K.O.L. Líder de Opinión: un relato ágil y despiadado para explorar la cara oculta de la medicina contemporánea. Encárgala en cualquier librería con título, autor (Federico Relimpio), editorial (Anantes) e ISBN: 978-84-939770-8-5

lunes, 18 de abril de 2011

La Enfermedad de Europa.


Europa está enferma. No se sabe aún si su mal es incurable, si es una gripe o una pulmonía, si es una tuberculosis o un cáncer. Pero no arranca, no se halla. Para empezar, no sabe ni siquiera que existe, que ya ha empezado a andar. Acaba de dar dos pasos, tropieza, se cae y llora desconsolada buscando el regazo materno, el estado-nación.

Europa está enferma: mira el presente con recelo y el futuro con temor. Las familias no se atreven a tener hijos. Los que tiene en edad de merecer sufren paro o precariedad - en unos rincones más que en otros, por descontado -. Más hijos... ¿Para qué? El estado del bienestar, el consolidado en unos lugares o el incipiente en otros, se tambalea o retrocede. Las ayudas menguan y la pater / maternidad se hace difícilmente sostenible. Más hijos... ¿Para qué? Los logros sociales, los establecidos en ciertos países o los iniciales en otros, reculan y nos conducen a la neo-esclavitud. Resultado: supervivencia a expensas de largas horas de tajo y conciliación familiar - laboral imposible. Resultado prolongado: caída de la demografía. Venga, no voy a ser negativo: fláccida atonía.

¿Se ha vuelto natalista este hombre, con lo que costó frenar la natalidad en los setenta? Pero vuelvo a lo mismo: a que Europa esta vieja y enferma. A que cada vez nos parecemos más al viejo Scrooge, de los Cuentos de Navidad de Dickens. Somos avaros, egoístas, obesos, ombliguistas, enfermos, gruñones, despectivos, tajantes... Urgentemente necesitados de una buena lavativa, una cura de humildad o una dieta hipocalórica. Viejos y enfermos, y como tales, amantes de médicos y hospitales. Pero avaros y gruñones, y como tales, nos ponemos amarillos al ver la creciente factura de los impuestos. Ahora, en medio de una crisis que no nos explicamos pero que todos hemos acrecentado con nuestra codicia, estamos perplejos entre la necesidad de recortar un estado del bienestar de cuyas carencias despotricábamos pero de cuyo hipotético retroceso nos espantamos como del demonio, y la imposibilidad de pagarlo tal como está concebido en la actualidad, con sus ayuditas, sus subsidios, sus subvenciones y ese larguísimo conjunto de flecos sin los que ya no sabemos vivir.

Y ante lo que es ya estado general de opinión, emerge una voz in crescendo: "¡Europa está enferma!" Y para salvar un abollado sistema de bienestar y prestaciones sociales, todos señalamos en la multitud a un punto indefinido, pero fácilmente identificable porque tiene la piel oscura. Resulta pues que el origen de nuestra enfermedad es haber sido demasiado laxos, permisivos y benevolentes, y haber hecho nuestras fronteras permeables, y haber permitido que gentes extrañas se aposentasen por estos lares, a disfrutar y a exigir de nuestras cosas hasta hacer nuestro sistema económicamente inviable. Los síntomas de la enfermedad abundan, no es un mal patrio. Los partidos xenófobos y antieuropeístas van extendiendo su influencia por países considerados antaño de los más educados y avanzados de la vieja Europa. El avance significativo de los ultraderechistas en Finlandia - un país nórdico que sale particularmente bien parado en el informe PISA - es particularmente estremecedor, tanto por su mensaje de odio al inmigrante como por su antieuropeísmo declarado. No es una excepción, y no voy a aburrirles con la retahíla de avances de esta  gente - en las urnas y en los medios - desde Laponia a Sicilia y desde el Mar Negro a Finisterre. Ahora el culpable de todo es el morito, el negro o el vietnamita, cuando les han quitado la mierda a sus mayores en los asilos, o a los suelos de sus hospitales o de sus casas. Porque eso parece que desgasta la blancura exquisita de la piel. Lo de quitar mierda, digo. 

Y todo ello pasa porque, déjenme terminar ya, el verdadero problema es que, siento decirlo, Europa está enferma. Y no se rían. Estamos enfermos, pero no por exceso de pobres gentes de fuera venidas a buscar un futuro en el que nosotros no creemos y ellos sí. Estamos enfermos por falta de liderazgo. Por no tener voces decididas que pongan a caldo al par de payasos que son Sarkozy y Berlusconi empeñados en una pelea de niños de patio a cuenta de los trenes detenidos en la frontera franco-italiana por estar cargados de tunecinos que probablemente sirvan copas y arreglen las habitaciones de hotel a tantos turistas franceses e italianos en la bellísima costa tunecina. Y no tenemos esos líderes porque no surgen de una clase política empeñada en viajar en primera y cobrar dietas cuando su viejo mundo se hunde. Y tenemos esa clase política porque surge de una ciudadanía encarnada en el viejo Scrooge, encamada como él, malhumorada como él y echando las culpas de todos los males al gobierno, a los políticos, a los extranjeros... Y que cuando este cuerpo social se dé cuenta de su peste a viejo y enfermo, del pavor que dan sus propios miedos, y decida sacudirse la ropa de cama infecta y levantarse, y abrir ventanas, y orear el cuarto, y ver qué de bueno puede hacer por él y para los demás, y cuando este enfermo decida salir al patio y hablar con los otros, y compartir experiencias y ver en qué pueden arreglarse, un paso de gigante habrá dado esta inmensa casa de vecinos para evitar la ruina y convertirse en algo sustancialmente diferente.

Disculpen pues, mis constantes alusiones a la medicina. Es mi mundo. Ya se sabe, imprime carácter. Si quieren algo de ello, les doy gratis mi primera novela. Entretenida está:
http://www.bubok.es/libro/detalles/197444/KOL-Lider-de-Opinion

2 comentarios:

  1. Magnífico post... un saludo!

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  2. Aburres a las ovejas y se te ve el plumero, chato

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