K.O.L. Líder de Opinión: un relato ágil y despiadado para explorar la cara oculta de la medicina contemporánea. Encárgala en cualquier librería con título, autor (Federico Relimpio), editorial (Anantes) e ISBN: 978-84-939770-8-5

miércoles, 13 de abril de 2011

Lo que sé del copago.

Sé que no sé casi nada. Que sé muy pocas cosas, pero que algo voy sabiendo. Sé, por ejemplo, que es una palabra maldita, que muchos pronuncian en voz baja, pero casi nadie se atreve a pronunciar en público y el que lo hace, queda desmentido o descalificado de inmediato, especialmente si es alguien en el organigrama de un partido político. Sé que muchos dicen: "Fu, fu! Bicho! Germen de insolidaridad y egoísmo!" Y no sé si les falta razón o no, la verdad, que cortas son mis entendederas.

Pero sé, por ejemplo, que por ahí arriba, en Europa - nosotros aún no lo somos - lo tienen, y no se le caen los anillos. Lo tienen incluso los suecos, los inventores del sistema. Lo tienen según qué, para esto o para lo otro. En los sesudos análisis de sistemas que hacen de cuando en cuando, el mejor es de los holandeses, que es un modelo de aseguramiento reembolsado por el estado, como los franceses y alemanes. No tiene nada que ver, luego van los daneses, cuyo sistema es parecido al nuestro, pero mucho mejor - con más dinero, menos gente, más organización y más sesera -. Sé también que esto del copago es como lo del tótem o del tabú de Freud: en un país tan peculiar como el nuestro, acostumbrados a lo que estamos en materia sanitaria, es fácil invocar copago e imaginar todos los males posibles. También es posible pensar que con un mínimo copago lo vamos a arreglar todo, cuando en absoluto es verdad: sería preciso decir copagar qué, cuánto, en qué proporción, quiénes, cuándo y por qué. Tal vez demasiado complejo para un país poco proclive a pensar y muy dado a chillar. Estamos copagando la receta verde de toda la vida mientras que, por inercia, pensionistas tal vez adinerados no copagan nada y nadie alza la voz. Así es España, señor, que faz os homens e os gasta...

Para los denostadores de la palabra, saquen pues la calculadora y apórtenseles cifras concretas: UCIs, estancias, resonancias, quimioterapias y modernísimas farmacologías, sepan sus mercedes que el país envejece y engorda a la vez, y remiso es a dejar alcohol y tabaco; las masas de jubilad@s y enferm@s crecen, sus supervivencias - afortunadamente - se alargan y, en la base, tenemos poca demografía, y la que hay es estragada por una pavorosa crisis económica que la machaca con lo que parece un desempleo crónico, que ama a este país por encima de todas las cosas y ha venido para quedarse muchos años, con el PP o el PSOE - que ambos gustan de populismos y disgustan de recortes impopulares -. Y que sepan además que el sufrido obrero de la profesión médica hace seis años tenía el sueldo del albañil, y ahora el albañil esta parado y el sueldo del médico está recortado. No pidan pues a éste más ideales ni virguerías, que hace tiempo que al estirarse por la gestión, el alma se le hizo carbón: demasiado que un día de dos les atiende con corrección.

En fin, que ya les dejo, madres, padres, ciudadanos que son. Que vayan planteándose que si sus atestadas puertas de urgencias se llenan a las nueve de la mañana y se vacían cuando hay partido, será que las testas que las pueblan podrían esperar mejor ocasión... ¿No? Y que si los empetados consultorios de primaria dan a veces impresión de ser hogar bis del pensionista, digo yo que sus añosas señorías podrían encontrar mejor destino para sus paseos matutinos... Que a estas alturas pareceré ya chusco, pero que a falta de evidencia de más sólida base científica, comienza a existir un sentir extendido de que ciertos colectivos abusan de servicios esenciales cuando se prestan en condiciones de absoluta gratuidad, y de que la impopularidad de tomar la más mínima medida al respecto - cuando ello es moneda común en países de otro acervo - puede llevar a nuestro país a una situación difícil en lo económico y que, cuando tengan que tomarse las medidas necesarias, sean éstas de tal magnitud y tal crudeza que entonces tengan que caer bruscamente estándares y banderas y pagar justos por pecadores.

Que algún día me sentiré con valor y fuerzas de escribir algo más atinado o más profundo sobre ello. Por lo pronto les voy a dejar con mi novela (e-Book gratis) de la profesión médica, presionada entre los engaños de la industria farmacéutica y las presiones de la gestión sanitaria: http://www.bubok.es/libro/detalles/197444/KOL-Lider-de-Opinion

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