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miércoles, 27 de abril de 2011

La Justicia y la LVG.


Al principio fue Ana Orantes. Y como ella, muchas otras. Masacradas sin piedad por las malas bestias a las que sirvieron durante largos años y de las que sólo recibieron golpes, insultos y, al fin, la forma más sádica y alevosa de las muertes. Contra ello teníamos una sociedad adormilada, que pensaba que las voces de alerta que surgían aquí y allá eran exageradas y alarmistas. Y una justicia que no termina de ir al ritmo de los tiempos (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/03/una-democracia-la-pata-coja.html).

Tras el gobierno más derechista de la época reciente, viene el contragolpe: el gobierno más izquierdista de la época reciente. O así se le ha calificado. O eso se pensaba hasta el volantazo de mayo de 2010 - de eso hablaremos en otro momento -. Un jefe de gobierno feminista y progresista decide abordar la cuestión, crea nuevos ministerios ad hoc y legisla con el propósito de cortar de raíz una lacra que nos retrotraía a las acres oscuridades de las pretéritas Españas de otra época, aunque fueran las de ayer por la mañana. Con él el fervor de las masas, especialmente de las mujeres - "¡Ya era hora!" -, tan sensibles, tan agradecidas...

Much@s de ustedes van dejando ya de leer ante el cariz que va tomando el artículo. Y no les culpo. No quiero aburrir. Remito a otro lugar el análisis - quisiera que matizado -, de la trayectoria reciente de la controvertida LVG (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/04/ley-de-violencia-de-genero-en.html). Sólo quiero publicar este post con la intención de expresar algún que otro punto de vista:

1. Vuelvo al horror, a la mayor. Que al principio fue Ana Orantes, dicho sea en un sentido genérico. Quiero decir que, antes de continuar, es preciso decir que estamos tratando de un terrible drama, de sufrimiento humano, de víctimas sometidas a tortura diaria en sus carnes, socialmente consentida e incluso jaleada. Y que luego muchas víctimas fueron asesinadas. Honor, dignidad y reparación para las víctimas. Pero sobre todo prevención. Que la enfermedad sea primero evitada, luego detectada precozmente y erradicada, y si no, paliada en lo que se pueda. Como pensamos en mi profesión. Y graduando prioridades. Por ello pongo esto en punto uno, porque no lo puedo poner en mayúsculas y muy a distancia de todo lo demás. Entiéndaseme, pues.

2. ¿Hemos conseguido con la LVG detener la sangría? Miren las cifras. Tozudas. Inasequibles al desaliento. Ahí están, años a la baja, años al alza. Pero la línea está ahí, desde 2004. Algunas de nuestras muertas habían denunciado, pero muchas no. Hemos conseguido, eso sí, crear conciencia social. Y que el agresor se sienta como lo que es: como un criminal. Ya la violencia de género no se jalea en la barra de los bares, o al menos no tanto. Y el tipejo sabe lo que viene detrás; con mucha mayor frecuencia que en 2004, tras el crimen se quita la vida. Pero no puede renunciar a su instinto asesino. O no puede matarse él antes que su víctima. Si los hechos son otros, o admiten otra interpretación, ahí abajo están los huecos para comentarios. Desmiéntanme, y así me enriquezco.

3. ¿Hay dudas de los juristas acerca de lo ajustado a derecho del articulado de la LVG? Métome en aguas turbulentas, y acepto el desafío. Dudas, haylas. Les pongo un simple ejemplo: roba un señor un bolso y lo cogen... ¿Debe ser el castigo peor por ser musulmán que por ser cristiano? ¿O por ser chino que por ser gitano, o blanco-caucásico? Nuestro ordenamiento jurídico se basa remotamente en algo llamado Declaración de Derechos del Hombre y Ciudadano, producto de la Revolución Francesa, hace más de doscientos años, donde quisieron establecer que la misma pena - y tribunal - debería juzgar a un hombre o mujer por homicidio tanto si fuera noble, eclesiástico o perteneciente al tercer estado - usted y yo, vaya - rompiendo con siglos de injustas tradiciones en otro sentido. La Carta Fundacional de la ONU y, más explícitamente, nuestra Carta Magna, establecen la imposibilidad de establecer discriminaciones por una serie de causas, entre ellas el sexo. Haré pues un pregunta de estúpido: ¿Es justo que una bofetada proporcionada por una mujer a un hombre tenga una figura delictiva y un tratamiento procesal diametralmente diferente que si es lo contrario? Se me dirá: sí lo es, puesto que hay desproporción de fuerzas a favor del varón. Responderé, bueno, hay hombres y mujeres, pero tomando estadísticas, podríamos decir que sí... Pero aceptando incluso la transgresión al principio de derecho universal por la protección al débil, acéptese pues el mismo régimen de cosas en la bofetada que da la mujer al niño o al anciano desvalido a su cargo, figuras que, según parece, no han interesado en el momento actual al legislador. No quiero prolongar un debate conmigo mismo que pertenece a profesionales más formados. Pero ello me lleva al siguiente punto:

4. Si el articulado de la LVG es de una constitucionalidad cuestionable... ¿Cómo no suscitó debate alguno en el parlamento y consiguió se aprobada con casi unanimidad? He aquí el mayor talento del gobernante en ejercicio. Al calor del problema - sangrante - enunciado en el punto uno, del innegable disfrute de una maquinaria de propaganda televisiva, radiofónica y de prensa, de la amplificación social de un problema, repito, real y sangrante, se hizo artículo de corrección política la aprobación de esta ley de progreso que mostraba lagunas terribles en sus fundamentos y en aspectos procesales - como el respeto a la presunción de inocencia -. Pero la mediocridad ideológica y la pérdida de toda iniciativa política de una torpísima oposición no podía presentar en el debate parlamentario la evidencia del desajuste elemental de la ley con el ABC del derecho. De inmediato serían tachados por los habilísimos gubernamentales como reaccionarios, machistas y partidarios del statu quo. Demasiado para un político.

5. Los años siguientes son bien conocidos y no reitero mi entrada anterior (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/04/ley-de-violencia-de-genero-en.html). Sólo me queda expresar un sentido mea culpa, y me explico. Es asunto conocido por tod@s mis críticas hacia la justicia española (http://tontosantajusta.blogspot.com/2011/03/una-democracia-la-pata-coja.html). Pues tengo que admitir aquí que es la judicatura, a la que he puesto verde en otra ocasión, la que viene limitando el impacto del mal gobierno, la inútil oposición y el efecto de una legislación ilegal e ilegítima, ineficaz, dictada por mor del populismo, que sólo ha servido para duplicar cauces, gastar más dinero y crear una estéril caza de brujos. 

Son las juezas y los jueces las que se dieron cuenta de que, por cada triste mujer apaleada o asesinada, surgieron decenas de listísimas harpías, armadas de habilísimas abogadas que, en vez de divorciarse como Dios manda, cogieron al asustadísimo marido por las partes más delicadas y le dijeron: "mira, cariño, firma aquí lo que yo te diga, que sabes que si no, vas a la cárcel, y será mucho peor". Y el pobrecillo pardillo, con una presión social y mediática que le decía por todas partes que en efecto, así era, iba y asumía unos antecedentes penales que no tenía porque asumir, un alejamiento por las bravas injusto a todas luces, un divorcio express en unas condiciones económicas propias de un ahorcamiento civil, cargándose, eso sí, con la hipoteca a treinta años de una vivienda de la que quedaba expulsado y quedándose con dos cuartos que no le llegaban ni para realquilarse en un barrio marginal. Pero, aun pagando el piso y las copas del otro a su ex, no era de eso de lo que se quejaba el infeliz. Se quejaba de un par de sonrisas de dos y cuatro años que atrás dejaba y que no vería más, por mor de una condena que asumía que una mala hiena no tiene en la práctica derecho de ver más a sus hijos aunque, eso sí, sufra la peor de las pobrezas para pagar morada, alimento y ropa. Y si miento o exagero, que baje Dios y que lo vea. Y que si comencé, ustedes lo saben, pidiendo justicia y prevención para las víctimas de la violencia de género, tengo también que romper una lanza para estas víctimas de la venganza de género, que no salen en ninguna estadística, que yacen en los rincones de la sociedad, que se están suicidando a puñados, cuya existencia es sistemáticamente negada o silenciada por la venerable Asociación de Mujeres Juristas Themis, entre otros colectivos.

Y que agradezco a juezas y jueces que levanten la voz y lo digan, que nos hemos pasado algunos pueblos, y que entre 0º y 180º está 90º, u otras posibilidades. Y que, silenciosamente, están actuando. Y que los nuevos padres, no son los de hace treinta años. Y se va imponiendo la custodia compartida. Y se hacen públicos los datos: la desproporción entre el número de denuncias y el número de condenas. Y se oyen otras voces. Como la de los abuelos paternos, condenados para siempre a no ver a sus nietos, porque la otra parte así lo dispone. Y por fin, la reciente sentencia del Supremo: que tras el divorcio, la vivienda - y por tanto, la hipoteca - son gananciales, y se reparten al 50%. Cálculos que sin duda tendrán en cuenta las avezadas aguilillas cuando, en sus charlas de café con otras - mediando la abogada de turno -, se planteen la hartura que tienen de sus respectivos y la manera rápida y más provechosa de pegarles la patada.

En fin, que igual algún día me animo y escribo una novela sobre el particular. Es un excelente filón... ¿No les parece? Por lo pronto les dejo otra - me han dicho que entretenida - sobre los avatares de un médico entre las mentiras lisonjeras de la industria farmacéutica y las intimidaciones de la gestión sanitaria. E-book gratis:
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