K.O.L. Líder de Opinión: un relato ágil y despiadado para explorar la cara oculta de la medicina contemporánea. Encárgala en cualquier librería o consíguela en eBook.

lunes, 8 de junio de 2015

Benedetti no da Tregua

Buenos días;
Pasó ya el fin de semana largo, y volví de la playa. Acabé mi primera novela de Benedetti. Y me reprocho mi tardío descubrimiento, qué les voy a decir. Pero aún me queda vida, y todo el interés. Descubrí un párrafo - bueno, descubrí una obra entera y detrás, un autor. Pero avanzarles más sería descubrir demasiado de lo íntimo -. Quiero compartir este pedacito, a ver qué piensan:
Sábado 17 de agosto 
Esta mañana estuve hablando con dos miembros del Directorio. Cosas sin mayor importancia, pero que alcanzaron, sin embargo, para hacerme entender que sienten por mí un amable, comprensivo desprecio. Imagino que ellos, cuando se repantigan en los mullidos sillones de la sala del Directorio, se deben sentir casi omnipotentes, por lo menos tan cerca del Olimpo como puede llegar a sentirse un alma sórdida y oscura. Han llegado al máximo.
Para un futbolista, el máximo significa llegar un día a integrar el combinado nacional; para un místico, comunicarse alguna vez con su Dios; para un sentimental, hallar en alguna ocasión en otro ser el verdadero eco de sus sentimientos. Para esta pobre gente, en cambio, el máximo es llegar a sentarse en los butacones directoriales, experimentar la sensación (que para otros sería tan incómoda) de que algunos destinos están en sus manos, hacerse la ilusión de que resuelven, de que disponen, de que son alguien. Hoy, sin embargo, cuando yo los miraba, no podía hallarles cara de Alguien sino de Algo. Me parecen Cosas, no Personas. Pero, ¿qué les pareceré yo?

Un imbécil, un incapaz, una piltrafa que se atrevió a rechazar una oferta del Olimpo. Una vez, hace muchos años, le oí decir al más viejo de ellos: El gran error de algunos hombres de comercio es tratar a sus empleados como si fueran seres humanos. Nunca me olvidé ni me olvidaré de esa frasecita, sencillamente porque no la puedo perdonar. No sólo en mi nombre, sino en nombre de todo el género humano. Ahora siento la fuerte tentación de dar vuelta la frase y pensar: El gran error de algunos empleados es tratar a sus patrones como si fueran personas. Pero me resisto a esa tentación. Son personas. No lo parecen, pero son. Y personas dignas de una odiosa piedad, de la más infamante de las piedades, porque la verdad es que se forman una cáscara de orgullo, un repugnante empaque, una sólida hipocresía, pero en el fondo son huecos. Asquerosos y huecos. Y padecen la más horrible variante de la soledad: la soledad del que ni siquiera se tiene a sí mismo.

***

Inspirado por textos como el que acaban de leer, en una obra reciente, uno se preguntaba acerca del material que forja a los genios. Y concluía algo así como: "una conciencia clara, la que nace de vivir bajo una luz peculiar." Benedetti publica la Tregua en 1960. Sus palabras, más de cincuenta años después, me suenan vivas, inmediatas. No sé lo que pensarán ustedes al respecto.

@frelimpio

miércoles, 27 de mayo de 2015

Martínez Aguayo a Primera Línea del Frente

Seré breve, que la noticia es escueta: Carmen Martínez Aguayo está ahora mismo ejerciendo de médico de Atención Primaria de a pie. Sin más.

Y lo sé de buena tinta. La mejor. No les quiero decir más.

Ello podría ser algo baladí o tener su importancia. Yo creo que la tiene – si no, no estaría escribiendo sobre ello -, tanto desde la perspectiva de la política andaluza como de las profesiones sanitarias. O porque, en si mismo, tiene algo de shakespeariano, si ustedes me lo permiten. Y ahí la cosa me puede. Y me explico.

Carmen Martínez Aguayo no es cualquier persona. Alguna entrada le dediqué en su momento. Tiene una dilatada trayectoria en gestión sanitaria y económica. Pero no quiero aburrir. Voy a lo justo. Saltó a la primera página en 1995, al propinarnos a los médicos la derrota más vergonzosa posible en la última huelga digna de tal nombre. Tal fue el varapalo, que se nos quitaron las ganas de movilizarnos otra vez. A raíz de aquello, la llamé alguna vez “la Dama de Hierro del Socialismo Español”.  Luego, las cosas vinieron mal para el PSOE en España y acudió por aquí a refugiarse. Le buscaron un huequito en la Fundación Progreso y Salud, de la Junta de Andalucía, a la espera de mejores tiempos.
Que no tardaron en llegar. Viceconsejera de Hacienda y mano derecha de Griñán, luego ocuparía el puesto de éste al asumir su mentor la Presidencia de la Junta. Deben haber sido tiempos felices.

Todo se agria con el enconamiento político-mediático y judicial de los EREs y otros procesos, que forzará la salida de Griñán y – lógicamente – de ella misma. Como diputada por Sevilla en el Parlamento de Andalucía, conservará su aforamiento hasta ahora mismo, en que puede llamársele en cualquier momento.

Por seguir estrictamente con el relato de los hechos, decir que Carmen, que es especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, no se ha sentado delante de un paciente en veinte años como mínimo. De hecho, los últimos diez años, ni siquiera ha estado en contacto con el mundo de la Medicina.

Hasta aquí, lo que considero hechos – corríjame el que quiera, que así aprendo -. A partir de aquí entraré en interpretaciones, intentaré que desapasionadas.

Pese a todas las excusas del momento, va quedando ya claro que la salida de Pepe Griñán fue forzada por los EREs. Su sucesora y protegida, la actual presidenta en funciones, comprendió perfectamente que su supervivencia política dependía de la limpieza de todos los “presuntos implicados” en el tema, aunque oficialmente se proclamara que nada habían tenido que ver. Griñán y Chaves estaban en una edad próxima a la jubilación. Sólo tenían que no renovar en candidaturas o cargos. Pero, en tanto en cuanto se aclararan las responsabilidades en los respectivos tribunales – y tal vez no lo tenga tan claro Susana -, hay que esconder a los otros. Que no se les vea. Que no hagan declaraciones. Que nadie les pregunte. Desaparecidos en combate. Que mantengan la disciplina y el silencio… “Por mí y por todos mis compañeros, pero por mí primero”, como jugábamos de pequeños.

Pero es sorprendente: parece que ya no hay huequitos o plácidos retiros donde dejar reposar a una guerrera leal. No hay un cómodo lugar donde una buena señora próxima a la jubilación se pueda repantigar haciendo nada – como tantos puestos en la Junta – a la espera del día feliz del recuento de los años trabajados. Nada. Casco, mochila, bayoneta calada y directa a la trinchera. A primera línea. Que me consta, oigan. Que está en primera línea, pegando tiros. Y recibiéndolos con dolor. No sé si haciendo el paripé durante dos meses, o ahí puesta para una buena temporada. Y eso me hace pensar que algo está cambiando en este mundo sociata. Que ya no hay amigos, como los de antes. O sí los hay, pero la valerosa mujer sacó pecho y pidió ir al frente, que no lo sé. Pero sí sé que allí está, aprendiendo a engrasar el mosquete. Sea lo que sea, es un buen aviso a navegantes.


Lo que tampoco sé es dónde recalará la buena de la Susana a sus cincuenta dos – un poner -, cuando el cachorro que ya se amamanta en las juventudes socialistas le pegue la patá con una sonrisa y la mande… ¿A dónde?

@frelimpio

jueves, 14 de mayo de 2015

El "Drama" del "Desgobierno" y el Sueño de una Larga Ausencia

Dice Javier Caraballo que estuvo Bélgica 500 días sin gobierno y que no pasó ná de ná. Es más, que sin ejecutivo ni ná, los indicadores macro ésos que no entiende nadie empezaron a mejorar: el paro, el PIB, el déficit público, el salario mínimo. Luego las cosas se serenaron, hubo gobierno y Bélgica fue de nuevo un país como los demás. La hostia bendita y la bronca como sistema. Lo que ya sabemos. Léanselo, que el artículo da que pensar.

Yo me lo leí hace unos días y, en estas noches de calor e insomnio, dándole vueltas a la peonza, se me ocurrió que a lo mejor no era tan malo. Que no era tan malo estar sin gobierno en Andalucía. Y no me despellejen antes de tiempo. No se me vayan y vamos a reírnos un poco.

Vamos a retomar lo del “I had a dream” de Martin Luther King. Pues yo quise tener un sueño. Pero hacía una jartá de calor y no podía. Así que daba vueltas y vueltas en la cama. Y me imaginé que Susana se encontraba su tercer NO en la investidura – hay que ver qué gente más mala, oiga -.

Y ahí que vinieron luego las municipales. Porque ahí fue la rehostia. Fueron miles de NOes multiplicados – aunque algún pacto se fue haciendo, que todo hay que decirlo -. Pero a Susana se le vino la cuenta encima – la de la criatura que lleva en su vientre y la de la criatura electoral que puso a caminar con las anticipadas, ella sabrá por qué, que ahí no entro -. Y NO tras NO – que qué malos y obtusos los parlamentarios del bloque del NO – el plazo se agotó y nos fuimos a repetir las andaluzas.

Lo absurdo. Lo inaudito. Lo nunca visto. Lo que nadie quería. Pues bueno, pasó. Tras las calores y la playa. Pero yo seguí en mi insomnio y me imaginé lo que pasaba. Podía sacar algún juez alguna cosa como lo de Aznalcóllar – o no -. O progresar alguna causa de los aforados – o no -. O nada; seguir igual. Nos plantamos a votar otra vez y Susana saca 47 escaños. O 52, lo mismo da. Y se pone a pactar de nuevo. Pero los partidos miran ya a las generales. Y Susana se encuentra de nuevo con el NO. Que no hay manera, oiga. Que NO. Y la Susana, carnes mías, sigue entonando la cantinela: “Andalucía no tiene un minuto que perder”. Pero NO. NO hay tu tía.

Sólo que… Sólo que había pasado no un minuto, sino muchos, muchos meses. Y Andalucía seguía como siempre. Con el paro de siempre – con gobierno en funciones o en efectivo -. Con el trabajo en negro de siempre – con gobierno en funciones o en efectivo -. Con el fraude de siempre – con gobierno en funciones o en efectivo -. Sobreviviendo. Como siempre. Trampeando. Como siempre. Votando con escasa fe. Como siempre. A ver lo que salía. A ver lo que deparaba el día. 

Y en mi sueño del insomnio, inspirándome en alguna de las novelas de Saramago, una multitud silenciosa entonó un rumor profundo que les nacía de los sesos. De la fregona o del bisturí, de la llave inglesa, del palustre, del teclado, de las redes de pescador o de la tiza del maestro, en la casa de uno, en el mercado, en la calle o en el tajo, aquí y acullá, sin hablar, se emitía una mirada y se recibía otra. El sol salía por el cabo de Gata, en su inmensa belleza, y se ponía más allá del Guadiana, en Ayamonte, en tierras de Portugal. Nada había cambiado. Los tristes seguían tristes y los alegres, alegres seguían. Pero ya nadie esperaba nada de un gobierno autonómico que no había conseguido meter la cabeza. Y las gentes se sorprendían - divertidas o malhumoradas - de los maximalismos de una lideresa que no conseguía ser presidenta de la Junta.

"Andalucía no tiene un minuto que perder..."

Alguno que otro se sonrió después de desayunar con el telediario del Canal Sur y pensó que esta gente se dan más importancia que la que realmente tienen. Luego, echó a caminar y se encontró a su compadre, dos calles más allá.

-¿Qué vas a votá este domingo, Manué? – Le espetó aquél a éste con cara cashondeo.
-Que va a sé… Lo de siempre… ¿No lo sabes ya? – Responde el interpelado sin darle la menor importancia.
-¿Pues sabes lo que te digo?
-Dime, Pepe… Pero cortito, que eres mu pesao.
-Que ayer estuve en el médico. Y está en su sitio, la criatura. Y antié tuve que  ir al juzgao… Y también están tós en su sitio. Y llevamos más de medio año sin gobierno en Andalucía…
-¿Y qué me quieres decir con eso?
-Que no sé pá qué coño queremos la Junta, Manué… Sinceramente.


@frelimpio

miércoles, 15 de abril de 2015

Tres Minutos y Medio

De mi antiguo jefe de servicio, Ricardo Astorga Jiménez - q.e.p.d. -, recuerdo infinidad de anécdotas. Y tres o cuatro sentencias que saco a relucir cada poco. Por útiles y certeras. Una de ellas me viene como anillo al dedo. Y no por obvia - que lo es -, sino por lo estúpido que fue siempre ignorarla:

"Los hechos son tozudos..."

Corría el año 89 cuando comencé mi aprendizaje con Ricardo y su equipo, y sigo en el mismo lugar. Poco antes, en el 88, antes de concluir la licenciatura en Medicina, había tenido la ocasión de rotar en el Centro de Salud de Bellavista con Pablo Bonal - ¡Qué ilusiones, las de entonces! -. En palabras de Pablo, una nueva orientación del Sistema basada en la Atención Primaria y en lo preventivo habría de cambiarlo todo. Y yo me lo creí. Nos lo creímos todos. Aunque uno optara finalmente por especializada. Viéndolo con la perspectiva de los años, casi da vértigo. Para mí es una referencia obligada en estos días en que, parafraseando a Vargas Llosa, uno se pregunte: "¿Cuándo se nos jodió la Sanidad?"

Sin ser de Primaria, viví lo de la Primaria de cerca. Porque la Primaria fue la opción preferente del PSOE y de las izquierdas. O al menos, ése fue su discurso y su inspiración. Y en esta comunidad gobernada ininterrumpidamente por las izquierdas, algo hay que decir al respecto. Si no cuajaron los sueños después de tanto tiempo y no se avanzó lo suficiente, alguien tendrá que entonar un mea culpa. De lo contrario, muchos otros podrían hablar de traición. Traición a los sueños y las expectativas, que es de lo que estamos hablando.

Viví todo esto a través de la diabetes. Porque, todo hay que decirlo, nunca fui endocrino al uso de la época. Descubrí la medicina basada en la evidencia - con sus limitaciones - y me sedujo la posibilidad de influir en la historia natural de las enfermedades. Probablemente por ese inevitable endiosamiento propio de la medicina cuando se es joven. Luego, tu propia historia natural te muestra limitaciones y flaquezas. Y es en el equilibrio entre la estúpida soberbia de los primeros años y la inacción desidiosa donde se intenta construir una vía decente.

Los grandes estudios de los noventa y al fin, el Steno 2, mostraron el camino: el manejo conjunto del control glucémico y los factores de riesgo cardiovascular. Las limitaciones eran muchas. Pero mayor era la voluntad. Se estudió, se publicó y se consiguieron resultados apreciables: nefropatías avanzadas que se frenaban y enfermedades cardiovasculares que eran estabilizadas. Y mucho más que no puede reseñarse por problemas de espacio y porque no quiero aburrir ni hacer panegíricos. Y porque esto no va de mi historia, que no le importa a nadie. Va del marco general, que es lo que me preocupa.

Se pergeñó luego una cohorte de pacientes de imposible gestión y, en los nuevos tiempos, la solución quedó clara: de vuelta a primaria. Las nuevas Unidades de Gestión Clínica respiraban otro aire y tenían otras prioridades. Se trazaban objetivos desde arriba: un leve hipotiroidismo subclínico tenía que ser evaluado en un plazo mínimo. No había lugar para cohortes de excelencia. El flamante proceso diabetes - uno más entre varias decenas de procesos asistenciales integrados - sería gestionado por mis compañeros de Atención Primaria, cuya formación sería favorecida a tal fin. Y nosotros nos encargaríamos de las descompensaciones.

Pero los hechos son tozudos, como decía mi antiguo jefe.

Mis compañeros de primaria eran y son gente excelente y bien capacitada en la mayor parte de los casos. Personalmente, me ocupo de formar a los residentes de Medicina Familiar y Comunitaria (MFyC) en áreas de mi especialidad, y les conozco. Gente ilusionada entra todos los años. No me cabe la menor duda de que, convenientemente apoyados, están en condiciones para manejar adecuadamente pacientes diabéticos complejos y polimedicados.

Pero no en actos médicos de tres minutos y medio. Ni siquiera de cinco o seis.

En cualquier país de la Europa civilizada, un paciente de estas características se lleva casi treinta minutos. Eso es lo que ofrecen en muchos lugares a mis compañeros de primaria para reclutarlos. Pero en nuestro entorno más cercano se ha hurtado una vez y otra el debate de los tiempos. Lo importante son las consignas político-institucionales, como la "demora cero". Y el resto, tú te apañas. Tú te organizas. Como puedas. Trampea. Sobrevive. "Es lo que hay..."

Le decía hoy a mi nueva residente de MFyC que el Sistema de AP aquí está tercamente concebido en torno a los actos ultracortos. Es barato. O barato a corto plazo, claro está. Permite detectar la leucemia, el cáncer de colon o el Graves-Basedow. O tratar al hipertenso de dolor de nuca. Y así se resuelve mucho, sin lugar a dudas. Pero es muy difícil sacarlo de ahí sin inversiones sustanciales. Es como un seíta, un twingo o un panda. La mar de útil. Pero no le pidas virguerías.

Sólo que con una población progresivamente envejecida, pluripatológica y polimedicada, a ver lo que nos dura. El seíta, digo. Por lo que me toca: viejos, gordos y con un 14% de diabetes - 7% conocida -. Sigamos, pues, con lo de los tres minutos y medio por paciente. Una magnífica política sanitaria. Pero déjense de propaganda político-sanitaria y de rollos baratos de cara a una población cada vez mejor informada.

@frelimpio

miércoles, 8 de abril de 2015

Profesión: Cuando Demasiado es Peor

Hemos aprendido a pensar que nuestros esquemas de trabajo son inmutables, que lo que tenemos es lo que hay y que nada se puede modificar. O que es inútil, tarea del todo imposible. En consecuencia, vivimos sometidos a nuestro particular espacio de confort - ¿O disconfort? -: nos negamos - o renunciamos - a plantear que "otro mundo es posible".  Y me explico: no se me vayan todavía.

Parto en primer lugar del absurdo huso horario español, encasquetado con el de Europa central porque a Franco le dio por sintonizarnos con la Alemania de Hitler, y desde entonces. Intocable. Consecuencia: nos levantamos de madrugada y dormimos pocas horas, menos que nadie en Europa. Los turnos son una catástrofe. Nadie ha tenido el valor de decir a esta caterva que basta ya, que nos corresponde estar en el huso horario de Londres y Lisboa y que se acabe ya lo de una hora menos en Canarias. No hay valor - o ganas -, y no sé por qué. El español es maestro en resignación cristiana y en "esto es lo que hay". Y mientras más al sur, peor. Consecuencia: llegamos dormidos al curro, para no hacer nada productivo - en algunas ocasiones - en la primera hora u hora y media. E ir calentado lentamente motores hasta ponernos en marcha.

Segundo: asistencia. Las ocho horas. O siete y media. O seis, si quieren. A ver a quién demonios se le ha ocurrido que un cristiano - por hablar de alguna manera - puede aguantar una consulta varias horas, un paciente detrás de otro, sin que le mengüe la atención o sin hacer trizas sus nervios. Los británicos lo hacen de otro modo: turno de tres horas de asistencia, interrupción para comer algo ligero, sesión de lo que sea, y segundo turno de tres horas de asistencia, frecuentemente de contenido diferente al primero, para diversificar la asistencia y permitir el desarrollo personal - profesional y de otra índole -.

Tercero: los contenidos. No somos chicle. Ni supermanes. Ni salvapatrias. Ni la viga sobre la que reposa el sistema. Somos gente. Ni más ni menos. Tengo una compañera que se me dirigió una vez, despectivamente, diciendo que lo nuestro: "no es un trabajo de ocho a tres". O sea, que nuestro cometido es de tal importancia que exige una dedicación casi monacal, que tiene forzosamente que invadir horas libres y fines de semana. Lo que haga falta. Pues discrepo, oiga. Porque en el fondo somos gente. Y la gente pasea. Tiene necesidades: comer, beber, amar. Y todo eso.

El chantaje emocional a que se somete todo residente desde que asoma sus narices al sistema es inaceptable. Y contraproducente. Produce histéricos, gente desequilibrada afectivamente, mal adaptada para empatizar. El médico tiene que ser persona antes que médico y para ello tiene que comer, beber y amar. Y respetar sus ritmos vitales. El curro tiene que retroceder y meterse en ciertos horarios y cuotas. En el norte de Europa, en los países que queremos imitar, ésta va siendo la práctica habitual. Basta ya de agobiar a nuestra juventud - y a los que se dejen - con plazos imposibles para tenerlos un sábado encasquetando un powerpoint para la sesión del martes. O apurando un abstract porque el deadline es el lunes. No vale. Es producir una fábrica de tarados que pensará que atender bien son faenas menores, porque no puntúan en ninguna parte.

El futuro va con la conciliación. Porque apetece tener hijos. O ir a ver a tus padres. O quedar para refrescar viejas amistades, que se pierden. O ver cine, sólo o en compañía. Y sigan añadiendo ustedes lo que les dé la gana. Y ahí arriba, en los países que nos llevan cierto tiempo en todo esto, han descubierto que respetando estas esferas, el tipo o la tipa rinde putamadre en las horas que está. No se arrastra malhumorado. Ve contento a sus pacientes y le da tiempo para el abstract y el powerpoint. Que, bien dormidos, siete horas dan para mucho. Es el momento de asaltar los cielos del poder organizativo de unidades y servicios y de expulsar a los seres acomodaticios, a la gente sin imaginación, a los seres inertes, pura masa, que repiten hasta la saciedad esquemas que estaban caducos cuando yo era erreuno.

@frelimpio

jueves, 26 de marzo de 2015

Tras la fiebre, la cura

Hola Susana;

Buenos días... ¿Qué tal, después de la jornada del domingo? ¿Descansó? Me alegro. Los demás descansamos también. Le escribo para comunicarle que el ejercicio de la Democracia, tal y como la concebimos cada vez más gente, no es votar cada cuatro años, sino estar encima de ustedes todos los días. Se acabaron los cheques en blanco y las buenas palabras. Estaremos ahí, todos los días, sin darles tregua. Y nos tienen muy hartos; buena les ha caído.

Empezaré por lo elemental. Lo del domingo. Vaso medio lleno o medio vacío, como quiera verlo. En cierto modo, usted gana. Lo que se esperaba. Andalucía es un régimen clientelar bien agarrado por ustedes con un dinero que viene del norte - una deriva mórbida de la democracia -. Les ha vuelto a funcionar. Lo vemos del otro lado. Les ha funcionado, pero un poquito menos.

Antes de la europeas inicié mi posicionamiento personal con un post indignado y soez: "que los vote su puta madre." Y no me refería sólo a ustedes. En buena parte, eso sucedió en las europeas y eso sucedió el domingo pasado en Andalucía. Respecto a 2012, el PP pierde 503.039 votos y ustedes 114.423. ¿Le suena a fiesta? Léalo como le venga en gana. Yo me preocuparía un poco. El PP ha cosechado un buen batacazo por hacer un ajustazo de narices con cargo al trabajador público y la clase media, entre otras muchas cosas. Aprendan la lección y no la olviden. Vea la gráfica anexa: ustedes no han sacado partido apenas de la peor gestión política del PP en Andalucía. Siguen sangrando el caladero de votos, pese a que salvaron los muebles - descorchen el champán, por el momento -.

Como sanitario, tengo que decirle que hemos vivido una época muy difícil. Época que se remonta a un tiempo anterior a la crisis y los recortes. El partido que usted dirige, en lo sanitario, se ha caracterizado por el autoritarismo y la hipocresía. En un post reciente resumía todos nuestros agravios. Siendo ustedes los de la socialdemocracia - ¿? -, han vapuleado un servicio público esencial, fingiendo que hacían lo contrario. Siendo ustedes los defensores de Atención Primaria, fueron restringiendo progresivamente las inversiones y el prestigio de "la joya de la corona", como cínicamente la llamaba María Jesús Montero. Y si no, que le pregunten a mi amigo Javi Padilla. Se nos controló hasta la última receta mediante una tupida red de cancerberos y comisarios políticos malencarados y maledicientes. Gentes cortitas de educación y desconocedoras de lo elemental en motivación y recursos humanos. Pero a ustedes todo eso se la traía al pairo. Instalados en la demagogia y controlando la red del voto interior, se las prometían muy felices y no les ha salido nada mal. Pero el camino no se acaba aquí.

Añada lo anterior al hecho de que constituimos un colectivo cuyos sueldos cayeron entre un 5-15% durante la crisis por obra y gracia de los ejecutivos del PSOE primero, y del PP después. Y cuyos días "moscosos" - obra y gracia del señor Moscoso porque, en los años ochenta, dijo que no se nos podía pagar de otro modo - fueron reducidos al mínimo. Otro recorte de sueldo, pues. Y cuyo horario fue prolongado por iniciativa del señor Rajoy. Decisión desarrollada sin acuerdo, a su aire y por las narices de la señora Montero. Como suele. Como gusta. Contra sentencia, como ya le reclamé en su momento. Sin que usted haya querido modificarla. Porque hubiera podido. Pero no le gustamos. Ni usted a nosotros. Ni su partido y sus cuadros. Sépalo.

Es sobre este contexto en que el sanitario recibe siempre la contestación de arriba de que "no hay dinero". Porque la gestión clínica es eso. Que no hay dinero. Que los recursos son finitos. Que te adaptes a lo que hay y que te estires como el chicle. O que estires tus coronarias para comulgar con ruedas de molino. Y poner medicamentos del laboratorio de Bangla Desh que no vende en otra parte porque no hay dinero. Y todo lo demás.

Pues imagínese cómo nos sentimos cuando nos enteramos que dinero sí que había. Y mucho. Pero que ustedes lo invirtieron a su manera. Sin controles. Asegurándose las disposiciones parlamentarias para que así sucediera. Para asegurar parroquia y clientela. Nosotros con las manos atadas y un policía sanitario en la espalda, con la palmeta. Y ustedes largando dineros por ahí para que les voten, pase lo que pase. Como ahora, que ya se ha visto lo bien que les funciona. Un buen colchón para tiempos de crisis. Comprenderán que todo lo que nos han predicado de la gestión sanitaria y la buena práctica hace un poquito de aguas. En sus manos, claro, que sobre el papel es la base de la organización social de la medicina.

Por todo ello, cuando ahora nos convoquen del cabo de Gata a Ayamonte a explicarnos los objetivos de las distintas Unidades de Gestión Clínica, la prescripción por principio activo de la subasta de medicamentos del laboratorio de Bangla Desh y lo que se les ocurra para ahorrar el último céntimo, no podrán evitar miradas de escepticismo o sonrisas contenidas de cachondeo. De como los dineros que ahorramos los médicos, cavilando o repensando una derivación o una hospitalización - jugándosela el paciente -, o un medicamento en vez de otro se van por extraños desagües - y no me queda más remedio que hacer la conexión - a cursos de formación que no son tales, a EREs fraudulentos donde se cuelan los amigotes, a millones gastados sin control - algo admitido por la propia Susana Díaz - y, en última instancia, a unos dinerillos - o dineros - gastados para darse unas oscuras alegrías con cargo al contribuyente. Como unas rayitas blancas en buena compañía. Y que conste que no son rumores, son declaraciones realizadas en sede judicial. Todo, al fin, para engrasar una potente máquina de voto interior que lo justifique y perdone todo y tenga siempre a la misma familia política en el poder en Andalucía. In aeternum. Son los mecanismos que nos fijan al paro in aeternum. Pero sarna a gusto, no pica. Y el que no le guste, que se largue. Esto es lo que hay. In aeternum.

Que nos hablen ahora nuestros directores de Unidad de sostenibilidad y de hacer esfuerzos con lo que está cayendo. Y con una ciudadanía que con ello está contenta. Pues se plantea uno la posibilidad de dejar de seguir sufriendo haciendo cábalas. Que empiecen a sufrir otros, oiga, que ya les va tocando.

@frelimpio

lunes, 23 de marzo de 2015

Hoy no acaba nada; hoy empieza todo

Iremos hasta el final.
Defenderemos nuestros puntos de vista en consultorios y plantas,
seremos firmes en reuniones y juntas.
Nos reafirmaremos en nuestra postura,
sabiendo que somos lo único entre el cinismo y la Salud de nuestros pacientes.
Lucharemos por cada palmo de nuestra actividad profesional frente a la palabrería y la mentira, la demagogia y la media verdad.
No vamos a cansarnos nunca ni a rendirnos porque nuestro interés es verdadero, no corporativo. 
La nuestra es una lucha sin cuartel, sin ambages ni medias tintas. 
Es la lucha de la conciencia contra la conveniencia, de lo primordial contra lo superfluo, de lo esencial contra el fárrago. 
Me cansaré, nos cansaremos. 
Pero siempre tendremos al lado una compañera que nos dará aliento para seguir haciendo lo que debemos, para seguir defendiendo lo que pensamos.
Como siempre hicieron tantas madres, tantas hermanas mayores cuando sus hijos o hermanos pequeños intentaron ir a la escuela sucios o mal peinados y fueron enviados de nuevo al baño, antes de salir.
Por ese sentido de la decencia conque todos los días nos sentamos delante de nuestros enfermos y nos indignamos ante la estupidez y el sinsentido.
Hoy no acaba nada, hoy empieza todo. Tropecé, me dolió... ¿Qué te duele? ¡Eso no es nada! ¡Venga a jugar! 
Esto no ha hecho sino comenzar

A todas mis compañeras de Andalucía. Mi fuerza, mi inspiración.

Federico Relimpio Astolfi​
@frelimpio