita para las grietas del pezón. Y lo mejor, las pacientes, venga a darle recomendaciones: no se mueva usted, doctora, que ya me acerco yo, usted no se levante del sitio, que debe estar molesta, que si mejor lo pone usted de lado, que así duerme mejor, el angelito, que si los gases los echa mejor así o asao… Y el silencio, Gloria. No he escuchado un silencio así en todos mis días de guardia, que esto siempre es un gallinero, una casa de locos, todas las mujeres pegando gritos. De repente, no chillaba ni una, Gloria, todas las auxiliares con el índice en la boca, dos metros antes de que la gente entrara por la puerta: que la doctora se trajo al bebé, que se enteró de que la diputada se lo llevó al Congreso, que a partir de ahora se puede, que los bebés tienen que estar con las mamás, que no hay que interrumpir lactancia. Que tienes que verlo, Gloria: los celadores de puntillas, los familiares más callados que en misa, que aquello parecía el portal de Belén, que de trauma venían los resis de Ecuador, como los pastorcitos, a ver al niño Jesús, que solo faltaban los Reyes Magos de la Carmena: “y Gloria alelada en su despacho; por fin paz a los hombres de buena voluntad”.

Que me digas cómo, Glorita, que aquí somos casi todas mujeres, y muchas en edad de merecer. Visto el éxito de tus charlas, la teta está de moda: la salud y lo femenino. Y ahora, visto el ejemplo, todas a dar el pecho al curro... Así que ya puedes pegar un portazo en el pabellón de gobierno, que en el maternal son unas pocas: a cambiar turnos, ensanchar puertas y contratar a cuatro más. Quebraros bien esa cabeza que nada más que sirve para poner objetivos de gestión porculizantes. Y acabar con esa putada de doblar turno por las treinta y siete horas y media que se inventó la Montero, si no quieres que las mamás se nos vengan a vivir con sus retoños, que esto se nos va a poner como la casa cuna.


@frelimpio

jueves, 14 de enero de 2016

El Show de la Carrera de San Jerónimo



Querida prima Carchi;

Eres mongui con lo de la agricultura ecológica. Ahí encerrá con los tomates y los pimientos, con las berenjenas y las fresas, tol día dándome la pastilla con lo del cambio climático y los pesticidas, con las ballenas y la recogida selectiva de basuras… ¿Dónde está la periodista rojuela, desternillante, con la que compartía canuto y cerve porque no teníamos un gordo? Te largaste de los madriles de la Espe, jartita de gomina y de no ver nunca dos euros juntos, de pagar hasta por respirar – y eso, poquito, que no se notara mucho -. Te fuiste aburrida del Congreso de Rajoy en el momento en que todo se pone la mar de diver, so pedazo de idiota.

Que los nuestros acaban de ganar, que ayer estuve, que el Congreso es otro, solo hay que verlo… Uno se quedó a dormir desde la noche antes para reivindicar a los sin techo. Y para darle más realismo, llevaba haciéndolo en la calle varios días, sin ducharse ni cambiarse de ropa, que no te imaginas cómo cantaba el nota, que lo pusieron junto a las nenas monas de ciudadanos, y que a poco que se desmayan, las pobres. También metieron en las listas a uno que va chungo de la cadera, que ahí va, el pobre, con su muleta, de una lista de espera a la otra, que no te veas la que se montó para que pudiera acceder a su escaño. Pero lo mejor fue una de Madrid, que quiere ser tío de pelo en pecho y que la operen en la pública, pero saltándose la lista de espera – en eso se lleva regu con el otro, que es de un círculo diferente -. A esta le prestaron un traje de rey mago que sobró de la cabalgata, que la Carmena no tenía muy claro cómo reciclar – un poco de picor, para el día de orgullo gay -, y a la susodicha le encantaron, además, la barba y el bigote. Claro que la gente se mosqueó pelín, y empezó el canguelo, pensando que volvía el Tejero, versión fantasía animada. Pero los tranquilizó uno que por allí andaba, con rastas y pinta guay, y todos pensaron que era Bob Marley resucitado. Pero algo fallaba: sí, es que el nota era blanco, y no negro. Pero había que arreglarlo, que no decayera la fiesta. Y encontraron rápido a una negra, pero era mujer, y le faltaba el canuto y la mugre. “¡Aquí está España!”, gritó la peña, pero faltaban más, mucho más. Faltaba un preso, por ejemplo, custodiado por los maderos, y con las esposas puestas, y allí que fueron a buscarlo… ¿Adónde va a ser? Pues a Alcalá–Meco. “¡Pero si es el Bárcenas!”, gritó otra, “este no es guay, este es de esos”, dijo, señalando en dirección a un señor de barba blanca, que primero dijo: “¡Aguanta, Luis!”, y luego, cuando recibió un codazo de una tipa bajita y remilgada que se le sienta al lado, salió cagando leches para el cuarto de baño. Total, que el preso no servía; había que buscar a una víctima del sistema. Se ofreció el sin techo, que le metió mano a la negra, y esta fue a denunciarlo por violencia de género: que se trataba de su antiguo novio, que se metió en las listas para acosarla. Total, a Alcalá-Meco del tirón, y ahí a por él, de vuelta al Congreso, que ahorita mola más - ¿No son la casta presuntos, o poco falta? -. Uno más de esqueleto, por la Memoria Histórica. Y otro de Falange – este de los otros -, a salvar el Valle de los Caídos. Por ahí uno con coleta, cantándole nanas al bebecito de una, mientras esta se sacaba la teta. Y, aquí y allá, la farándula de los platós.

Que no me fumé un petardo, Carchi, que era de veras. Que no me equivoqué de avión, prima, que era la Carrera de San Jerónimo, que estoy segura, que los leones eran de verdad, frío de enero, duro de acero, que todavía no es el carnaval de Canarias, que no sabes lo que te pierdes, guapa, déjate de plantar nabos y vente a plantar cara. Que seguimos igual de pobres, pero partidas de la risa. Deja el Jerte, no seas cutre, y vente a Lavapiés, que esto está la mar de entretenido… Con lo guapo que es el Rivera…


@frelimpio

lunes, 11 de enero de 2016

Feliz de Ser Mediocre, Jefa

Hola otra vez, Gloria;

Comprendo que no me hables después de mi último mail. No hace falta que me lo digas, que ya lo sé: no estoy a la altura, soy una más del montón, no me merezco el sueldo a fin de mes, he optado por la mediocridad… Todo lo que te he venido escuchando acerca de este o de aquel, todos estos años. Entonces, te miraba y me callaba, culpable yo, por omisión. O por debilidad. O por ambas cosas, probablemente. En parte, quería convencerme de que lo que decías era lo correcto, aquello a lo que debíamos aspirar. Imbuido de ello, miraba al resto marcando unas distancias, como queriendo evitar el contagio de la inanidad. Y, creyéndomelo, al venir de tal o cual congreso, portadora de tal o cual distinción a la comunicación distinguida, los miraba por encima del hombro, como diciendo: ¡Aprended de mí!

Me equivocaba gravemente, y ahora lo lamento. Algo en mí ya me lo decía. Aunque fueran sus risas despreocupadas. O ese terminar el día y verlos irse a tomarse una cerveza a hablar de temas banales, no relacionados con la profesión. No estaban acomplejados, no. Nos miraban en la lejanía, como si fuéramos seres extraños, alelados, a veces hostiles, idiotizados, miembros de una nueva religión que roba el alma y el tiempo – es lo mismo, al fin y al cabo -, a veces para no darte cuenta nunca, y otras, para darte de bruces en el suelo, lamentando el tiempo perdido, las intimidades extraviadas. De algún modo, es lo que me ha pasado a mí. Pero, a fin de cuentas, me alegro. Despierto a tiempo; me queda mucha vida profesional por delante.

Te he visto todos estos años criticar sin piedad a los residentes, hornada tras hornada. Según tú, “la juventud solo piensa en divertirse”, “carece del sentido de compromiso”, “no están a la altura”, “no tienen visión ni perspectiva”, y mil frases más que podría recordarte. Podríamos pasar de inmediato al repaso de las frases con las que has decorado a la plantilla, pero te lo alivio. Solo te digo una cosa: cuando en un servicio o unidad compleja una jefa valora tan negativamente a la mayor parte de su equipo, algo serio le pasa. Que no sé si serás tú o el sistema, que hasta ahí no llego, soy más simple, o quiero serlo. Se es más feliz así, elemental, dos y dos son cuatro, buenas tardes, señora, ¿Cómo está usted? ¿En qué puedo ayudarla?

Pero quiero decirte algo más, por si no has caído en la cuenta: cuando las residentas terminan su periplo, deslomadas a trabajar – que se desloman, Gloria; lo que yo te diga - y se van de aquí con un suspiro de alivio, como abandonando un mal sueño, van buscando no el lugar donde les den una palmadita en la espalda, sino simplemente donde las dejen hacer su trabajo – que les gusta hacerlo, Gloria; lo que yo te diga – tranquilas y razonablemente bien, sin sentirse poco menos que una mierda.

Los mayores solo buscan evitarte y sobrevivir. Conservar sus coronarias y sus neuronas, y caminar hacia la jubilación sin gastarse en cabreos innecesarios ni hacer de palmas con las orejas. Y quedamos los de en medio, Gloria, los demás. Y ahí me meto, a ver mis pacientes, con decencia, a hacer lo que pueda, ni más ni menos. Que no sé por qué eso te parece tan poco, cuando es lo más bonito del mundo, aquello para lo que estudiamos, y que tanto bienestar les da. Y que, puesta por fin con ellos, con los que siempre llamamos mediocres, me siento felicísima de ser así, minúscula, sin ambiciones, sin futuro ni desarrollo, minusvalorada y despreciada por personas de elevada entrega y compromiso, pero apreciadísima por la señora de antes, que sin dudas prefiere una doctora sonriente y relajada que le diga ¿Cómo está usted? ¿En qué puedo ayudarla?, que una atribulada con cuatro proyectos de investigación que haga todo lo posible por reclutarla para un ensayo clínico. Seguimos en contacto, Gloria.


@frelimpio

lunes, 4 de enero de 2016

No estoy pa nadie, jefa. Ni pa ti, ni pa nadie.


Hola Gloria. Disculpa por este mail; sé que no te gustan. Disculpa doble; me ha salido un poco largo. Pero, aun así, te ruego que te lo leas hasta el final. Verás, a mí lo que no me gustan son tus whatsapps, y mi arranque de sinceridad es culpable. Y lo es porque llega tarde, porque debí decírtelo hace años y porque creo que el peor pecado es la debilidad, ese renuncio diario que nos lleva a no dar la cara con tal de no tener problemas, con el resultado de crear una bola de nieve: muchos más problemas, más asfixiantes, menos resolubles.

Nada más llegada al Centro me soltaste una de las tuyas: “Esto no es un trabajo de ocho a tres.” Dicho así, sin más, con tu mirada de convicción y la credibilidad que te otorga tu entrega a la causa político-sanitaria. Debí contestarte entonces, pero no lo hice. Hice lo que los otros, lo que yo misma: meter la cabeza y asentir, evitar la tormenta. Herencia de mis mayores, de todos: no te signifiques, no te crees problemas, no te opongas al jefe. A la jefa, en este caso.

Porque un jefe es un problema. Siempre lo es. Para las vacaciones o para un fin de semana largo. Para los días de libre disposición. Para que te cambien una auxiliar displicente o ineducada. O para conseguir mejor habitáculo. O para conseguir desarrollar un proyecto profesional: en mi caso, la monográfica de enfermedades de transmisión sexual. Y lo que vino después: el ringorrango y el ego. Las relaciones con la Industria y con la Administración. Que cuenten contigo. Ser alguien, tras pasar los años. Participar en la redacción de protocolos y documentos. Tener acceso a proyectos de investigación financiados. Todo eso vuela en una relación tensa con la jefatura. La labor de dos décadas, en el cubo de la basura. Como si no hubieras hecho nada. La estúpida pretensión que ser tú mismo en este mundo exige algún que otro “sí, bwana”. De un modo u otro. Desayunarte un sapo todos los días. Y si no, todos los lunes.

Para mí, desayunarme un sapo es que me mandes un whatsapp cuando te da la gana. Y que me tengas fiscalizado si estoy conectada o no, y me pidas explicaciones si tardo en contestar. Gloria: tengo cuarenta y seis, y Ramiro – el cielo ganado - aún me aguanta. Y tengo los ovarios en pie – como un reloj, coño, y nunca mejor dicho -. Si a tus cincuenta y cinco no te queda más que la profesión, es cosa tuya. A mí no se me acaba la vida con esto. Y no me respondas que estoy hormonal, que tengo un calentón y que el lunes hablamos. Porque eso ya me lo dijiste hace tres años, y sigues mandándome whatsapps – si no llamadas de voz -.

Toco fondo, Gloria; es sábado, y son las 23:42. El lunes es fecha límite para lo del proyecto, y no se presenta. No te lo pregunto; te informo. No puede ser. No me quedo otro sábado sin salir, con el Ramiro llamándome a cenar y luego, viéndose la peli en la tele él solito. Se me pasan los años – a todos -. Y han sido duros – para todos -. Y el trato dispensado por esa Consejería que “tanto cuenta con nosotros” no ha sido precisamente suave. ¿Se te han olvidado ya mis primeros años renovando mes a mes – o casi -, sin saber si tendría que desmontar la casa a cada instante? A mí no. ¿Se te han olvidado los años en que la gerencia no nos reconocía el derecho al saliente de guardia? A mí no. ¿Y el tiempo en que, una vez reconocido, admití tus chantajes emocionales – la debilidad, de nuevo - para que no hiciese uso de dicho derecho y trabajase tras haber mal dormido de dos a seis horas? Tampoco se me ha olvidado. Podría seguir así y hacer un mail de seis páginas, pero estoy agotada. Solo te cuento lo último, Gloria: las tardes, las malditas tardes gratis. Las tardes que tú llamas de Rajoy, lo de las treinta y siete horas y media, pero que todo el mundo ha aplicado de modo suavito. Todos, menos nosotros en el SAS, donde todo parece caer a plomo fundido, y especialmente contigo, cariño, especialmente dispuesta a levantar la mano en las reus de jefes, sacar pecho y gritar: ¡Lo que haga falta! ¿Comprendes ahora mis irritantes evasivas cuando me preguntabas estos meses atrás qué me disponía a votar? Tu partido se me ha hecho algo insufrible, odioso.

Pero en fin, Gloria, que quiero terminar, y todavía me queda el domingo entero. Como cantaba Serrat: hoy puede ser un gran día… Dalo por hecho y confirmado: he escrito a los residentes que dejo los proyectos, los trabajos y las comunicaciones pendientes. A los grupos de trabajo en las sociedades científicas acabo de mandar correos formales informando que abandono la pertenencia y que pongo mi cargo a disposición. Del mismo modo, he escrito a la responsable de la comisión interniveles para enfermedades de transmisión sexual para dimitir de modo irrevocable de mis responsabilidades. He presentado igualmente la dimisión en el grupo de trabajo de la Consejería. Puedes designar a quien creas conveniente y reasignarme puesto según las conveniencias de la organización asistencial. De ocho a tres, lo que haga falta. El resto va a ser para mí, Gloria. Para mí y para los míos. Y no contesto whatsapps, ni llamadas. No estoy pa nadie. Ni pa ti, ni pa nadie.


@frelimpio