K.O.L. Líder de Opinión: un relato ágil y despiadado para explorar la cara oculta de la medicina contemporánea. Encárgala en cualquier librería con título, autor (Federico Relimpio), editorial (Anantes) e ISBN: 978-84-939770-8-5

jueves, 7 de abril de 2011

Ensayos Clínicos


Les escribía yo el otro día acerca de las andanzas de una profesora de secundaria llamada Lucía, cuyas relaciones con la Consejería de Educación no eran lo que podíamos llamar “venturosas” (http://medicablogs.diariomedico.com/federicorelimpio/2011/04/05/%C2%BFcopago-%C2%BFrecortes-%C2%BFquiebra-sanitaria/). Debido a que la “administración” empezaba a cerrar un poco el cerco acerca de sus sospechosas relaciones con las editoriales, la mujer decide interrumpir transitoriamente ese tipo de actividades, pedir el traslado a otro centro, no muy lejano, y cambiar su área docente habitual a la lengua extranjera, en este caso el Inglés, materia en la que la esforzada profesora tiene una titulación suplementaria.

Maravillosa avenida, pensó el director del centro donde recaía Lucía en su huida profesional. Siendo el inglés una materia donde nuestros estudiantes de secundaria no sólo andan peces, sino tiburones, o incluso ballenas, la llegada de cualquier profesional con un interés especial en este campo es más que bienvenida. Unas semanas de llegada y aclimatación al nuevo centro, contacto con el alumnado, los compañeros y las necesidades y… ¡Ahí está! Lucía se presenta radiante ante su director con un excelente proyecto de desarrollo en lengua extranjera para los alumnos. 

El proyecto es rompedor, sin parangón. Se trata de impulsar la investigación en inglés en el centro. Para ello se contactará con los chicos o chicas más deficitarios en el tema y sus padres, y se les explicará la naturaleza del proyecto, para que firmen – los padres – su consentimiento para participar en la iniciativa.

“¿Y no harán muchas preguntas?”, pregunta a su vez el director del centro. “¡Qué va!”, responde Lucía, para añadir luego: “No te puedes imaginar lo agobiadísimo que está el padre de una criatura que está suspendiendo inglés desde hace dos años… Firma lo que sea, lo que yo te diga.” “¿Y de qué se trata?”, se le ocurre preguntar por fin al atribulado director. “Pues que a todos los que suspendan inglés en la primera evaluación, los echamos a cara o cruz; si sale cara, seguimos como siempre, y si sale cruz los meto por el nuevo método, y comparamos a fin de curso, fácil…”, responde Lucía. “Y si el método es tan bueno… ¿Por qué no pasamos a todos los suspendidos al nuevo sistema?”, sigue preguntando el bueno de nuestro director. “Ay hijo, ¡Qué pesado eres a veces!”, responde Lucía sin disimular su impaciencia. Añade después, con un toque de entendida “¿Tú no has oído eso de investigación en métodos pedagógicos?... Hay que comparar, com-pa-rar… Además, la editorial lo paga bien, mira, tanto para ti sin que hagas nada, por dar el visto bueno, tanto para mí, que soy la que llevo el peso del asunto, y tanto para el centro, que se puede usar como creas conveniente…” “Ah, bueno…“ 

La evidencia parece cuajar por fin en el obtuso cerebro del buen hombre. Un silencio incómodo aún. Algo no termina de encajar en la mente del buen caballero. Uno, dos y… ¡Ya está! “Lucía…” “¿Qué”, responde la buena mujer mientras piensa: “no lo puedo encontrar más lerdo”. “¿Cuánto se llevan los participantes en el programa?” Los ojos de la mujer ya no disimulan la impaciencia: “¡Te parece poco, la atención que les vamos a dar!” Fin de la discusión y de la entrevista. A otra cosa. Suspiro y un ratito de soledad. 

Descuelgue del móvil, marcado y espera de una voz concreta: “Te lo dije… En el bote… Prepáralo todo… Contacta con el periodista y reserva el artículo: catástrofe en inglés en secundaria… Eso, eso… Perfecto… En siete meses tendremos resultados… Eso, a primera página… Serán los padres los que aporreen las puertas de la Consejería pidiendo el método… Perfecto… Nos reunimos el viernes para revisar contenidos, chao!”

Creo que la mayoría de los que han llegado hasta aquí estarán escandalizados, aunque respiran aliviados porque saben que lo que estoy narrando es una invención. Pero no se trata de ello, como los más sagaces habrán adivinado hace rato. Esto existe, y desde hace tiempo. Es algo común y se llama ensayo clínico. Así funciona el mundo sanitario, sin que nadie sea capaz de frenarlo. Ahora hablamos todos de copago, de quiebra, de fondos insuficientes, de recortes, y no se habla para nada de acortar un cáncer que hace tiempo se nos come el presupuesto y del que en algo tuve la posibilidad de comentar en una de mis entradas (http://medicablogs.diariomedico.com/federicorelimpio/2011/04/01/envejecimiento-prevalencia-de-diabetes-nuevos-farmacos-y-sostenibilidad-del-sistema-sanitario/).

Para el que se quiera poner al loro de los intríngulis del sistema y quiera a la vez pasar un rato divertido, les dejo mi primera novela (e-Book), que va precisamente de eso. Ya me comentan. Enlace: http://www.bubok.es/libro/detalles/197444/KOL-Lider-de-Opinion

6 comentarios:

  1. Me apunto el blog! Y esa novela que tan buena pinta tiene... Saludos.

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  2. Este relato no hace más que demostrar su absoluta ignorancia sobre cómo funciona el avance científico. Soy médico y he trabajado en algunos ensayos clínicos, así que algo sé sobre cómo funcionan o para qué sirven.
    De entrada ha de saber que los ensayos clínicos siempre han de ser autorizados por las autoridades sanitarias y por el comité de ética del centro donde se desarrolle. Al propio paciente (no a sus familiares, sino al propio paciente) se le explica el fundamento del estudio y el motivo de llevarlo a cabo. Por supuesto, se le da por escrito todos los datos en un lenguaje que pueda entender (de otro modo no es válido, según las estrictas normas éticas de todo ensayo que se precie)
    A usted le parecerá escandaloso que vayamos a dejar al azar el hecho de administrarle un tratamiento nuevo (el objeto del estudio) o bien el tratamiento clásico para su enfermedad, pero he de decirle que ese es el único modo de averiguar si ese nuevo medicamento es mejor que los anteriores o no. Y por suspuesto, antes de entrar en fase de ensayo clínico, el medicamento a testar ha pasado previamente varios estudios muy estrictos de efectividad y de seguridad.
    Señor mío, si usted no quiere participar en un ensayo clínico es libre de no hacerlo, pero ha de saber que el tratamiento "clásico" que se le va a administrar en tal caso es el considerado como más adecuado porque previamente ha pasado por un ensayo clínico gracias a la generosidad de un número bastante estimable de pacientes.
    Es más, si usted tiene hoy un infarto y su médico le propone entrar en un ensayo clínico que pruebe algún nuevo antiagregante, quizás en el futuro sea usted mismo el que se beneficie de los resultados del ensayo en el que participó años antes si tiene la mala suerte de sufrir otro infarto.

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  3. Gracias, Jose Carlos Silla, por invertir tiempo en apagar estas cerillas que se sueltan muy fácilmente y si nos descuidamos pueden hacer mucho daño...

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  4. Comprendo la reacción airada de las dos entradas anteriores. Lógica. Hay mucho dinero en juego. Y todo un modo de vida. Yo también soy médico y he visto situaciones escandalosas. Comprendería mejor las cosas si la participación del paciente fuera remunerada, como en otros países. Con demasiada frecuencia, he visto la obtención del llamado consentimiento informado de un paciente o familiar temeroso, inseguro o dependiente emocionalmente, tras una explicación somera o superficial. No puedo darles la razón. Han esgrimido las razones "oficiales", pero ocultan ciertas verdades. Verdades que no son cerillas. Son antorchas, y no son tan fáciles de apagar.
    Federico Relimpio Astolfi.

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  5. Una última apostilla. Si se trata del avance de la ciencia, entendería mejor la defensa del ensayo clínico si la mayor parte del pago que da el laboratorio revirtiera en las instituciones. Siendo el investigador el beneficiado (¡Y cuánto!), lo siento: tiene un serio conflicto de interés que le descalifica. O dicho de otro modo, que se sospecha que ha convertido esto en una fuente alternativa de ingresos. También entendería mejor la defensa de los ensayos clínicos si el paciente cobrara la buena parte del león: es él/ella el/la que se expone y en el/la que se ensaya. Justo es que se lleve su buena parte. No señor, el paciente ignora TODO respecto a las suculentas transacciones económicas que se hacen a sus espaldas y a su costa. Si de verdad es CONSENTIMIENTO INFORMADO, hagan un desglose de todo lo que el laboratorio va a pagar por la entrada del paciente en el ensayo y luego, que el paciente firme debajo. Para que, de este modo, al firmar, le mire a los ojos - si le sostiene la mirada, claro - y le oiga decir: "buen pellizco que coge conmigo, oiga".
    Federico Relimpio Astolfi
    @frelimpio

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  6. Curioso, la historia se repite. Acabamos de presentar nuestro último film "Invisibles" basado en hechos reales sobre el abuso que cometió Pfizer en Nigeria a mediados de los 90. Podeis verlo en: http://cort.as/1SwU

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